jueves, 8 de octubre de 2015

Sicario: denuncia tibia y superficial del narcotráfico




Título original: Sicario. EE.UU. (2015). Color
Director: Denis Villeneuve
Guion: Taylor Sheridan
Cinematografía: Roger Deakins
Montaje: Joe Walker
Música: Jóhann Jóhansson
Diseño de producción: Patrice Vermette
Dirección de arte: Bjarne Sletteland
Duración: 121 minutos

Elenco

Emily Blunt como Kate Macer
Benicio Del Toro como Alejandro
Josh Brolin como Matt Graver
Daniel Kaluuya como Reggie Wayne


Tras las estimulantes "Incendies" (2010), "Prisioners" (2013) y "Enemy" (2013), el cineasta canadiense filma su película más hollydoonse hasta la fecha, se trata de un thriller sobre el narcotráfico de estructura lineal que se distancia en lo formal de sus anteriores trabajos.

Sicario ofrece un cocktail de testosterona en el que el uso reiterativo de la violencia funge como catalizador de una trama que raspa por la superficie el tema del narcotráfico, enfocándose más en las altas esferas que están envueltas en el mismo, sea de parte de quienes distribuyen las drogas, como de quienes luchan para que estas no lleguen a las calles. El primer caso corresponde al cartel mexicano de Sonora y el segundo al Departamento de Defensa de Estados Unidos. El tono moral de la película queda evidenciado en una escena en la que un director regional del FBI (Víctor Garber) indica a la protagonista que no se preocupe de si sus actos son ilegales y enfatiza que la línea de lo legal se ha corrido por órdenes superiores.

Como resultado, el espectador sigue la trama desde la perspectiva de la idealista agente Kate Macer (Emily Blunt), especie de jueza moral de las acciones de un grupo formado por personas de diferentes agencias policiales y militares que planean desestabilizar el mencionado cartel. Villeneuve vuelve a usar a una mujer protagonista como lo hiciese en Incendies y Polytechnique (2009), sin embargo, el diseño del personaje carece de peso en el filme y se diluye en la acción. ¿Qué representa este personaje? ¿Un idealismo caduco, un moralismo vacío, la esperanza de un mundo mejor? La ambigüedad no se disipa aun después del final. A. O. Scott del New York Times, señala: "Kate is a bit of a blank, on hand as a filter through which the audience can scrutinize Matt and Alejandro, who are far more intriguing characters".

El resto del elenco está encabezado por Josh Brolin y Benicio del Toro, quienes interpretan al jefe de la operación Matt Graver y a Alejandro, respectivamente. Este último se nos presenta como un especialista en el tema del cartel, pero no es más que otro sicario, uno que trabaja (por el momento) para el gobierno de Estados Unidos. Esta cualidad diluida entre los buenos y los malos, junto a la falta de profundidad narrativa hacen que el filme reproduzca clichés, sin atreverse a mostrar un lado diferente, con poca ambición y más parece un discurso político que una disección sobre el narcotráfico.


En esta línea el filme se asemeja a "El infierno" (Luis Estrada, 2010), que con un tono más humorístico trata de "quedar bien" con el público al mostrar las crueldades de los narcos y las víctimas que se ven arrastradas en esa vorágine de violencia. Ambos filmes saben llegar al público que les interesa, ejemplo de ello es la decisión de sus directores de distanciar al espectador de lo narrado-mostrado, una especie de autocensura que busca tener al espectador en un lugar seguro.

En "El infierno", Estrada distancia a través del uso del humor y la caricaturización de los personajes. Mientras que en "Sicario", Villaneuve lo hace a través de lo técnico, cuando la imagen en pantalla se vuelve un negativo debido a la visión nocturna que emplean los personajes en una misión. Ese distanciamiento que recuerda el efecto creado en un videojuego, coloca al espectador en una distancia segura al reconocerse la artificialidad de lo mostrado. En otros momentos también recurre a la caricturización, en especial del personaje de Josh Brolin.

La violencia se vuelve un recurso estético-narrativo, pero siempre desde la distancia. También sucede que el director al diseñar un fondo de la historia, cargado de imágenes violentas: cuerpos mutilados, muertos colgando de puentes, personas tiradas en el suelo tras recibir un balazo, entre otros; satura al espectador, por lo que el uso de lo violento se vuelve innecesario para narrar y en vez de generar aprehensión en el espectador, este se acostumbra, se pierde el suspenso. Parafraseando a Alfred Hitchcock: no hay que darle todo al espectador de una sola vez.

Caso contrario es lo que se aprecia en el logrado filme Heli (2013) con el que Amat Escalante ganó el premio a Mejor Dirección en Cannes. Ahí la violencia va en crescendo, la mirada es multifocal como lo es en la realidad el complejo fenómeno del narcotráfico. Mientras que Sicario concentra la acción en los operativos especiales desde la óptica estadounidense, Heli narra desde la perspectiva del ciudadano medio, el que vive el narcotráfico a la vuelta de su casa y sufre las consecuencias. En ambas hay escenas en las que un vehículo se acerca a una vivienda, pero mientras que Villaneuve destroza la pared de la vivienda para un resultado efectista y meter al espectador de lleno en la historia desde el inicio; Escalante lo hace desde el encuadre, posiciona el inmenso vehículo de tal manera que empequeñece la casa, en una alegoría de las fuerzas que representan uno y otro bando.

Fotograma de Heli (Amat Escalante, 2013)

Son dos formas de hacer cine, uno concentrado en impresionar desde la violencia visual y lo vertiginoso del montaje; y otro que apuesta por un ritmo pausado, cámara fija y estilo cuasi documental. Y es que en Heli, llega momentos en que se desea quitar la mirada, pero no se puede, el encuadre no da esa opción, la tensión es angustiante. El espectador es tan víctima de la violencia como los personajes del filme.

El documental "Narco cultura" (2013) de Shaul Schwarz también permite apreciar de forma eficaz el fenómeno del narcotráfico, ubicando los hechos en Juárez, al igual que en Sicario, y siguiendo a Edgar Quintero, un reconocido líder de Culiacán y al agente Richi Soto.

El cortometraje Contrapelo (2014) de Gaerth Dunnet Alcocer, también logra sumergir al espectador en un estado de tensión gracias a la violencia sugerida, pero no mostrada. La historia trata sobre un barbero que tiene la posibilidad de matar a un capo de la droga mientras le hace la barba, mientras se explora los aspectos morales de uno y otro personaje.

En todos esos casos hay un manejo menos sensacionalista del tema del narcotráfico, tanto en el contenido como en la técnica empleada por sus directores para dar a conocer las historias. En cambio, en el filme de Villaneuve se percibe cierto envoltorio artificial, puede deberse a que se trata de un guion original de Taylor Sheridan, el primero que hace pues su carrera hasta el momento ha sido como actor de televisión. El tono de Sicario y algunas secuencias recuerdan series como 24 (2001-2010) y otros filmes que muestran operaciones policiales y un ambiente predominantemente masculinizado.

En comparación, el que Incendies estuviera basada en una obra teatral de Wadji Mouawad, permitía tener un contexto más cercano a los conflictos bélico religiosos en el Líbano de la década de los setenta y ochenta del siglo pasado;  el trabajo de investigación en Sicario se queda corto.

Villeneuve se concentra, y lo hace muy bien, en crear una atmósfera, en introducir al espectador en un estado de tensión, gracias a la fotografía dinámica de Roger Deakins y a la música de Jóhann Jóhannsson. Las tomas panorámicas que muestran el escenario de los hechos, el extenso desierto por el que pasan la droga, la zona fronteriza, las calles estrechas de ciudad Juárez, túneles; junto con un diseño sonoro que prioriza el uso de sonidos electrónicos generan tensión, pero como indica el crítico del New York Times, A. O. Scott: "Mr. Villeneuve conjures an atmosphere of menace and pervasive cruelty, but after a while “Sicario” starts to feel too easy, less an exploration than an exploitation of the moral ambiguities of the drug war".




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