lunes, 29 de febrero de 2016

Ícaros: un viaje mitológico hacia la paz





Ícaros. (Costa Rica, Francia, México, 2015). Dirección, guion, fotografía y edición: Pedro González-Rubio. Música: Héctor Ruiz y Raph Duna. 53 min. Sección en competencia: Ahora México.

Después de realizar Alamar (2009) e Inori (2012), el director mexicano regresa a Costa Rica donde había conocido a Marcel, un español que había dejado su país para no entrar a la milicia y en una especie de viaje iniciático llega al país centroamericano que no tiene ejército. González-Rubio conoció a Marcel y quedó maravillado con su imagen quijotesca y años después decide filmar esta historia, donde contó con la colaboración de Pacífica Grey y de Natalia Cartín.

Sin embargo, Ícaros dista de ser una película tradicional, con lógica aristotélica y tiempos marcados. El director ofrece un cine ensayo con el tema que le apasiona: la interacción entre el ser humano y la naturaleza.

Para ello se vale de una puesta en escena minimalista, sumergida en el bosque costarricense como si fuera una experiencia fenomenológica, un intento antropológico por mostrar la vida de este Quijote y de un grupo de turistas que se suman a su estilo de vida.

El realizador fue explícito en indicar que el filme no es un documental, sin embargo, la fotografía y elección de planos así lo hacen ver. En su intento por hacer un filme onírico, se pierde entre la intención y el resultado final. La película cobra otro significado cuando el director la comentó, pero esas explicaciones no son palpables en el mediometraje.

Se buscaba crear un relato mitológico y su relación con la manera en que Marcel siente la vida, para ello hay una intencional ausencia de diálogo y un manejo del tiempo del plano en el que el espectador tendrá una especie de “ceremonia de iniciación” al igual que las turistas. Tampoco hay una estructura narrativa qué seguir, se trata de diferentes momentos, unos más hermosos y oníricos que otros. Ideas sueltas que fueron saliendo al momento del rodaje y que fueron amalgamándose en el resultado final, una suerte de collage ensayístico.

Filmada con varios planos estáticos, dotados de movimientos por elementos naturales (fuego, humo, agua), la cámara sigue por momentos a los personajes desde la distancia, como si fuera un ejercicio de observación del propio director más que del espectador.

Mediante un montaje sugerente, hay algunas referencias al mundo que dejó Marcel, una mujer en una estación de trenes, con su bullicio y vida acelerada, contrasta con la paz que siente el protagonista en su hábitat natural. Este juego de espacios busca reflexionar sobre lo que no se ve en el filme: ese tránsito de un mundo a otro y sus consecuencias.

El amor que siente el director por Marcel y su historia puede gustar a cierto público, se agradece su interés estético en romper con lineamientos hegemónicos de cómo debe ser un filme, sin embargo, queda la sensación de que el ensayo quedó inconcluso, le faltó algo para conjuntar todas las piezas, en su intención por mostrar escenarios, la película queda más en una propuesta plástica y no como la historia mitológica que pretendía ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Por favor indicar nombre y país de residencia cuando dejen un comentario. Los anónimos se borrarán. Si te gusta lo que leíste suscríbete al blog.