domingo, 8 de noviembre de 2015

Mr. Holmes: estudio de la memoria perdida




Título original: Mr. Holmes. Reino Unido-EE.UU. (2015). Color
Director: Bill Condon
Guion: Jeffrey Hatcher, basado en la novela 'A slight trick of the mind' de Mitch Cullin
Cinematografía: Tobias Schliessler
Montaje: Virginia Katz
Música: Carter Burwell
Diseño de producción: Martin Childs
Dirección de arte: Jonathan Houlding y James Wakefield
Duración: 104 minutos


Elenco

Ian McKellen como Sherlock Holmes
Laura Linney como Sra. Munro
Milo Parker como Roger
Hattie Morahan como Ann Kelmot
Patrick Kennedy como Thomas Kelmot
Hiroyuki Sanada como Tamiki Umezaki


"Su muerte me hizo ver que la naturaleza humana era un misterio que la lógica sola no podía iluminar" (Mr. Holmes, Bill Condon)

Un tratado minucioso sobre la memoria, el envejecer, el luchar hasta el último segundo por mantener el recuerdo de sí mismo, de lo que se ha sido, pero a la vez, con espacio para descubrir aspectos nuevos de la vida.

Un inmenso Ian McKellen da vida a un envejecido Sherlock Holmes, retirado ya de su oficio detectivesco debido a la demencia senil. Vive alejado del mundanal ruido citadino, en una casa de campo, con la Sra. Munro (Laura Linney), una ama de llaves, y el hijo de esta, Roger (Milo Parker).

El guion se extiende por el tiempo y va del presente al pasado, dos pasados de hecho. Uno, el pertinente al último caso del detective sobre una pareja que ha perdido a sus hijos. El otro, concerciente a un viaje al Japón.

De forma minuciosa el director retrata el tiempo en los más mínimos detalles, todo es importante, nada es dejado al azar. La bella partitura musical acompaña con elegancia a un hombre mayor quien no ha perdido el orgullo ni el sentido de caballerosidad propio del inglés.

El crítico de cine Alejo Moreno, del programa español 'Días de cine' traza una valiosa comparación entre Gods and monsters (Bill Condon, 1998) y Mr. Holmes, las dos comparten director y actor protagónico. Ambas realizan un estudio sobre hombres mayores: Holmes y James Whale (el director de filmes de monstruos para la Universal como Frankenstein), de tal forma que ficción y realidad se mezclan, mientras sus protagonistas van perdiendo sus facultades mentales. Además, de que cuentan con jóvenes quienes les ayudan.

Un Holmes dentro de otro Holmes. Uno el verdadero, testigo del siglo XX, el otro, producto de la ficción, de la imaginación de un Watson que no aparece en la historia más que como referencia puntual. Sin embargo, Holmes tiene un nuevo aliado, un niño curioso e impetuoso, que le guarda afecto en su añoranza por tener una figura paterna. Y que finalmente le enseñará al viejo detective que no lo sabe todo en la vida.

Ese aspecto metanarrativo es de lo mejor del filme, explora un aspecto no tratado antes en el cine sobre el personaje de Arthur Conan Doyle: su vejez. ¿Qué queda de un Sherlock que basa su capacidad analítica en su sagaz mente, cuando esta le falla? Además, al visionar al personaje como un ser real y no ficticio, que adopta las señas descritas por la imaginación de Watson, se adquiere una capa más en el metarelato. Basta ver la escena en la que Holmes ve una película sobre sí mismo.

La angustia por ver las capacidades disminuidas contrastan con el bello paisaje, lleno de verdor y de vida, como si el director enfatizara en el hecho de que la muerte es parte de la vida, lo único que difiere entre las personas son los ritos con los que se asume. Puntillosa observación que es recalcada en una escena en Japón en la que los vivos recuerdan a sus muertos por el ataque de Hiroshima.

En el rompecabezas mental de Holmes, falta una pieza que le permita unir aspectos de su vida que no le dejan en paz, que le atormentan. Con tal de recordar, inicia la redacción de un manuscrito, un texto que rivalice con la versión que la gente conoce de su último caso, escrito por Watson, pero que él va revelando más trágico. En esa tarea, Roger le acompañará e inspirará constantemente, un pequeño Holmes, un espejo para el viejo, quien podrá heredar su antorcha, su mente, sus habilidades. Mientras el niño recoge el afecto, la mirada complaciente y las enseñanza de un padre que no entiende.

La madre sabe del riesgo de que esos dos se guarden cariño, Holmes está próximo a morir y ella quiere evitar el doloro impacto que tal acontecimiento produciría en su hijo. Ella es pragmática en un sentido que Holmes no entiende. Él es demasiado lógico como para descubrir lo que encierra la femineidad: sea en el gesto afligido de una madre que ha perdido a sus hijos, o en la voz furiosa de otra madre que teme por el bienestar de la única persona que le queda.

Dentro de la minuciosidad del filme, hay una referencia constante a las abejas y las avispas. Las abejas tienen una estructura social que podría considerarse monárquica, su vida gira en torno a su reina; caso similar a los británicos que viven para su monarca. En un momento, Roger indica que las abejas obreras solo trabajan, la madre, desde su perspectiva proletaria hace un sagaz comentario al respecto.

Las abejas también se cuidan a sí mismas, tienen un comportamiento del que Holmes aprende, valorando a quienes le rodean, aceptando su humanidad, su debilidad y la importancia de no estar solo, la alegría que es tener a alguien que se preocupe por él. Acaso por eso, su último texto es una ficción, algo que brinde alivio y paz a otra persona...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Por favor indicar nombre y país de residencia cuando dejen un comentario. Los anónimos se borrarán. Si te gusta lo que leíste suscríbete al blog.