martes, 15 de diciembre de 2015

Un buen crítico debe dejar atrás sus prejuicios para enfrentarse a una película



Por Kattia Barrientos.


Tal y como la palabra indica, es imposible para un buen crítico sentarse a ver una película con una opinión previa y por lo general desfavorable, pues claramente esto permeará su lectura al respecto. Y no, no se trata que el crítico olvide todo su bagaje antes de ver una película, sino que sea capaz de no prejuzgar el filme antes de dialogar con él.

Recordemos el primer punto del decálogo: existen diversos tipos de diálogos sí, pero no debe existir un diálogo permeado por un prejuicio del crítico, pues al final esto entorpecerá la aproximación del espectador al filme.

Y bueno, como ser humano admito soy la menos exenta de prejuicios y por eso para este punto comentaré mi experiencia con el filme Truman (2015) de Cesc Gay, protagonizado por el argentino Ricardo Darín y el español Javier Cámara.

El mea culpa inicia porque viví un año en Buenos Aires y me contagié de la opinión desfavorable para apreciar el trabajo de Darín: es imposible no hacerlo, si cada semana estrena una obra en la calle Corrientes y ni hablar de que cada quince días sale una película de Darín en Lavalle. Y el comentario general es siempre el mismo: es Darín haciendo de Darín. Y con este enorme bache me enfrento a Truman y juro que al primer diálogo de Darín dije: “ok, esta vez es Darín haciendo de Darín pero con acento medio español”.

Pausa para hablar de la sinopsis del filme: Julián (Darín) es un actor argentino radicado en Madrid desde hace mucho tiempo quien ha tomado una decisión crucial en su vida y por eso su amigo español  Tomás (Cámara), ahora radicado en Canadá, acude a visitarlo con la excusa de intentar hacerlo cambiar de opinión. A lo largo del filme se nos revela poco a poco que la decisión de Julián es de vida y muerte, pero su mayor preocupación es encontrar un hogar para su perro Truman.

Las acciones del filme se centran en los dos amigos mientras los vemos ir de un lugar a otro procurando resolver los asuntos domésticos de Julián. Así que imaginen mi altísimo prejuicio, pues toda la acción dramática de la película recae justo en la interacción entre Darín y Cámara.

Conforme avanzaba la historia logré enfocarme en los diálogos entre Julián y Tomás; y entre chistes y preguntarnos qué será de Truman, finaliza el filme y es justo cuando veo la reacción de mi acompañante cuando comienzo a sospechar que mi prejuicio en contra de Darín es más grande que mi buen juicio cinéfilo. Su evidente conexión emotiva con lo recién visto me hizo preguntarme de inmediato si me había perdido de algo. Pero bueno, era preciso seguir adelante con el día.

Sin embargo, esa reacción tan profundamente emotiva y sus posteriores comentarios me hicieron detenerme a repasar otra vez el filme, pues no en vano forma parte de la categoría Panorama Internacional, cuyo propósito es justamente mostrar películas que han ganado premios este año en diversos festivales.

Así que vuelvo en mi cabeza sobre lo visto y me detengo en la tensión dramática entre ambos personajes. Y, como siempre, un filme de ese tipo es exitoso o no en la medida en que el actor logre personificar de forma verosímil ese personaje, en otras palabras, si el punto focal del espectador está directamente sobre el actor y este “actúa” en lugar de ser el personaje, el filme decaerá de inmediato.

Como mencioné anteriormente, la historia se devela lentamente gracias a los diálogos entre Darín y Cámara, sin embargo, es justo enfatizar que no solo sus palabras nos cuentan la historia, sino que realmente existe un buen trabajo actoral corporal, el cual se aprecia desde el momento cuando Tomás y Julián aparecen juntos en escena por primera vez y las caras de ambos nos revelan no solo que ha pasado mucho tiempo desde que se vieron sino que el encontrarse nuevamente frente a frente en ese momento es justo por una amistad que no se borra pese al tiempo.

Momentos como ese, realmente muy bien logrados actoralmente, abundan en la película donde lo que conecta con el espectador es justo esa camaradería entre dos amigos enfrentándose a la muerte que al fin y al cabo es la vida misma, tanto el que afirma “cada quien se muere como puede” y el otro que “no sé cómo reaccionar, es el primer amigo que se me muere”. Por todo esto, no resulta extraña la notoriedad de Truman este año en los festivales donde se ha presentado.

Sin lugar a dudas, la dupla entre Darín y Cámara acompañados sutilmente por Truman (interpretado por Troilo) logra dejarle al espectador el mensaje que la vida es lo que pasa cuando no se sabe qué hacer con el perro, sea lo que sea que eso implique.

Y sí, mi prejuicio anti-Darín en definitiva me impidió apreciar de primera entrada esa bien lograda puesta actoral sobre el paso del tiempo y los amigos. Sin embargo, confieso que tampoco logré elevarme más allá del bien y el mal por lo que no creo que repita la película  aunque sí prometo no volver a prejuciarme con Darín, esperaré cautelosamente salir de la sala y allí, con la luz clara, sacar mis conclusiones.

No se olviden de contarme sus impresiones al respecto y si algún género o actor en particular los ha alejado alguna vez de algún filme imprescindible. Recuerden etiquetarme usando mi perfil personal Kattia Barrientos.



1 comentario:

  1. Kattia Barrientos, me han gustado mucho tus artículos en Vivecinescrupulos, comparto tus argumentaciones. En cuanto a actores, me son difíciles varios, principalmente Jolie y Pitt, de ella solo Gia y otra cuyo título olvidé, me parecen buenas; él tiene mejores, siempre que no haga de "el bello". La película que no he podido ver es Siendo John Malcovich, pues considero que él hace de sí mismo, en casi todas las películas que he visto de él. Ah... a mí sí me ha gustado Darín como actor, en las cinco o seis películas que he visto de él.

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