viernes, 20 de febrero de 2015

Boyhood: reexperimentar la vida





Título original: Boyhood. EE.UU. (2014). Color
Director: Richard Linklater
Guion: Richard Linklater
Cinematografía: Lee Daniel y Shane Kelly
Montaje: Sandra Adair
Duración: 165 minutos


Elenco


Ellar Coltrane como Mason
Patricia Arquette como la madre
Ethan Hawke como el padre
Lorelai Linklater como Samantha


"Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine". François Truffaut

Cualquier persona siempre da una opinión desde algún lugar, es decir, su razonamiento no es único o individual, sino que está vinculado a una ideología, una forma de ver y entender el mundo que le rodea. En ocasiones no se está al tanto del lugar desde el que se habla, en otras sí. Este último es el caso de Richard Linklater, director comprometido con su visión de lo que debe ser el arte, de lo que quiere contar en su cine.

El arte cinematográfico se ha decantado por dos vertientes, aquellos que hacen un cine de las "atracciones", cuya finalidad es distraer al espectador, no innova el lenguaje cinematográfico, pero suele crear nuevas técnicas de efectos especiales; se basa en productos preconcebidos que la gente fácilmente reconoce. Por otro lado, está el cine de autor, una propuesta más reflexiva, que pretende que el espectador se cuestione los hechos que observa durante una película.

Linklater se encuentra en el segundo grupo. Su cine es un documento audiovisual de la cultura estadounidense, un producto 'pop' que reflexiona desde una estética particular, con elementos característicos que se repiten, como los constantes diálogos o el traslado y constante movimiento que tienen sus personajes en su filmografía.

Siguiendo la frase de Truffaut, uno de los cineastas de la Nueva Ola Francesa, quienes crearon la teoría de autor en el cine; Linklater se embarcó en un proyecto bastante experimental, filmar a las mismas personas por doce años y así documentar su crecimiento. Hay una intención de capturar la vida y de proyectarla en un filme, de ahí que por momentos 'Boyhood' adopte una estética documental.

El reto de filmar pocos días al año (en promedio tres días cada año) durante más de una década, fue muy aventurado, una forma de reafirmar que cine y vida son lo mismo, esto aplica en ambos sentidos de la cámara, es decir, tanto para el realizador que se encuentra filmando una historia, como para el espectador que la ve. Sin embargo, la excentricidad de su rodaje no es su mayor valía, no importa cuánto tiempo se tarde para hacer una película, sino cómo resulta esta, qué tipo de puesta en escena se alcanza y con qué lenguaje se expresa a través de la pantalla.

En ese sentido, 'Boyhood' innova en la forma en que fue filmada, pero no en la intención. Truffaut ya lo había hecho con su personaje Antoine Doinel, a quien construye a lo largo de cinco películas ('Los 400 golpes', Antoine y Colette', 'Besos robados', 'Domicilio conyugal' y 'El amor en fuga'), durante las cuales pasa de ser un niño rebelde a un hombre casado. Mientras que Jean-Pierre Léaud encarna a Doinel en todas las películas, la actriz Claude Jade hace lo propio con la novia y futura esposa Christine Darbon.

Otro referente más cercano, lo encontramos en la misma filmografía de Linklater, quien con su trilogía ('Antes del amanecer', 'Antes del atardecer' y 'Antes del anochecer') sobre una pareja que evoluciona desde su primer encuentro durante una noche en Viena hasta la vida conyugal y la crianza de hijos. Interpretada en las tres películas por Julie Delpy y Ethan Hawke (quien actúa como el padre de Mason en Boyhood). En este tríptico, el director explora la relación de pareja, el idilio del primer encuentro, el romance implícito y cómo estos van creciendo, se apartan y se reencuentran, sufren y son felices, tienen dudas, temores y satisfacciones. Filmada cada nueve años respectivamente, los personajes envejecen ante la mirada del espectador, quien se identifica por la puesta en escena realista.

En 'Boyhood', Linklater narra otro proceso de crecimiento, en este caso, el de un niño a través de su infancia y adolescencia, lo que se suele conocer como una historia de transición (coming-of-age), tanto en literatura como en cine. Es la vida de Mason y su familia de clase media, una madre divorciada, su hermana mayor (la hija del director en la vida real) y un padre distante que poco a poco se involucra más en su vida.


"El cine para mí es un arte de la prosa. Definitivamente, se trata de filmar la belleza pero sin que se note, sin que se note para nada". François Truffaut

La puesta en escena de 'Boyhood' recurre a invisibilizar el montaje, con la intención de que el espectador se olvide de que ve una película y se sumerja en la historia de los personajes. Si en el antes mencionado 'cine de atracciones', los directores buscan dejar su huella, hacerse notar; en este otro caso, se pretende dejar a la obra hablar por sí misma, el director plantea su mensaje de manera más simbólica, por lo que se requiere de una observación atenta y reflexiva para captarlo.

La construcción del argumento da fluidez a la vida de los personajes, así, los cortes de edición según pasan los años se hacen de manera natural, no se impone un letrero o un subtítulo que guíe al espectador y lo saque del momento emocional. Al contrario, el discurso fílmico transcurre con una estoica pasividad, justo como lo hace la vida misma. 

Un momento coyuntural que cambia el rumbo de cada persona no está matizado con una banda sonora, ni está coreografiado. Por lo tanto, las claves temporales en el filme vienen dadas por la cultura popular, una canción en una emisora, un fenómeno de masas (Harry Potter), diálogos sobre una guerra, referencias a una elección presidencial, camisas de grupos de música que están de moda, entre otros. Esta organicidad es palpable en cada plano y se logró a través de un guion no estructurado, que se fue nutriendo de constantes conversaciones entre Linklater y el elenco, además de las propias experiencias de los actores. Por ejemplo, Ethan Hawke y Patricia Arquette, experimentaron durante el transcurso del rodaje, respectivos divorcios, nuevos matrimonios e hijos.

La ausencia de una banda sonora, así como la pausada transición entre secuencias, sumergen al espectador en sus propios pensamientos. 'Boyhood' se aprecia mejor cuantos más años se tengan y se recuerde esa época que cada uno vivió mientras observa a Mason crecer durante el filme. Hay una conexión emocional, no manipulativa, sino experiencial, la película nutre de sentimientos asociados con el proceso de vivir. La vida está pasando ante la mirada del público: peleas entre hermanos, crianza de niños, matrimonios y divorcios, cambios de escuela o colegio, noviazgos fugaces, etc.

Eso sí, el director evita caer en el melodrama simplón, no hace caricatura de sus personajes, no los mete en situaciones absurdas. Maneja un mismo tono emocional, en ocasiones más dramático, por partes más cómico y distendido, pero siempre retoma el flujo de la historia, las situaciones más conflictivas no modifican la composición de cada plano: después de cada momento conflictivo presenta tomas de objetos inanimados, de la naturaleza o del cielo. Mediante estas pausas, que formalmente le sirven para hacer una transición entre escenas, permite al espectador pensar la imagen recién observada, hacer un proceso reflexivo.

Gran parte de las asociaciones que se pueden hacer en la película y la vida de cada uno, está dada por la extraordinaria técnica de montaje empleada. 'Boyhood' es un tratado sobre lo que se llama "montaje en el tiempo", este consiste en entrelazar situaciones, eventos o personajes a lo largo del metraje. Algunas resultan muy obvias: cuando madre e hijos se reencuentran con el joven mexicano que antes les había ayudado con la fontanería de la casa y luego es gerente de un restaurante.

Sin embargo, hay momentos en la película mucho más sutiles y que evidencian un crecimiento y desarrollo en los personajes, así como la ideología implícita del director. Una escena llamativa es cuando la madre asiste a clases universitarias, el profesor da una lección sobre condicionamiento clásico pavloviano, más adelante, cuando ella es profesora, está enseñando la teoría del apego de Bowlby, el contraste sirve para comprender el cambio que tuvo la madre tras una relación abusiva previa.

Otro momento sutil de montaje en el tiempo es con la niña que le entrega una nota a Mason cuando a este le cortan el cabello, ella firma como Nicole y es la misma con la que se encuentra el protagonista cuando llega a la universidad. Niña y adolescente interpretadas por la misma actriz, que al igual que el resto de actores ha envejecido en tiempo real.

'Boyhood' es un producto de su tiempo, las vivencias, dudas existenciales, gustos, etc. de sus protagonistas responden a la realidad de los años en que se filmó, aunque esto no evita que el espectador haga asociaciones con su propia vida y la de los personajes en la ficción.

La posibilidad asociativa viene por la manera en que el cerebro humano "graba" los recuerdos. El proceso de memoria consiste en grupos proteínicos que se forman al tener experiencias y sus consecuentes emociones, las proteínas se alojan en distintas partes del cerebro y se agrupan según la similitud: gratas, estresantes, dolorosas, entre otras. Cada nueva vivencia suma a dichos grupos y los enriquecen, así, un olor, una canción, una persona con ciertos rasgos faciales o un evento, desencadena el proceso biofísico por medio del cual se tiene un recuerdo y por lo tanto se hace una asociación en el tiempo: se puede escuchar una canción y esta remite al pasado cuando se conoció a alguien especial con quien se compartió una experiencia agradable.

La película funciona de esta forma para explicar situaciones sutilmente a lo largo de las elipsis planteadas. Las enseñanzas político-ideológicas del padre, luego aparecen en el discurso existencial de Mason; los gustos van acompañados de la tecnología, el llanto de la madre remite a las dos horas en las que ha luchado por sacar adelante a sus hijos y que ahora enfrenta el reto de atenderse a sí misma. Y el espectador también hace esas asociaciones, más allá de que haya crecido o no en otra época. Se puede fácilmente recordar las amistades de la infancia, los cambios en el hogar y la familia, los enamoramientos, el pensamiento idealista propio de la adolescencia. Por ello es que el filme adopta un ritmo pausado, para que haya oportunidad de ir rememorando las experiencias personales a la vez que se ve la maduración del protagonista y los cambios de la gente a su alrededor, de esta manera el espectador puede ir "llenando los espacios en blanco", los momentos que el director no explica, pero que se entienden por el contexto y se les da significado.

El final no es más que un seguir el camino. Ese espacio abierto que abraza a los personajes y les hace ver minúsculos en un plano abierto, remite tanto a lo que les espera a cada uno en sus vidas, como a la incapacidad que tiene el ser humano de asirse a la inmensidad del mundo en el que vive.

En un momento en el que el cine hegemónico domina el mercado, con unas pautas de acción frenética y ritmo acelerado, en las que no es necesario pensar sobre lo recién visto, sino dejarse llevar por la espectacularidad de las escenas; es entendible que una película como 'Boyhood' resulte cansada de seguir. La masa no está educada para observar reflexivamente, lo está para consumir un producto predigerido. El llamado "gusto" ha sido moldeado sistemáticamente para tal fin.




domingo, 8 de febrero de 2015

Birdman: el eterno retorno de Iñárritu




 
Título original: Birdman. EE.UU.-Canadá (2014). Color
Director: Alejandro González Iñárritu
Guion: Alejandro G. Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo
Cinematografía: Emmanuel Lubezki
Montaje: Douglas Crise y Stephen Mirrione
Música: Antonio Sánchez (batería)
Diseño de producción: Kevin Thompson
Dirección de arte: Stephen Carter
Duración: 119 minutos


Elenco

Michael Keaton como Riggan Thomson
Emma Stone como Sam
Edward Norton como Mike Shiner
Naomi Watts como Lesley
Zach Galifianakis como Jake
Andrea Riseborough como Laura



El peregrinaje constate del director mexicano Alejandro González Iñárritu, lo llevó a filmar una película híbrida, la cual no termina por encajar en ningún lado. No es una típica producción hollywoodense, pero tampoco es cine arte, aunque tiene elementos de los dos.

Una constante a lo largo de sus cinco largometrajes de ficción, ha sido la noción de desplazamiento. En primer lugar, la cámara se moviliza, sea a través de planos secuencias o travellings; y segundo, los personajes cambian de locaciones, se trasladan en una incesante búsqueda. En su nueva película, Iñárritu también emprende ese movimiento en lo estético, estableciendo conexiones con su filmografía, mientras plantea 'Birdman' como un solo (falso) plano secuencia, en el que el espectador presencia la noción de movilidad en todo momento.

La fragmentación narrativa también se da, si en 'Amores perros' o 'Babel' la historia está subdivida en tres partes bien diferenciadas, en 'Birdman', la fragmentación se da en varios niveles: se narra un drama familiar (Riggan, su hija Sam y su ex-esposa Sylvia), un drama profesional (el montaje de una obra teatral que ha resultado caótica) y un drama personal (el de Riggan que se enfrenta con su alterego por el rumbo que debe tomar su carrera). Además, hay una serie de subtramas que le dotan de cierto naturalismo a la película: la historia conflictiva entre Mike y Lesley; el romance entre Mike y Sam; la fricción en la relación de Riggan y Laura, por citar algunos.

El panorama se complica cuando todas esas múltiples tramas se despliegan en un escenario barroco, en el que siempre ocurre algo, no hay respiro. La acción está sobrecargada, pero también los escenarios lo están, infinidad de detalles que es difícil de apreciar en su totalidad con un solo visionado. Ahora, lo barroco no hace mención de la tradición europea, si no que es una manera de Iñárritu de trasladar su cultura dentro de la industria de Hollywood.

Cuando los personajes caminan por los pasillos del teatro y las luces dan un tono específico a cada encuadre, es como si se caminase dentro de una vivienda mexicana en un día festivo, en donde las habitaciones están cargadas con objetos alegóricos, a la vez que la luz dota de vida al lugar. Otro ejemplo se aprecia en la secuencia en la que Riggan entra a una licorera, del cielo raso cae una enramada de bombillas en forma de chiles, destacando aquellos que proyectan una luz verde y roja. Cada cuadro está trabajado para resultar exótico a la mirada.


Ante un escenario tan cargado, surge la pregunta de cómo se le da unidad a un filme de estas características. La respuesta se obtiene en la intención de mostrar la película como si se tratase de un único plano secuencia. En realidad hay un trabajo de montaje que camufla los cortes, pero eso no resta mérito. El plano secuencia une y da estabilidad a cada escena, a cada acción, entrelaza a un personaje con el otro, da una continuidad espacio-tiempo: la escena en la que Mike y Sam se besan en la parte alta del teatro, mientras la cámara hace un descenso para mostrarnos al propio Mike junto al resto del elenco frente al público.

El desplazamiento circular de la historia y los personajes dota de una particular organicidad al relato. Se trata de un eterno retorno que tiene diferentes lecturas. El protagonista se siente perdido y al borde del colapso por la presión de resurgir su carrera, sus fantasmas personales (representados en la mejor tradición dickensiana por el superhéroe que interpretó en el pasado y lo catapultó a la fama) le acosan y en su constante ir y venir, del escenario al camerino, surge la imagen de un Sísifo cargando con la piedra del éxito, la metáfora se muestra en toda su capacidad en la secuencia en la que Riggan se queda fuera del teatro y literalmente tiene que hacer un recorrido circular para reintroducirse al mismo, se sale y se reintroduce a la obra y en el proceso, el director muestra el circo del espectáculo.

La escena que se menciona fue filmada pensando en evitar el mayor número de transeúntes en el Times Square, a quienes se ven principalmente son extras y al propio equipo de producción. Esta manifestación orgánica del proceso creativo de filmación está palpable en toda la película. Iñárritu dialoga con la cámara sobre lo que significa hacer cine en la actualidad, pasando de la cámara al teléfono celular, mientras el público observa la imagen como si fuese una sola toma. Otro ejemplo de la organicidad se presenta cuando la cámara evidencia el detrás del escenario, los vestidores, las tramoyas, los cables, las luces, etc. El cine se precia de sumergir al espectador en una historia ficticia ocultando el cómo lo hace, pero en 'Birdman', Iñárritu quiere hacer notar ese proceso.

La estructura del guion recuerda el llamado realismo mágico, movimiento literario latinoamericano en el que la intención radica en presentar lo extraño, irreal o fantasioso dentro de la cotidianeidad, uno y otro interactúan y sirve para expresar ideas o emociones. De los habitantes muertos que rodean a Juan Preciado en 'Pedro Páramo' de Juan Rulfo (1955) a las discusiones entre Riggan y su alterego en 'Birdman' hay un hilo conductor; lo extraño se hace presente en varios momentos: objetos que son manipulados mentalmente por Riggan, tal como lo hiciera Eliseo Subiela en 'Hombre mirando al sudeste' (1986). El no-final de la película refuerza la noción del realismo mágico, un presunto momento en el que otro personaje comparte la experiencia del protagonista o acaso esté teniendo su propia manifestación de lo extraño en su cotidianeidad.


Tal como significa el mito del eterno retorno, la película no lleva a ningún lado, el no-final es un caminar en círculos, un empezar el recorrido, bien se puede iniciar la película y seguir en esa dinámica eternamente. Argumentativamente, es una debilidad en lo propositivo, queda más presente la espectacularidad visual del filme que la idea del director de ir más allá de la imagen, se ahoga en la parafernalia. Sin embargo, como se mencionó al inicio, 'Birdman' tiene un carácter híbrido, como si Iñárritu tratase de encontrar su lugar en la industria cinematográfica, tanto él como el protagonista se muestran desorientados y al final crean ese nuevo género que el personaje de la crítica de teatro llama el "súperrealismo".

El filme trata de responderle al propio director una pregunta, cuya respuesta no termina por esclarecer. Desde esta perspectiva, Iñárritu explora para sus adentros, aunque se va quedando sin ideas. La frustración se percibe en la violencia con la que trata a los personajes, al público dentro de la ficción teatral, a los críticos de teatro o cine, y al espectador, todos reciben un discurso visceral o se les apunta con un arma. El mensaje también está dirigido hacia el propio Hollywood: con varias referencias internas, que de manera cínica, critican las producciones del subgénero de superhéroes que han inundado las carteleras en los últimos años.

En todo momento se está consciente del carácter ficticio de la obra, de ese "súperrealismo", del discurso megalómano de su director y de los abundantes clichés, pero esto no evita que resulten cómicos, algunos hilarantes. Sin embargo, el predominio de lo artificial y la constante acción no enmascaran la pobre construcción de personajes, principalmente del protagonista. Michael Keaton hace una buena interpretación dentro de lo que se le exige, pero su personaje no va para ningún lado, no evoluciona, es muy plano. Al resto del elenco le sucede lo mismo, no son malas actuaciones, es un vago diseño de personajes; quien destaca es Edward Norton que se muestra más polifacético y Zach Galifianakis quien con su personaje aporta calma y sirve de contrapunto al caos.

'Birdman' bien puede entenderse como la "inesperada virtud de la ignorancia" o como un premeditado y ambicioso filme de múltiples capas. No plantea una filosofía de la imagen en tanto proposición temática o ideológica, tampoco reflexiona sobre el cine como arte; si no que en su espectáculo genera preguntas entorno al cine como industria y hacia dónde se dirige, cuál será su siguiente manifestación. Algo que otras películas también han hecho ('El congreso' de Ari Folman, 'Map to the stars' de David Cronenberg o 'Las nubes de Sils María' de Olivier Assayas, por citar algunas recientes). Para empezar a responder tales interrogantes, habrá que esperar el siguiente proyecto de Iñárritu.


domingo, 1 de febrero de 2015

Hasta que la muerte nos separe




Con la llegada del mes de febrero, los comercios suelen llenarse de corazones y demás objetos alusivos al llamado 'Día de la amistad', el cual no deja de ser otra excusa más para gastar dinero y consumir en masa. 

Por eso, para este nuevo mes, VIVECINESCRUPULOS, se suma a la parafernalia sanvalentinista, pero tranquilos, será un taller bastante alternativo... nuestras parejas estarán conformadas por asesinos y delincuentes, porque ellos también aman, de manera loca, desquiciada, violenta, pero aman.

Freud decía que el enamoramiento es el estado más cercano a la locura, y se verá bastante de eso en este nuevo ciclo. Sin embargo, no todo será sangre y muerte, además de los corazones rotos (sería más correcto decir: atravesados por balas), se analizará el efecto mediático que tienen estas historias en la sociedad actual y cómo los medios de difusión crean todo un culto alrededor de estas parejas que como cualquiera otra, juraron amor "Hasta que la muerte nos separe".

Como es costumbre, el taller consta de dos partes, la explicación de elementos cinematográficos y el análisis de contenidos. Durante los sábados de febrero, la cita es en el Museo Joaquín García Monge, costado norte del parque de Desamparados. Las películas se presentarán en su idioma original con subtítulos en español.


Hasta que la muerte nos separe




Sábado 07 de febrero (6:30 pm)

Sin aliento


Director: Jean-Luc Godard
Francia, 1960
90 minutos
Mayores de 15 años

Sinopsis: Michel Poiccard (Jean-Paul Belmondo) es un ladrón de coches admirador de Bogart. Roba un auto en Marsella y emprende viaje a París para cobrar un dinero y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg), una joven burguesa que aspira a ser escritora y vende el New York Herald Tribune por los Campos Elíseos. Al llegar a París, ella decide ayudarlo, pero desconoce que es buscado por la policía. Los dos van de un lugar a otro, él se oculta para no ser apresado, mientras ella duda acerca de sus sentimientos hacia él.



Sábado 14 de febrero (6:30 pm)

Asesinos por naturaleza


Director: Oliver Stone
EE.UU., 1994
120 minutos
Mayores de 18 años

Sinopsis: Micky y Mallory, una pareja poco convencional de jóvenes amantes, sienten que han nacido para matar: son dos despiadados criminales que tienen atemorizada a la población. El presentador de un programa sensacionalista decide aprovechar la fascinación que su personalidad ejerce sobre el público para convertir a los asesinos en héroes televisivos. Oliver Stone nos brinda una experiencia visual tremenda, mezclada con violencia extrema y la obsesión de los medios.



Sábado 21 de febrero (6:30 pm)

Malas tierras


Director: Terrence Malick
EE.UU., 1973
94 minutos
Mayores de 15 años

Sinopsis: Inspirada en un aterrador hecho real ocurrido en 1958. Una perturbadora historia ambientada en Dakota del Sur sobre una joven pareja que emprende una serie de asesinatos. Kit (Martin Sheen) y su novia Holly (Sissy Spacek) se verán inmersos en una locura de crímenes y castigos. Para ellos es solo un juego, pero la muerte y la sangre son muy reales. Una historia provocativa que cuenta con una magnífica realización y unas actuaciones memorables.



Sábado 28 de febrero (6:30 pm)

Bonnie y Clyde


Director: Arthur Penn
EE.UU., 1967
Mayores de 18 años

Sinopsis: En la época de la Gran Depresión, una banda de jóvenes delincuentes, encabezados por la pareja formada por Bonnie Parker y Clyde Barrow, se embarca en una vida de crímenes. Están ansiosos por vivir aventuras y tenerse el uno al otro. Mientras la violencia se sucede, nos damos cuenta que la joven pareja puede ser herida o incluso tememos que puedan ser asesinados. Tras varias décadas esta obra sigue siendo un viaje ensordecedor y emocionante.