jueves, 7 de enero de 2016

El crítico y el cine de autor





Cuarta parte del decálogo del buen crítico cinematográfico: El crítico y el cine de autor.

Por Kattia Barrientos 


El cine de autor es la trasgresión razonada de los lenguajes formales del cine con un fin estético, se le llama “de autor” justamente porque la visión/postura del director forma parte fundamental del contexto dentro del cual fue concebida la película.

En este momento se preguntarán de dónde sale o quién hizo esta definición, pues como recordarán yo vengo de la academia donde además de muchas cosas “académicas” se aprenden cosas útiles como sintetizar discusiones de años en conceptos igual de complicados pero al menos manejables.

Antes de seguir me permito repasar un poco lo que nos ha traído hasta aquí: primero establecimos que un crítico debe crear diálogos, dejar sus prejuicios y saber la diferencia entre crítica y reseña, sin embargo, ¿cómo se prepara un buen crítico para enfrentarse al cine de autor? Y no, no confíen en un crítico que afirma solo ver este tipo de cine porque como ya aprendimos: está hablando desde sus prejuicios donde “todo lo demás es comercial”.

¿Y por qué afirmo lo anterior? Porque realmente no es simple enfrentarse al cine de autor, tanto por el momento y circunstancias donde uno ve la película como por la película en sí. Vamos al ejemplo seleccionado para esta cuarta entrega: Tabú (2012) del director invitado de honor del Festival, Miguel Gomes.

Hablemos de las circunstancias: tercera película de un viernes de festival, entiéndase he visto dos películas seguidas sin descanso entre una y otra y ahora voy a ver una a blanco y negro a las 6:30 pm y ya tengo hambre… Como las imágenes siempre ayudan más a enfatizar, aquí les comparto el prólogo del filme (pueden activar abajo los subtítulos en portugués):


Sí, yo también dije ok, pero hablemos de la película en sí. Este filme está dividido en tres partes: primero el prólogo; en seguida Paraíso perdido donde se cuenta la historia de Pilar, una mujer de mediana edad, católica ferviente y militante social quien busca ayudar a todos a su alrededor y por eso vive pendiente de su vecina Aurora, una anciana extrovertida con problemas de juego a cargo de su criada negra Santa, esta última le pide a Pilar cumplir el último deseo de su ama: buscar a Gian-Luca Ventura; así, la tercera parte Paraíso es la narración de Gian-Luca sobre la vida de Aurora en su finca africana a orillas del monte Tabú.  

Ahora, ¿por qué este filme es considerado de autor? La estructura tan marcada en capítulos o partes no es precisamente una trasgresión al lenguaje formal, sin embargo, el cómo está narrada cada parte y el conjunto que conforman sí lo es. Como se pudo ver en el video, el prólogo  es una narración poética  sobre una leyenda de un explorador que se suicida entrando a un río para ser devorado por un cocodrilo luego de una decepción amorosa, tiempo después los lugareños afirman ver una mujer “de otra época” esperando triste junto al cocodrilo. Esta primera parte se hace por medio del voice in off: cuando un narrador externo cuenta o comenta al respecto de lo que se muestra en pantalla.

Empero, Paraíso perdido sigue los lenguajes tradicionales del cine donde hay personajes con un conflicto más delimitado y estos interactúan por medio de diálogos a lo largo de varias escenas. Así vamos conociendo a Pilar y su constante preocupación por la situación de su vecina Aurora, una mujer muy mayor que debido a su adicción al juego se gasta todo el dinero que su hija le envía y por eso su criada Santa debe ingeniárselas para cuidarla, sin embargo, Aurora desconfía de Santa por ser negra y afirma que ella la ha embrujado para atormentarla por sus crímenes pasados. Santa y Pilar se dan cuenta de lo mal que está Aurora debido a que les insiste en que tengan cuidado con el cocodrilo, pues se escapa para irse donde Ventura.

Finalmente y por pedido de Santa como última voluntad de su ama, Pilar encuentra a Ventura y es él quien les cuenta la vida de Aurora en África. Esta última parte, está contada por medio del flashback, es decir, una regresión en el tiempo cronológico en el cual se están narrando los hechos. Asimismo, Gomes recurre nuevamente al voice in off para hacer de esta última parte la más transgresora de los lenguajes convencionales fílmicos, pues todo el episodio carece de diálogos: mientras la pantalla nos muestra un filme mudo donde los actores no se hablan entre sí, el audio corresponde a Ventura contando la niñez y juventud de Aurora hasta el momento en que él llegó a África y ambos se conocieron debido al escape del cocodrilo de ella y la aparición en su casa, su voz es interrumpida en ocasiones para dar paso a la de Aurora.

Aquí Gomes realiza un magnífico trabajo poniendo a ambos personajes a dialogar entre sí sin hablarse nunca en escena: las imágenes continúan y los espectadores terminamos absortos escuchando las cartas que se mandaban entre sí Aurora y Ventura, cada carta narrada por su respectivo remitente mientras vemos otras acciones en pantalla.

De esta forma, si bien cada parte está construida de manera distinta, el conjunto resulta armonioso debido justamente a la postura de Gomes de replantearse las formas de narrar el cine. Tal y como él mismo afirma, el cine necesita romper las reglas estúpidas pre-establecidas y su intención como director es crear sus propias reglas estúpidas pero al menos suyas para hacer su cine. En el caso de Tabú el elemento de unión de las tres partes es el cocodrilo: símbolo de muerte, fecundidad, crueldad y tradicionalmente representa la naturaleza viciosa.

Ahora bien, llega el momento de confesar que generalmente para hacer una crítica de cine de autor conviene ver la película un par de veces al menos, justo por lo que mencionaba del contexto y el filme en sí. Y sí, mi videoteca mental no alcanzó a retener todos los detalles de Tabú, tanto porque fue mi tercer película de viernes como porque fue primer viernes de toda una semana de festival por lo que sí, repasé el filme para hacer este texto y para comentar el último aspecto que mencioné sobre este tipo de cine.

Inicialmente establecimos que es de autor justo porque la postura o visión del director forma parte fundamental del contexto de la película, en este caso ya mencionamos que el cine de Gomes generalmente tiende a romper el lenguaje narrativo formal debido a su postura estética de buscar nuevas formas de narrar sus historias, no obstante, a esto también tenemos que agregarle que Tabú es una relectura de Gomes sobre la película silente Tabú (1931) del director alemán F.W. Murnau (1888-1931), sí es el mismo del Nosferatu (1922).

Tabú fue la última película de Murnau, es un docuficción mudo a blanco y negro ambientado en Bora Bora y dividido en dos partes: Paraíso y Paraíso perdido, donde la primera cuenta la historia de amor de una pareja en la paradisíaca isla y la segunda su escape de la isla a la civilización con sus intentos por adaptarse a esa sociedad.

Claro está, con este detalle adicional de contexto se abren dos líneas de análisis para el  Tabú de Gomes: por un lado si sus decisiones estéticas narrativas funcionan dentro de su planteamiento en pantalla y, por otro, una discusión sobre el resultado de su relectura de Tabú de Murnau.

Y esto último es de suma importancia para analizar el cine de autor, pues al tener un panorama completo del contexto es más fácil enfrentarse al filme porque es importante destacar y aclarar que no toda trasgresión a los lenguajes es cine de autor, por eso la definición incluye el razonada con un fin estético porque esa alteración debe justificarse en pantalla, en otras palabras, si funciona o no dentro del argumento propuesto por el mismo autor.

Para el caso de Gomes es claro que Tabú en conjunto resulta una puesta en pantalla muy bien lograda justo por las diferencias de cada parte, lo cual hace que el espectador se aproxime a cada historia de maneras muy distintas pero permitiéndole conclusiones “globales”, por así decirlo, de la historia general. 

No olviden etiquetarme con mi perfil personal de Facebook (Kattia Barrientos), que la pausa en las publicaciones fue porque los cinéfilos también vacacionamos, irónicamente lo hacemos viendo cine, pero al menos yo añado tamales durante las fiestas.




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