sábado, 7 de mayo de 2016

Ixcanul. Realidad indígena expuesta al mundo






 
Dirección y guion: Jayro Bustamante
Cinematografía: Luis Armando Arteaga
Edición: César Díaz
Dirección de arte: Pilar Peredo


Elenco:

María Mercedes Coroy como María
María Telón como Juana
Manuel Antún como Manuel
Justo Lorenzo como Ignacio
Marvin Coroy como Pepe


Una joven de semblante serio observa hacia la cámara, su mirada penetra en el espectador, el primer plano se mantiene varios segundos y ella no cambia su gesto, no dice nada, pero a la vez cuenta toda su vida, está ahí, en lo profundo de sus ojos que reflejan ese mundo exterior del que solo se escuchan sonidos de campo y del que ella es víctima.

La joven se llama María (María Mercedes Coroy), su madre le está vistiendo para recibir a su prometido. Entre ambas han cocinado un almuerzo que forzará una unión; el novio y su familia llegan, todos beben, comen y ríen, pero María sigue con su inexpresividad que abarca todo el encuadre.

La primera parte de Ixcanul (volcán en la lengua maya cakchiquel), primer largometraje del guatemalteco Jayro Bustamante, explora con movimientos lentos de cámara el mundo en el que vive María junto a sus padres, Juana (María Telón) y Manuel (Manuel Antún). Indígenas mayas que trabajan en las plantaciones de café, en las faldas del volcán Pacaya a unos 47.5 km de la Ciudad de Guatemala.

La historia es una etnografía visual en movimiento de las condiciones de vida de los indígenas mayas, sus costumbres, trabajo, vicios y obligaciones. Con ritmo descriptivo Bustamante intercala planos abiertos con los que contextualiza al espectador sobre el espacio en el que se desarrollan los hechos, con primeros planos que introducen los elementos narrativos: la búsqueda de María para huir de su destino y tener control sobre su cuerpo.

Con interés inquisitivo la joven de 17 años observa a unos cerdos copular, su inminente matrimonio con el capataz de la finca implica una sentencia para su virginidad. En medio del conflicto está Pepe (Marvin Coroy) un joven trabajador con problemas de alcoholismo. María transgredirá, por primera vez, la tradición y leyes de su pueblo con el joven, como un intercambio para que él la lleve hacia los Estados Unidos, un sueño tan imposible como ingenuo.

Entre las muchas virtudes de la película, destaca la sencillez con la que Bustamante va desarrollando el argumento, que para nada es simple. Una puesta en escena minimalista que aprovecha los asentamientos naturales al igual que los sonidos, no hay banda sonora, para meter de lleno al espectador en una historia apabullante, que cada vez se torna más compleja y más decidida a erigirse como canto de denuncia contra la opresión del indígena, la situación de vulnerabilidad de las mujeres y la inoperancia de un sistema político que los ha abandonado.

Todas estas intenciones se resuelven desde lo simbólico, partiendo de diferentes elementos naturales con los que se explican los estados internos de los personajes y la relación de estos con el espacio, tanto el inmediato, la finca y los alrededores del volcán, como con la ciudad, que durante toda la primera parte está fuera de campo, pero presente en las ilusiones de María y Pepe.

El volcán es omnipresente, sea a través de planos que muestran su imponente tamaño frente a las personas, o con ese maravilloso diseño sonoro que transforma retumbos en una especie de murmullos que atraviesan los cielos para hacer recordar su presencia. En otros momentos parece que emite rugidos de atención: vigila y acecha lo que María hace.

Tierra y polvo también están presentes, los ennegrecidos alrededores del volcán, los polvorientos caminos por donde pasan trabajadores con la leña o donde yace una vaca. La tierra que escarba María, su segunda transgresión, que revelará el terrible crimen que se le cometió.

El viento que agita ramas cual presagio de los eventos que van a sucederse, o el humo que esconde rostros, y navega por el aire, metáfora de la confusión interna de la protagonista.

En otras secuencias es el fuego que se hace presente, agitación y miedo se convierten en un incendio tan devorador como ineficiente, el volcán ha dictaminado el destino de María. O al menos así lo interpretan, el sincretismo de creencias es otra constante: guiados por un líder espiritual, practicando costumbres ancestrales, entonando cánticos católicos o confiando en los productos que vienen de Estados Unidos.

Si la cámara captura la belleza del paisaje, el montaje y guion permiten adentrarse en el drama social que día a día viven los indígenas, marginados en su propio país, con ausencia de las condiciones básicas de salubridad.

Con una sutileza pasmosa, considerando que es una ópera prima, Bustamante va cargando de capas el filme, haciendo de Ixcanul un monumental testamento que retrata las injusticias y desidia contra los indígenas.

A manera de premonición, una enfermera llega a hacer un censo al hogar de María, pronto se descubre la barrera del idioma que presagia lo que vendrá.

Conforme las acciones se trasladan a la ciudad, el ritmo se acelera. En un estupendo plano secuencia, con cámara al hombro, se filma una vertiginosa acción, padre y madre corren por las calles de Ciudad de Guatemala, buscando llevar a su hija al hospital tras ser atacada por una serpiente.

El choque de tradiciones e ideologías es evidente a lo largo del filme, no solo entre los habitantes de la ciudad y los indígenas, sino también entre hombres y mujeres. El mundo patriarcal se vive como un encierro, en el que una mujer no decide con quién casarse o no tiene autonomía sobre su cuerpo.

El contraste femenino, está en la relación entre madre e hija y en esas hipnotizadoras escenas dentro de un temascal, en la que ambas mujeres cumplen rituales milenarios, desnudas, libres de toda impureza del hombre y de la ciudad, unidas en sentimiento.

Ixcanul le muestra al mundo entero una realidad guatemalteca, cuyas autoridades no pueden seguir ignorando. En años recientes se modificó la ley sobre adopción de menores, y en el 2015 se reformuló la ley para impedir que jóvenes adolescentes se casen, la nueva edad quedó fijada en los 18 años. Cambiar la mentalidad patriarcal y machista, va a costar más tiempo y más leyes, pero sin duda es algo en el que todos deberán trabajar.

María Telón, Jayro Bustamente y María Mercedes Coroy. Ixcanul ganó el Oso de Plata en la Berlinale


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