lunes, 29 de junio de 2015

Paseando con cronopios





"Si todavía los cronopios (esos verdes, erizados, húmedos objetos) anduvieran por las calles, se podría evitarlos con un saludo: - Buenas salenas cronopios cronopios"
(Julio Cortázar. "Historias de cronopios y de famas")


El cine en ocasiones se convierte en el campo de experimentación de grandes imaginadores, otras veces busca recrear mundos e historias ya descritas, ya pensadas. Pero también llega a representar aquello de lo que no tenía intención, pero el espectador se la da; esa es la maravillosa experiencia de vivir cine.

Cuando en 1962 un hombre alto, de barba, con una debilidad por los gatos y los monstruos (esos grandes incomprendidos),  publicó un libro de cuentos, surrealista y poético, poco pensaba -o tal vez sí-, que esos seres verdes y húmedos podían ser llevados al cine. Probablemente si han leído ese libro, no se imaginen cómo es que existen cronopios cinematográficos, pero la ventaja es que los directores de las películas que se presentarán tampoco lo sabían. Ese hombre fabulador era Julio Cortázar (1914-1984) y su texto es una excusa para bailar catala y tregua e invitar a esperanzas y famas a un convivio cinéfilo.

Durante el mes de julio, Vivecinescrupulos quiere recordar la obra del otro Julio, por lo que propone un itinerario en el que el público vaya PASEANDO CON CRONOPIOS, del puerto de Le Havre a la isla de Cuba; de las calles italianas a las casas suecas. Personajes que disfrutan de la vida, otros que la sufren, algunos se aventurarán en lo desconocido buscando vivir algo nuevo, otros evitarán cualquier situación fuera de lo común, pero todos comparten en un mundo absurdo y extraño. La pregunta entonces es: ¿Cómo se sentirá el espectador, sensible e idealista como un cronopio; acaso formal y pretencioso como un fama, o, tal vez, aburrido como una esperanza?

El taller de apreciación está pensado como un manual de instrucciones, en el que sin importar lo raro que sean las ocupaciones de los asistentes, todos puedan disfrutar del material cinematográfico.

La cita serán los sábados de julio en el Museo Joaquín García Monge en Desamparados, el valor por persona y por día será de ¢2000. Tras la finalización de cada filme habrá un espacio de foro en el que se explicarán elementos cinematográficos y los asistentes podrán compartir sus impresiones o hacer preguntas.




Sábado 04 de julio (6:30 pm)

Luces de variedad




Directores: Federico Fellini y Alberto Lattuada 
Italia, 1950, 97 minutos
Para mayores de 12 años



Sinopsis: Narra las diferentes vivencias de un grupo de artistas de un local de variedades: amores, infidelidades, traiciones. Lily (Carla Del Poggio) es una joven bella y con talento, aunque algo torpe y ambiciosa, que se une a una compañía de teatro ambulante, dirigida por Checco Dal Monte (Peppino De Filippo), un caballero que roza ya la senectud. Pronto, Checco se siente atraído por Lily y él le asegura que le ayudará a triunfar como actriz.



Sábado 11 de julio (4:00 pm)

Le Havre


Director: Aki Kaurismäki
Finlandia-Francia, 2011, minutos
Para mayores de 12 años

Sinopsis: Marcel Marx, famoso escritor bohemio, se ha exiliado voluntariamente y se ha establecido en la ciudad portuaria de Le Havre (Francia), donde vive satisfecho trabajando como limpiabotas, porque así se siente más cerca de la gente. Tras renunciar a sus ambiciones literarias, su vida se desarrolla sin sobresaltos entre el bar de la esquina, su trabajo y su mujer Arletty; pero, cuando se cruza en su camino un niño negro inmigrante, tendrá que luchar contra los fríos y ciegos mecanismos del Estado, armado únicamente con su optimismo y con la incondicional solidaridad de los vecinos del barrio, para evitar que su protegido caiga en manos de la policía.



Sábado 18 de julio (6:30 pm)

La vida es silbar


Director: Fernando Pérez
Cuba, 1998, 100 minutos
Para mayores de 15

Sinopsis: Bebé, una muchacha de 18 años, es feliz y no entiende por qué los demás no lo son. Ella relata las historias de Mariana, Julia y Elpidio, tres personajes que no son felices en La Habana de fin de siglo. Mariana es una joven bailarina que por conseguir el papel de Giselle promete a Dios no acostarse con ningún hombre. La pasión de Julia es hacer el bien a los demás y los animales hasta que un día comienza a padecer extraños desmayos. Elpidio es un joven mulato músico que fue abandonado por su madre y se pregunta por el futuro de Cuba.



Sábado 25 de julio (6:30 pm)

La comedia de la vida


Director: Roy Andersson
Suecia, 2007, 90 minutos
Para mayores de 15 años

Sinopsis: Todos los seres humanos tenemos momentos de grandeza y de miseria. En función de lo que nos va llegando tomamos una actitud diferente, pero siempre necesitamos a los demás para vivir. Esta es una comedia trágica sobre el hombre en estado puro, sus comportamientos en sociedad, sus pensamientos, sus preocupaciones, y sus deseos de amar y ser amado. Una galería de personajes recurrentes desfila por situaciones cotidianas, a veces surrealistas, para mostrarnos su particular filosofía ante la vida.




sábado, 27 de junio de 2015

Intensa mente: dos filmes que tratan de ser uno

 



Título original: Inside out. EE.UU. (2015). Color
Director: Pete Docter y Ronaldo del Carmen
Guion: Meg LeFauve, Josh Cooley, Pete Docter, basados en la historia de Ronaldo del Carmen y Pete Docter. Diálogos adicionales de Amy Poehler y Bill Hader
Montaje: Kevin Nolting
Música: Michael Giacchino
Diseño de producción: Ralph Eggleston
Coordinador de animación: Claire Faggioli
Duración: 94 min

Elenco de voces

Amy Poehler como Alegría
Phyllis Smith como Tristeza
Bill Hader como Miedo
Lewis Black como Ira
Mindy Kaling como Desagrado
Kaitlyn Dias como Riley
Diane Lane como la madre
Kyle MacLachlan como el padre
Richard Kind como Bing Bong





La última producción de los estudios Pixar-Disney es un proyecto ambicioso que busca con una sola narrativa agradar a dos públicos diferentes, el infantil que se verá seducido por los agradables muñequitos y sus vaivenes, reirá sus ocurrencias y gozará con la sencillez de la historia. Sin embargo, para los más grandes, esa historia es algo más complicada, esto porque la trama plantea su desarrollo en el interior de la cabeza de una niña cuyas emociones se debaten entre lo mejor que pueden hacer para su recipiente humano. La idea no es tan original, durante 1991 a 1994, por tres temporadas se transmitió el programa televisivo Herman's head en el que el protagonista lidiaba con sus obligaciones diarias a la vez que veíamos el debate interno entre sus diferentes pensamientos

Para evitar un derrumbe argumentativo los guionistas plantean tres protagonistas y no una. Riley, una niña que crece en Minnesota con sus padres y que se trasladan a San Francisco; en ella habitan una serie de emociones que tienen, por decirlo de alguna manera, vida propia: Alegría, Tristeza, Ira, Desagrado y Miedo. Las dos primeras son las que más aparecen en pantalla y se convierten en protagonistas por derecho propio, su historia incluso llega a ser más importante que la de la niña, aunque están relacionadas. Esta ambigüedad es la que no pudieron eludir los escritores, puesto que el desarrollo se vuelve artificioso y el resultado es que se tienen dos películas, con sus respectivos personajes y subtramas.

El montaje termina distanciando la aparición de Riley con la respectiva reacción de sus emociones, por lo que se pierde por momentos una lógica temporal de causa-efecto. Así, se pasa de una muy buena escena en la que la familia está comiendo y la múltiple interacción de madre, padre e hija, así como de sus emociones es fluida; a largos segmentos en los que Tristeza y Alegría tratan de regresar al comando central del que, por accidente, fueron expulsadas.

La historia como es recurrente en las producciones de Disney, recurre al aspecto afectivo del espectador, por lo que va recurriendo a dilemas emocionales en los cuales resulta obvia la manipulación emocional, no importa si el espectador es hijo o hija, papá o mamá. En este punto se recuerdan varias escenas de filmes anteriores, como el basurero al que tiran a los juguetes en Toy Story 3 o el Baymax que se autosacrifica por el bien de su dueño en Big Hero 6; escenas prácticamente calcadas. La banda sonora tampoco es sutil y resulta empalagosa con el tratamiento del relato, vuelve a explicar lo que el espectador ya ha visto y le impone un marco moral desde el cual apreciar la película.

El estilo de animación por computadora resulta básico y esto afecta la estética del filme. Los directores optaron por diferenciar el mundo de la realidad de Riley y sus padres, del que se ubica dentro de su mente. El primero es más detallista en el dibujo de los fondos, mientras que el segundo, en el que transcurre la mayor parte del metraje, es muy simple, con carencia de sombreado y profundidad de imagen. El diseño de los personajes de las emociones tampoco es elaborado, resultan agradables a la vista, pensado para seducir la mirada infantil, pero al no tener un dibujo detallado se pierden matices, el filme recurre a los colores para enfatizar los momentos relevantes. También buscan en el 3D solventar esas carencias, por ejemplo, con el diseño de Alegría, su personaje destella un brillo que resulta efectivo con el 3D, no le dota de profundidad en términos de animación, pero sí vuelve menos estático al personaje.

Es difícil hacer un juicio con respecto a la forma humanizada que tienen las emociones; se entiende que si hubiesen optado por un dibujo más abstracto el filme perdería parte de su encanto para ciertos espectadores; pero al antropomorfizarlas inevitablemente se cae en un reduccionismo. ¿Por qué Alegría es esbelta y Tristeza gordita? ¿Por qué Ira es bajito? Si se tiene por cierta la frase de Jan Svankmajer: “Disney es el mayor corruptor de la imaginación infantil de la humanidad”, ese nivel de concreción en el trazo y diseño limita las posibilidades lúdicas e interpretativas que se puedan hacer de las emociones.

Por otra parte, el hecho de que el filme gire en torno a la expresión de los sentimientos de una niña es un hecho notable, en especial porque se plantea la importancia de cada emoción para el funcionamiento de una persona, para cada momento o circunstancia es vital el poder responder emocionalmente de forma adecuada. Tampoco hay que censurar una emoción, si se tiene es porque el organismo busca expresarse a través de la misma. También es destacable el planteamiento de que a raíz de las emociones el sujeto actúa, es decir, no tiene una base racional, sino emocional. El Cogito ergo sum está fuera de lugar en esta película.

Un aspecto que llama la atención es el hecho de que en la mente de Riley, de las cinco emociones principales, tres tienen aspecto de mujer, mientras que las otras dos, de hombre. Por el contrario, las emociones del papá se corresponden todas a figuras masculinas y las de la madre a femeninas. La madre es una ama de casa que tiene una posición más tradicionalista en el esquema de un hogar de base ideológica heteronormativa, en la que el papá es quien trabaja y mantiene económicamente a la familia. Entonces, ¿por qué Riley tiene emociones tanto femeninas como masculinas? El filme no explica nada de esto, por lo que cualquier opinión cae en el campo de la interpretación, bien podría ser que Riley es bisexual o que representa un distanciamiento generacional con respecto a sus progenitores. El filme seguramente tendrá una secuela y se podrá ver si se retoma algo de esto.

A pesar de varios momentos entretenidos, principalmente aquellos en los que resalta Tristeza; con algunas referencias cinéfilas como el guiño a Chinatown; segmentos creativos en los que muestran el universo mental de la niña, el filme divaga en su guion por momentos y tiene una animación por computadora básica. Es importante el rescate que hace de los sentimientos, pero queda la sensación de que pudo ser más propositiva, que se limitó en mostrar una historia, tanto a nivel de la construcción como del desarrollo de la misma.

La conclusión de la historia no se da por medio de la magia como si se tratase de un cuento de hadas sino como producto del desenvolvimiento emocional de la niña, en este sentido resulta más realista, en el camino se perderán cosas, así como se olvidan recuerdos, experiencias, personas, etc., ya que eso es lo que pasa cotidianamente. 




lunes, 15 de junio de 2015

Cine de animación. Del Oscar a Annecy






Cuando en el 2001, en la 74ª ceremonia de los Oscar, con la creación de una categoría para los largometrajes de animación, se podía auspiciar un futuro prometedor para el cine de animación como expresión artística proveniente de la industria del cine más importante a nivel mundial. Sin embargo, catorce años después, una mirada atenta a esta categoría revela la falta de visión de los encargados y el triste reduccionismo que sufre el cine de animación bajo el mensaje hegemónico de Hollywood.

Desde entonces, cincuenta y cuatro filmes han optado por la estatuilla dorada, catorce de ellos la han obtenido; pero solo dos, de todos los nominados, han tenido una clasificación mayor a PG[1]: Persepolis (PG13) y Chico & Rita (sin clasificar, pero cuyas escenas de desnudos y uso de alcohol le darían una clasificación de R). Cinco filmes ganadores tienen clasificación de PG y el resto son aptos para todas las audiencias. Y en este último dato puede estar la clave para que hayan ganado. Se trata de películas que cualquier niño puede ver o lo puede hacer acompañado por un adulto (PG). Queda implícito que la categoría del Oscar a mejor película de animación premia películas familiares e infantiles, ese es el criterio que inclina la balanza, incluso para obtener una nominación, dejando de lado el contenido o la elaboración artística.

En el mismo periodo, en 14 ediciones del Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy[2], se han premiado dos películas con clasificación R como las mejores del festival: Mutant Aliens de Bill Plymton y Renaissance de Christian Volckman. Además, otros seis filmes se alzaron con el máximo reconocimiento, estos no han sido clasificados en EE.UU. por la Motion Picture Association of America (MPAA), pero por su contenido tendrían una clasificación mínima de PG13. Estas películas son: The District! de Áron Gauder; Free Jimmy de Christopher Nielsen; Mary and Max de Adam Elliot; The Rabbi’s Cat de Antoine Delesvaux y Joann Sfar; Crulic: The path to beyond de Anca Damian y Rio 2096: A story of love and fury de Luiz Bolognesi.

En esas 14 ediciones, cuatro películas estadounidenses se han alzado con el Cristal de Annecy a mejor película, pero de ellas solo dos estuvieron nominadas en los Oscar y ninguna ganó. Se tratan de Mutant Aliens de Bill Plympton[3], Sita sings the blues de Nina Paley, Coraline de Henry Selick[4] y Fantastix Mr. Fox de Wes Anderson.

Otras nueve películas estuvieron seleccionadas para el Festival, de las cuales solo ParaNorman estuvo nominada al Oscar. Destaca la ausencia del director estadounidense de cine de animación más reconocido a nivel mundial, Bill Plymton, quien solo ha tenido dos nominaciones al Oscar por cortometrajes (Your face, 1988 y Guard dog, 2005); mientras su trabajo ha sido reconocido en Annecy, Cannes, Fantasporto, Sitges, Hiroshima, Ottawa, Toronto, entre otros festivales.

Otro factor que se desprende de las nominaciones por parte de la Academia, es que reducen las películas de animación a las que están hechas por computadora, con lo que apoyan a los grandes estudios y los filmes más taquilleros, pero se olvidan de los trabajos artesanales y contribuyen a volver elitista la categoría. Como promoción artística, los Oscar no ayudan a mostrar al mundo otras técnicas de animación.

Doce de las ganadoras a mejor película de animación han sido creaciones computarizadas, solo una ha ganado con la técnica de stop-motion (Wallace & Gromit: The curse of the Were-Rabbit) y una a través de animación tradicional (Spirit away).

Si se revisa al resto de nominadas se encuentra que 15 fueron realizados con animación tradicional, 7 con stop-motion, 1 con combinación de CGI y animación tradicional y 17 por animación computarizada.

Por su parte, durante la misma época, el Festival de Annecy premió 3 películas hechas con animación tradicional, 3 por medio del stop-motion, 3 por animación computarizada y 6 que usaron técnicas mixtas, entre ellas, animación flash, de recorte y acción real.[5]

Resulta más que evidente la predilección de la Academia estadounidense por los filmes a base de animación por computadora.


La historia también evidencia que no hay mucha competencia para Disney en la categoría. Curiosamente de las 14 ediciones, 9 han ido a parar a manos de la multimillonaria compañía, ya sea como productos propios o por su alianza comercial con Pixar o recientemente con Marvel Studios.

El resto de galardones se los reparten Estudios Ghibli con 1, Dreamworks con 2, uno de ellos en sociedad con Aardman Animation; la alianza entre Warner Bros. Pictures y Village Roadshow Pictures cuentan con uno y, finalmente, una coproducción de la Paramount, Nickelodeon, GK Films y Blind Wink también tiene uno.

Es comprensible que el estudio más grande de animación en el mundo dicte cuál es la tendencia en el país en el que se encuentra, siendo el Oscar un escaparate para extender su influencia hegemónica y dar validez a sus películas. Sin embargo, como se viene analizando, el Oscar a la mejor película de animación no es el mejor ejemplo de equidad ni tampoco de diversidad artística, por lo tanto, se entiende que las producciones independientes casi no sean tomadas en cuenta, tampoco aquellos trabajos que están destinados a un público más maduro o que usen diferentes técnicas de animación.

Por ejemplo, solo un filme de habla no inglesa ha ganado la categoría, Spirit Away (2001) de Hayao Miyazaki, el director japonés es también quien más nominaciones tiene, tres en total, igual que Chris Sanders, pero él no ha ganado ninguna estatuilla. Mientras que otras nueve películas han estado nominadas, muchas de ellas de mejor calidad artística y técnica que la que resultó ganadora.

Estas películas son: Les triplettes de Belleville y L’illusionniste de Sylvain Chomet; Howl’s moving castle y The wind rises de Hayao Miyazaki; Persepolis de Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud; Une vie de chat de Jean-Loup Felicioli y Alain Gagnol; Chico & Rita de Fernando Trueba; Ernest et Célestine de Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner; y The tale of the Princess Kaguya de Isao Takahata.

Francia y Japón han tenido la mayor cantidad de nominaciones, mientras que España ha tenido una. También hay que mencionar que el documental israelita de animación[6] Waltz with Bashir estuvo nominado en la categoría de largometraje documental.

Se podría argumentar cómo es que Sylvain Chomet no tiene dos Oscar por dos de las más hermosas películas de animación que se hayan filmado, pero compitió contra Disney y su maquinaria publicitaria. Mejor que no se nomine cine arte de animación que se atreve a narrar con la ausencia casi total de diálogos, al fin y al cabo, es mejor una tierna historia que emocione a la familia, y mejor si está hecha por computadora y tenga el logo de Disney. Les triplettes of Belleville y L’illusionniste, perdieron frente a Finding Nemo y Toy Story 3, respectivamente.

También se puede analizar cómo es posible que Persepolis, filme que es una exhortación a las luchas femeninas en las sociedades patriarcales, narrada bajo la mirada de una inocente niña que va madurando y creciendo en el marco de las luchas sociopolíticas de Irán y el choque cultural que vive en Occidente. Pero la Academia otorgó el Oscar a Ratatouille, la historia de un ratoncito que cocina y ayuda a un torpe aprendiz a salvar su trabajo y enamorar a una chica (obvio una chica), final feliz y fácil de digerir, la familia puede ver la película y comprar un combo para que los niños jueguen con la figura del animalito.

No hay quien falte y levante la voz diciendo que Toy Story o Ratatouille tienen mejor técnica de animación, sin embargo, ¿habrán visto la perfección de L’illusionniste en cada cuadro? O la maravillosa técnica de Miyazaki en The wind rises, en la que filma un biopic que perfectamente pudo haber sido un filme de acción real.

No se trata de que le den el Oscar a un filme extranjero y no a uno hecho por Disney, se trata de que reconozcan el mejor trabajo. La Academia tampoco quiso reconocer el excelente filme How to train your dragon, de las pocas películas estadounidenses no sexistas, que intercambia los roles de género y así, el hombre es descrito desde los sentimientos y la mujer desde la fortaleza y agilidad física. O en el caso de Coraline un ambicioso trabajo en stop-motion que contó con un director de fotografía, algo que no tuvo necesidad Up porque fue hecha por computadora. Pero claro, en Up la gente salía llorando del cine; es muy emotiva, de hecho es una gran película, pero para decir que es la mejor, hay que tener más que un buen guion. Todo eso no importa, porque la Academia solo ha premiado en toda su historia a una película de horror o suspenso como Mejor Película: The silence of the lambs (Jonathan Demme, 1991). Entonces ¿para qué pensar que Coraline merecía ganar?

Y si de técnica se trata, en las últimas dos ediciones, estuvieron nominadas dos bellas películas hechas con animación tradicional y dibujadas a mano en acuarelas. Ernest et Célestine, que obtuvo una Mención Especial en la Quincena de los Directores en el Festival de Cannes, y The tale of the Princess Kaguya, filme de apertura de la última edición del Festival de Annecy y que sirvió para otorgarle a Isao Takahata un reconocimiento por su trayectoria. La película también estuvo seleccionada en la Quincena de los Directores en la última edición de Cannes.


El filme de Takahata está basado en “La historia del cortador de bambú”, uno de los textos más antiguos que se conservan del Japón, datado alrededor del siglo X, que corresponde al periodo Heian. Es una historia que ha sido llevada al cine de acción real o de animación en varias oportunidades. Sin embargo, Takahata y el coguionista Riko Sakaguchi le dan una variante, mientras que el relato originalmente tiene un trasfondo de venganza en su última parte, la princesa al verse ofendida por el Emperador empieza a acumular cólera para castigar a los habitantes de la Tierra y de esta manera se explica que el Monte Fuji pasara de ser una montaña a ser un volcán, teniendo como resultado que cada erupción corresponde a un arrebato de cólera de Kaguya. 

En la versión más reciente, se elimina la parte de la venganza y en su lugar, Takahata le da más énfasis al empoderamiento femenino, a los vínculos familiares y a la transitoriedad de la vida, un proceso constante de cambio, a la vez que critica al patriarcado. Estos temas son una constante de los Estudios Ghibli, que se han caracterizado por su cine humanista.

Pero The tale of the Princess Kaguya no es solo una linda historia. En el cine de animación, el trazo adquiere una relevancia fundamental para expresar conceptos estéticos, igual los fondos, la paleta de colores y la originalidad del diseño artístico. Por eso cuando se ve el filme de Takahata no se puede más que maravillarse de la excelencia del mismo.

Mediante dibujos en acuarela, el director parte del minimalismo pictórico para ir creciendo en detalles, lo emocional cobra una mayor relevancia mientras el argumento avanza y la película despliega, a través de una gran narrativa, una serie de elementos que mezclan lo fantástico-mitológico con una descripción más realista del drama de la princesa.

El filme está divido en cuatro partes, enfatizando el aspecto de cambio al relacionar la estructura del relato con las estaciones del año. El cambio también lo escuchamos en la letra de la canción que recurrentemente cantan los protagonistas. Cada segmento tiene un color predominante: el verde de la naturaleza, el gris que acentúa el conflicto con el cambio de domicilio, el rojo que refleja las emociones y el blanco que simboliza la pureza de las acciones. Pero el trazo también va cambiando según lo que vive la protagonista. En un determinado momento, el filme alcanza un nivel artístico conceptual superlativo, la joven Kaguya se siente encerrada en la mansión y ante el acoso de los pretendientes (que recuerda a ‘La Odisea’ de Homero) corre dejando todo atrás, la música enfatiza el crescendo emocional, mientras el trazo se vuelve más grueso, más abstracto, reflejo del caos interno que experimenta la protagonista, quien busca retornar a su hogar de la infancia ante la silenciosa luna como testigo.

Esa maestría para presentar, elaborar y resolver el conflicto no la tiene Big Hero 6, la ganadora al Oscar de este año. La producción de Disney es agradable visualmente, no es una mala película, pero desaprovechó el profundizar más en la tragedia del protagonista y después de la media hora se convierte en un producto más de superhéroes, la trama sigue una sola dirección,  llena de efectos visuales, referencias a cómics e incluso a la cultura pop japonesa, no hay vinculaciones con la tradición literaria como en Kaguya, sino a los mechas. Big Hero 6 de seguro venderá más juguetes y objetos con la imagen de Baymax, pero difícilmente será recordada por su excelencia artística.

Estéticamente The tale of the Princess Kaguya es una obra de arte, es la conjunción de técnicas de dibujo, de animación, de narrativa, cinematográficas y musicales. Con planos que recuerdan a lo mejor de Ozu o Mizoguchi, es una oda al cine japonés, pero no es nacionalista, es una película para que la disfruten desde niños a adultos mayores de cualquier país. Con una banda sonora que resalta la belleza de la imagen, obra de Joe Hisaishi, asiduo colaborador de Hayao Miyazaki y quien compuso la banda sonora del filme ganador al Oscar de Mejor Película Extranjera, Departures (Yôjirô Takita, 2008).

Mientras que el cine de animación de otros países desarrolla una estética más personal y original, que se adecúe a la historia, ejemplo de ello lo podemos ver en otras nominadas al Oscar: The secret of Kells, Song of the sea, Chico & Rita, The Boxtrolls, Ernest et Célestine, entre otras; la falta de diversidad estética en Disney es alarmante. No para la productora, pues sigue generando ganancias, sino para el espectador que ve cómo un personaje se repite en su diseño película tras película, dejando de lado el interés artístico y solo concentrándose en que el argumento resulte agradable.

Disney hace películas para vender productos derivados de las mismas y mantener una ideología, pero no para educar artísticamente al público, ni para contemplar su cine por la imagen. Suelen mostrar superficialmente a los personajes y se concentran en atraer la mirada hacia los efectos visuales, las persecuciones, los gags cómicos y los momentos tiernos de manipulación emocional; gratas excepciones resultaron ser Wall-E y Up. Pero Big Hero 6 y la gran mayoría, incluyendo otras ganadoras al Oscar de otras compañías como Shrek y Rango, siguen la misma fórmula que se aprecia en las producciones hegemónicas hollywoodenses. Socializan al espectador con un cine de atracciones, mas no con uno en la que la conjunción estética y cinematográfica permitan un crecimiento y enriquecimiento vital para el espectador.

Las consecuencias en términos de industria del monopolio del cine de animación hecho por computadora y con temáticas simples dirigidas para un público infantil, se evidencian en la carencia de ese otro cine en salas comerciales, no se puede disfrutar de películas de animación con temáticas maduras y profundas, y con técnicas cinematográficas más depuradas en pantalla grande, salvo que se descarguen, se compren, se alquilen o haya alguna proyección especial de algún cineclub o universidad.

Entonces, ¿no sería mejor si la Academia decide que para la categoría de animación solo concursen películas estadounidenses? ¿Qué tal si se crea una categoría: Oscar a la mejor película de animación de habla no inglesa? Habría muchas candidatas, incluso podría darse el caso, como ocurre con los filmes de acción real, cuyas seleccionadas suelen tener mayores méritos artísticos y cinematográficos que aquellas que compiten por el Oscar principal, así se ahorraría tener que explicar cómo un Oscar a mejor película de animación no representa más que la miopía de los miembros de la Academia.
 


[1] Desde 1990 el sistema de clasificación de la Motion Picture Association of America es: G (general audiences), cualquiera puede ver el contenido. PG (parental guidance), algún material puede no ser apropiado para niños. PG-13, se advierte que hay contenido no apropiado para menores de 13 años; R (restricted), menores de 17 deben ser acompañados por un adulto y NC-17, se prohíbe la entrada de menores.
[2] Fundado en 1960 en la ciudad de Annecy, Francia, es el festival de animación más importante a nivel mundial. Uno de los cuatro Festivales Internacionales de Cine de Animación que patrocina la Asociación de Cine Internacional de Animación, fundada también en 1960 en Annecy Francia. Los otros son: el Festival Internacional de Cine de Animación de Ottawa; el Festival Internacional de Animación de Hiroshima y el Festival Mundial de Cine de Animación de Zagreb.
[3] Bill Plympton ganó también en 1998 con ‘I married a strange person!’
[4] Henry Selick ganó también en 1997 con ‘James and the giant peach’
[5] En el año 2009, el festival dio el Cristal a dos filmes en stop motion: Coraline y Mary y Max
[6] En realidad es una coproducción entre Israel, Alemania, Francia, EE.UU., Finlandia, Suiza, Bélgica y Australia.