sábado, 19 de diciembre de 2015

Jornada 9 del CRFIC-2015



Con algo de nostalgia anticipada, llegó la última jornada del Festival, será el último día de carreras, madrugar y comer apresuradamente...

La mañana inicia con una de las mejores películas del festival, la guatemalteca La casa más grande del mundo de Ana V. Bojórquez y Lucía Carreras, quienes nos trasladan al altiplano guatemalteco, donde conocemos a unas indígenas mayas que pastorean ovejas. La familia de la protagonista está constituida por la madre, que está embarazada, y la abuela; la protagonista es una niña que tendrá que cruzar en un solo día el puente de la infancia hacia la adultez. Debido a la condición de su madre, Rocío tiene que cuidar sola del patrimonio familiar: sus ovejas. Pero todavía es una niña y sueña con jugar con su amiga. Filme poético, hecho con mesura y cariño, el espacio físico en su totalidad es otro personaje, la casa de la que habla el título, aquella que abriga a los personajes, pero que también se revela en su extrema dureza y complejidad. La cámara siempre nos muestra la perspectiva de Rocío, el otro lado del puente queda fuera de campo, a nuestra imaginación, con nuestros miedos. La dirección de arte es encantadora, manejo de luz natural y artifical (para escenas en interiores) van revelando las diferentes texturas que el filme revela. Película de aparente sencillez, pero de significados profundos.

Después de la proyección, escuchar a la directora. Mención especial para la organización del festival que en la mayoría de las funciones tenía a alguien presente del equipo de producción de los filmes para comentar con el público y también para quienes moderaban los conversatorios, se notó su trabajo de investigación para hacer mucho más provechosa la reunión con directores, actores y el resto de invitados. De paso, Bojórquez se mostró conmovida por el entusiasta aplauso que recibió su obra.

Mientras se seguía pensando en la película, era momento de almorzar y continuar hablando de cine. Uno sabe que se está en medio de un festival, cuando el traslado entre sedes, en los parques, cruzando una calle y en los lugares de comida aledaños, siempre te encuentras con un rostro conocido, alguien te hace alguna pregunta o simplemente escuchas a otros hablar de cine. ¡Qué hermosa época del año para hablar y vivir CINE!

La siguiente función es Tempo: la Orquesta Sinfónica Nacional de Nicole Villalobos. Es justo decir, como lo mencionó mi colega Kattia Barrientos en su artículo "Un buen crítico debe dejar atrás sus prejuicios para enfrentarse a una película", que tenía mis reservas con este documental, me había formulado una idea de que iba a ser algo muy didáctico, informativo y de poco interés. Grande fue mi sorpresa al encontrarme con uno de los mejores trabajos que se han hecho en el país. Realizado por unos jóvenes estudiantes como parte de su Trabajo Comunal Universitario, el documental en sus 100 minutos recorre los 75 años de la Orquesta Sinfónica Nacional, excelente trabajo de investigación y una aproximación refrescante desde la historia de una de las instituciones insignes de la cultura en nuestro país. Las dos funciones fueron a sala llena y el fervoroso aplauso no se hizo esperar al final. Destacar el gran esfuerzo en la edición, teniendo en cuenta la diversidad del material, también que conforme se iba filmando, aparecía nueva información, y sobre todo, la lucidez para ir acompañando la imagen con la música, eje central del documental. Lejos de ser un retrato acartonado de la institución cultural, estamos ante una interesante forma de abordar la historia, desde su gestación, sus actores y también a las políticas culturales que la construyeron, del pasado al presente, representado en tres directores que ha tenido la Orquesta, reunidos en un solo concierto. Hay que dejar atrás los prejuicios y este crítico se alegra de haberlo hecho.

La última función del día, antes de ir a la clausura, fue la película panameña Historias del canal (2014) de Abner Beinam, Carolina Borrero, Luis Franco Brantley, Pinky Mon y Pituka Ortega. Sorprende la calidad artística del filme, el nivel de producción: la primera escena revela la construcción del canal en 1913 mediante CGI, nada de envidiarle a otras producciones. También es interesante la lógica misma de la película, el hecho de que cinco directores se unan para hacer una sola película, para hablar con diferentes voces de una historia que les atañe como país. Esta iniciativa que no es nueva en el cine, pero que llega en un momento de efervesciente producción centroamericana, puede incentivar el repensar el cine desde nuestra región. Lejos de eso, la película cae en lo telenovelesco por momentos, aunque al ser historias cortas, el cambio de una a otra, hace que el filme transcurra con fluidez y el público respondió con risas y aplausos.

Llegado el final del festival, solo quedaba la clausura, los premios, tal vez la parte menos interesante para un Festival sin maquillaje, que plantea la cinefilia como centro de su discurso, pero necesario para incentivar y reconocer el esfuerzo de quienes trabajaron para que nosotros viéramos sus películas. 

Desde un palco del Teatro Nacional estuve comentando para el canal de televisión de la UCR, en el programa Lunes de Cinemateca. Otro aspecto a destacar: que hayan invitado a un crítico como comentarista. La ceremonia es rápida, sin protocolos rimbombantes, después viene la fiesta y de acuerdo al lema "cine sin maquillaje"; me encuentro tomando cerveza junto al director portugués Miguel Gomez, hablando de cine, de las playas de Manuel Antonio, de cuál cerveza le ha gustado más, se sorprende al saber que me dedico a hacer crítica de cine; la conversación continúa un rato más, los bocadillos y la birra nos distraen. 

Por otro lado, Guatemala y El Salvador, bailan, Ana Bojórquez y Marcela Zamora, ríen y se contagian de la música. Fotógrafos, cineastas, productores, los organizadores del festival, actores, periodistas, amigos... una fiesta sin jerarquías militares como decía Miguel Gomes en un vídeo hecho para el Festival. Mientras pasamos de un piso a otro, la energía se palpa, la fiesta continúa mientras la noche da paso a la madrugada, Michel Franco baila con su acompañante, los bolsos y las bebidas reposan en el suelo y la pista de baile hace ebullición. Entre tanta gente, los representantes de la Nueva Crítica Cinematográfica Costarricense nos reunimos y brindamos por el Festival, tres de nosotros ya llevamos dos años en esto, Olvin ya ha regresado a Honduras, pero está presente en el brindis. 

Después de la cerveza, el whisky, las risas, las anécdotas, los comentarios sobre la premiación, es hora de irse a casa, dormir bien por primera vez en nueve días, y como los representantes de la Nueva Crítica nos llevamos bien, compartimos un taxi que poco a poco nos va dejando a cada uno en nuestras casas.



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