sábado, 12 de diciembre de 2015

Jornada 2 CRFIC-2015





Un día caluroso, llegar corriendo a la sede programada, para que muy amablemente te digan que la función ha sido trasladada de lugar. Nuevamente, tomar impulso y corregir el destino, vas caminando con esa sonrisa estúpida, porque lo que haces te gusta... Te recuerdas que hace una semana describiste tu profesión como un trabajo y un hobbie, y la persona te pregunta - ¿Cuándo vas a dedicarte a hacer algo serio? Uno se ríe y contesta que hablar de cine es algo muy serio.

Sigues caminando y finalmente llegas al lugar correcto... encuentras amigos, saludas, hablas y te acomodas...

El primer encuentro no es muy satisfactorio, "Allende mi abuelo, Allende" es ver pasar a la directora foto tras foto... si se es chileno o víctima de una dictadura puede que el filme signifique algo más, sino, es solo la vida de personas que no tienen apremios económicos y a partir del no-recuerdo construyen su vida. El silencio es gratuito, es su decisión, los personajes no resultan particularmente agradables, no te importa su vida, el documental es solo la excusa de una mujer de reconstruir un álbum familiar, no dice mucho, cinematográficamente es pobre.

Termina la película y te levantas con un aire de insatisfacción... es hora de almorzar. Te encuentras con colegas, ríes, comentas la película y te preparas para la siguiente.

"Mustang", la obra Deniz Gamze Ergüven es la siguiente en la lista. Hay que reconocer la buena asistencia que va teniendo el festival, unas 45 personas vieron el documental chileno, y para el filme turco-francés, la fila es generosa. La espera paciente para que den acceso a la prensa y poder escoger el sitio idóneo.

Inicia el filme... te recuerda "Las vírgenes suicidas" de Sofía Coppola y te preparas para lo peor. Y así sucede, una joya, una película que hay que volver a ver, se ríe, se reflexiona. Cinco adolescentes con sueños fustrados, con su sexualidad mutilada, con sus cuerpos violados por la religión, por la fe, por el acto cobarde de un tío que usa su pene como estandarte de su ideología... El filme está lleno de imágenes metáforas: las jóvenes son llevadas a hacerse la "prueba de virginidad", el carro en el que viajan desaparece en la oscuridad del túnel, hacia el final, las que sobreviven atraviesan otro túnel, esta vez hacia la luz.

La película termina y hay que salir corriendo a la siguiente función que tiene cinco minutos de haber empezado, cruzas la calle, y caminas con decisión, mientras la mente sigue tratando de descifrar "Mustang". En la siguiente locación las puertas cerradas, las voces de que no puedes entrar, pero hablas y amablemente te conducen por otra puerta hacia dentro del teatro.

Te sientas, un poco perdido por no haber visto los primeros minutos, pero rápidamente uno se engancha con "Olmo y la gaviota", el lugar nuevamente tiene buena asistencia.

La vida pasa, el teatro se convierte cine y el cine se hace teatro, la vida se convierte en una ficción y las directoras la documentan, los actores se interpretan a sí mismo, el embarazo es real, sus vidas son reales, pero el filme sigue siendo una mentira ensayada, una valoración subjetiva de sus vidas, en las que sin guion han hecho de la improvisación su herramienta expresiva. La cuarta pared es derribada a martillazos, los demiurgos detrás de la imagen dejan escuchar su voz, una guía puntual sobre hacia dóndo la película se dirije.

Termina la película y uno queda atontado, es algo maravilloso, pero es difícil organizar las ideas, hay muchas sensaciones que la película genera, pero por suerte está el actor para tratar de ordenarlas. De manera afable y con una sonrisa contagiosa va contando anécdotas del rodaje y la conversación fluye agradablemente.

Entre la sesión de preguntas el buzón de mensajes del teléfono está a reventar, colegas, amigos y otras personas escriben para comentar sobre el festival. Esta edición del festival se siente diferente, hay una energía vitalista y la gente se empapa de ella. El mensaje más importante es de tu colega hondureño que ha llegado al país y pregunta por cómo tomar un bus para San José.

Otro traslado y es imposible no pensar en el camino hacia el Cine Magaly en "Olmo y la gaviota", el filme revolotea en la mente. Pero ahora es el turno del primer largometraje de animación de Costa Rica.

El cine se llena de manera generosa, la función se atrasa unos minutos, los justos para que el amigo hondureño haya llegado a tiempo y se siente a disfrutar de la película. Esa es la definición de cinéfilo: persona que llega a un país, y seguidamente de bajarse del avión, se monta a un bus, luego a un taxi y entre un rápido saludo se sienta en una butaca para ver dos películas seguidas... luego hay tiempo para el protocolo.

De regreso a las butacas, te encuentras que ya tienes los suficientes amigos como para llenar una fila entera del cine, las conversaciones son saltadas y desordenadas, se interrumpen y se continúan; pero se viven de manera especial. Hay un alto cuando a la par se sienta el actor de "Olmo y la gaviota" y te recuerda por la pregunta que hiciste, entonces la conversación fluye... de París a Brasil, con escala en Costa Rica, del cine autor al teatro, de cuestinar la realidad a reírse con un comentario. De un momento, el tema se vuelve político, se habla de las leyes que están en contra de los derechos humanos, cuenta sus experiencias en Brasil y del nuevo trabajo de la directora, quien está documentando las reacciones antiaborto en el país sudamericano, le recomiendas el filme francés "Las oficinas de dios", sobre asistentas sociales que dirigen una clínica para abortos. Sabes que estás viviendo algo único cuando te enteras de que el actor pasaba presentándose en una obra de Shakespeare, ¡nada y menos que hacía de Macbeth! al mismo tiempo que grababa un filme experimental que define como un docu-performance que no tiene guion.

"El cumpleaños esotérico" resulta ser un viaje psicodélico, un filme de animación experimental. La historia se nutre de muchas fuentes, y la parte estética va cambiando. El argumento sugerente puede resultar cansino si no se ha visto este tipo de animación anteriormente, los personajes van llevando la acción en todo momento y un desfile de símbolos esotéricos, arcanos y religiosos se suceden para ir configurando uno de los filmes más particulares y personales de la historia del cine costarricense.

La sesión de la noche termina con la mejor película de animación stop motion de la historia: "Anomalisa". Una joya de Charlie Kaufman y Duke Johnson que nuevamente contó con un cine lleno. El retrato íntimo y sofocante de un personaje que te olvidas que es una marioneta a los dos segundos de haberlo visto en pantalla. Gran película, excelente historia, la costumbre como grillete de las emociones, la insatisfacción narcisista que te provoca una miopía emocional. Destaca el trabajo minimalista y artesanal que te envuelve por hora y media. Sus personajes los conoces, has hablado con ellos, tal vez, incluso, has sido ellos; se ataque de pánico de resulta familiar, su inseguridad te parece cercana. "Anomalisa" es un nuevo hito del cine de animación.

La jornada cinéfila va terminando, pero la noche a penas empieza... Hay que mostrarle la escena nocturna a tu colega hondureño, te encuentras con amigos y es momento para descorchar una botella de vino y amanecer hablando de cine y de la vida, que para muchos es algo diferente y para uno es lo mismo...


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