sábado, 30 de enero de 2016

Carol: una cláusula de moralidad



Título original: Carol
Reino Unido-EE.UU., 2015. Color
Director: Todd Haynes
Guion: Phyllis Nagy
Basada en la novela "The price of salt" de Patricia Highsmith
Cinematografía: Edward Lachman
Edición: Affonso Gonçalves
Diseño de produccón: Judy Becker
Dirección de arte: Jesse Rosenthal
Música: Carter Burwell
Diseño de vestuario: Sandy Powell
Duración: 118 minutos


Elenco

Cate Blanchett como Carol Aird
Rooney mara como Therese Belivet
Kyle Chandler como Harge Aird
Sarah Paulson como Abby Gerhard
Jake Lacy como Richard Semco



Dos mujeres se encuentran hablando, están sentadas, compartiendo una taza de té en un lujoso salón, de pronto un hombre llega y saluda a una de ellas que ha reconocido; de inmediato, la otra mujer guarda sus cosas y se despide, al levantarse de su silla, le coloca la mano en el hombro a su acompañante, se percibe una ligera presión, se despide del hombre y se va. 

La película continúa y el momento queda grabado en la memoria, se ha comunicado tanto en tan solo una escena. Hacia el último tercio del filme, el director vuelve a mostrarnos la escena, el contexto ha cambiado ligeramente, el espectador ahora tiene mayor conocimiento de quiénes son esas dos mujeres: Carol (Cate Blanchett) y Therese (Rooney Mara). La escena prosigue donde antes fue interrumpida, se ve a Therese entrar al baño y lavarse la cara, luego en un auto, la cámara muestra un plano desenfocado, ella ve la calle desde el interior del automóvil, corte y otro plano capta el rostro de Therese desde fuera del vehículo, gotas de lluvia como lágrimas bajan por la ventanilla...


El cine consiste en una idea y una emoción, dice Mark Cousins, crítico de cine británico, y vaya que Carol transmite emociones. El filme es un elogio hecho imagen del sentimiento puro, dos mujeres que se aman en una Nueva York en los años 50 que no entiende una relación de ese tipo. Lamentablemente, en la actualidad muchas personas son incapaces de entenderlo, ven con un odio injustificado la expresión más sincera entre dos seres humanos.

Para contrarrestar esos prejuicios, el director Todd Haynes crea una película desbordante en miradas cómplices, con dos actrices en un estado superlativo que son capaces de transmitir una cantidad de sentimientos con solo mirarse, con volverse hacia la cámara. El espectador que se deje seducir se olvidará de etiquetas de géneros y contemplará algo muy poco visto en el cine: la emoción esculpida en una imagen a través del tiempo.

Filmada en 16 mm y trasladada a 35 mm mediante lo que se conoce como blow-up (el formato se amplía hasta alcanzar el tamaño estándar de los proyectores), la película destaca visualmente por un grano que la tecnología digital ha querido hacer olvidar, pero que recuerda la fotografía como un arte y se amalgama a la perfección con la época representada, junto a la magnífica dirección de arte y vestuario que evocan unos años 50 tan eclécticos: mezcla de lo tradicional con lo subversivo.

La postura moral del director con respecto a la obra queda retratada a la perfección en la escena en que las mujeres se conocen. Therese trabaja en una tienda de departamentos, vende muñecas, todo un símbolo de la dominación patriarcal a través de los juegos que regulan los roles sociales según el sexo; Carol se encuentra buscando un regalo para su hija, pero en vez de una muñeca termina comprando un tren.

Esa ruptura de lo heteronormativo se yuxtapone con la actitud de la mayoría de personajes secundarios, quienes representan la tradicionalidad de la sociedad: la composición separa a la pareja constantemente mediante la presencia de algún hombre. En otros momentos, la cámara reencuadra a las protagonistas mediante ventanas o los marcos de alguna puerta, intensificando la concentración sobre lo que sucede en la escena: por ejemplo cuando Carol llega a la casa de Therese.

La composición visual del filme está inspirada en los trabajos fotográficos de Saul Leiter y Vivian Maier. El primero se caracterizó por sus fotos de escenas cotidianas y urbanas, en la que la ambientación era saturada por una serie de capas que dejaban ver algún objeto o persona a través de alguna ventana, produciendo un efecto borroso en la imagen

Fotograma de "Carol" en el que se aprecia a las protagonistas a través de una ventana creando un efecto borroso

Saul Leiter, "Carol Brown", Harper's Bazaar
La influencia que tiene Leiter en el trabajo fotográfico del filme también se aprecia en las escenas en las que el cuadro simula ser una "esfera de nieve", creando junto con el ritmo pausado y la hermosa música de Carter Burwell, una especie de ensoñación:

Fotograma de "Carol" en la que Therese (Rooney Mara) sale de un vehículo mientras la nieve cae suavemente
Saul Leiter, "Postmen", 1952. Howard Greenberg Gallery, New York

La obra de Maier consiste principalmente en fotos de personas y de la arquitectura de las ciudades en las que vivió, principalmente Nueva York y Chicago. Los personajes del filme son como una extensión de la obra de Maier, incluso el paralelismo entre ella y la coprotagonista Therese: ambas fotógrafas aficionadas.

Therese tiene hambre de mundo, ella indica que "nunca dice no", su voracidad de nuevas experiencia se traduce en la avidez con la que saca fotos. La sofisticación de Carol le seduce, le atrapa. Rooney Mara recuerda la fragilidad y elegancia que proyectaba Audrey Hepburn, mientras que Blanchett es más expansiva, la cámara se rinde ante ella, dotando a los pequeños objetos de un gran significado. Cuando se vuelven a encontrar, Therese ha madurado, su mirada ha cambiado, pero el deseo no...

La escena final recuerda que la película se basa en una novela de Patricia Highsmith: la tensión y el suspenso mantienen al espectador hipnotizado, aguantando la respiración, emocionándose con cada segundo, embriagado de tantas sensaciones.

Ficción y realidad se mezclan en la obra de Highsmith, la inspiración para su novela vino al conocer a una mujer en la navidad de 1948 en Nueva York, cuando trabajaba en Bloomingdale (Manhattan). La futura novelista quedó impresionada con ese encuentro y en la noche escribió 80 páginas de la que llegaría a ser la novela "The price of salt". Para el personaje de Carol, Highsmith se basó también en una ex amante: Virginia Kent Catherwood, una mujer de clase alta de Filadelfia que había perdido la custodia de su hija por ser lesbiana. En el juicio se usaron cintas de audio grabadas en la habitación de un hotel... Las cláusulas de moralidad se siguen utilizando para negar derechos humanos.

Patricia Highsmith


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