jueves, 10 de septiembre de 2015

Presos: las diferentes caras del encierro




Título original: Presos. Costa Rica (2015). Color.
Dirección: Esteban Ramírez
Guion: Esteban Ramírez y Walter Fernández
Cinematografía: Paulo Soto
Montaje: Alberto Ponce
Música: Bernal Villegas
Sonido: Sebastián Pérez Bastidas

Elenco

Natalia Arias como Victoria
Leynar Gómez como Jasón
Daniel Marín como Emanuel
Ligia Sanabria como Ana
Grettel Cedeño como Lili
Fernando Vinocur como Joaquín
Freddy Víquez como Tanque
Alejandro Aguilar como John Jairo
Jennifer Sánchez como Pris
Luis Fernando Alvarado como Roger




El tercer largometraje de Esteban Ramírez, tras Caribe (2004) y Gestación (2009), es un drama que narra la historia de dos jóvenes: Victoria, una muchacha que ha desertado del colegio y busca un trabajo y Jasón, quien se encuentra descontando una pena en la prisión debido a un homicidio.

La perspectiva del director es la de no revictimizar a la población carcelaria, esta sensibilidad le viene por influencia de su padre, director del importante documental "Los presos" en la década de los setenta del siglo pasado, con el que puso en perspectiva las condiciones de vida de los reos en la Penitenciaría Central. Al respecto Ramírez indica que su película "no solo pretende invitar a la reflexión sobre esos acuciantes problemas, pero también sobre los complejos desafíos de la libertad individual".

El resultado es una ficción que busca representar las diferentes formas en la que el ser humano está confinado, no solo por una institución que administra justicia a través de una cárcel, sino también por aquellas instituciones (familia, religión) que coartan las libertades. 

El primer caso se refiere a Jasón, joven reo que le queda poco para salir del módulo cerrado en prisión. Los antecedentes que indica el filme son vagos, se desconoce mucho del pasado del personaje, salvo que le gustaba bailar. Un accidente de tránsito, en el que mata a una persona lo lleva a descontar una pena por homicidio. Sin tener escenas de transición sobre esto, Jasón se muestra con cierta posición de poder en el penal, sin que se explique cómo llegó a obtenerla. Sobrevive mediante estafas telefónicas y venta de droga. El teléfono es su contacto con el exterior, así es como conoce a Victoria.

Ella, por su su parte, se halla en una aparente libertad, lejos del universo carcelario; sin embargo, las relaciones que mantiene con su pareja y su familia van develando que se asfixia mientras se debate entre lo que ella quiere ser y lo que los otros esperan de ella. 

La decisión estética del director lleva a filmar a Victoria con mucho primer plano, el encuadre cerrado funge como metáfora de ese encierro mental y emocional que experimenta; mientras que a Jasón se le observa más mediante planos generales, con el que se enfatiza el encierro físico en el que se encuentra. El plano general también se usa en otras dos escenas, para mostrar la ciudad desde la distancia, un cúmulo de casas y estructuras donde los protagonistas se desenvuelven, pero también donde el espectador lo hace, con lo que se enfatizan la visión de una sociedad encerrada.

El trabajo histriónico de los protagonistas facilita el fluir de las acciones, ambos hacen un buen trabajo, la actriz Natalia Arias convence con su fragilidad emocional, mientras que el trabajo corporal de Leynar es muy acertado, mimetizándose con el resto de personajes, la mayoría, reos sin experiencia previa en actuación.

Aunque el trabajo formal en el filme es bueno, el guion carece de profundidad dramática, en parte porque desvía la acción principal en una serie de subtramas que no logran ser relevantes y solo son pinceladas de algo que pudo ser. Principalmente en lo referente a la historia de Victoria con su pareja y familia. El personaje del padre no se aprovechó y el conflicto que planteaba se diluye en una escena que sabe a poco: el personaje interpretado por Fernando Vinocur da la espalda ante el reclamo emotivo de Victoria y desaparece para el resto de la trama. 

Esa falta de acentuación en lo dramático se agrava con la poca convicción que generan los secundarios, actuaciones deslucidas que en ocasiones se ven afectadas también por diálogos que no aportan a la trama.  En otras ocasiones, se usa el deus ex machina como recurso para que la historia no se estanque, pero no resulta creíble.

De los secundarios, cabe rescatar el trabajo de Mabel Marín como una mujer que es contactada por Victoria para ingresar droga al penal, entre ellas tienen una de las mejores escenas del filme: ante una situación de apremio, encerradas en un baño, dan a entender la forma en que ingresan la droga, lo reducido del espacio sirve de metáfora del encierro psicológico de la protagonista.

Ante la falta de un conflicto central que organice la estructura narrativa y se profundice en la historia, el filme se percibe tibio en sus intenciones, muestra más que propone. En este sentido las escenas dentro de la cárcel resultan más eficaces gracias a que casi siempre resultan realistas. Todo lo contrario con la acción referente a Victoria, que peca de exceso de personajes por lo que el drama de la joven se pierde en pequeñas subtramas que no son retomadas al final. Sus conflictos resultan poco creíbles, no porque no sean realistas, sino por la pobre interpretación de los secundarios.

Mención especial merece la mezcla y edición de sonido, un gran trabajo de excelente calidad. El sonido ambiente se percibe en diferentes capas lo que genera mayor cercanía entre el espectador y la película.

Presos es un filme de contenido social, con problemas de guion, pero con un desenlace bastante sugerente, que evita explicarle todo al espectador y busca mediante un final abierto generar un impacto. También vale la pena quedarse en los créditos finales y ver extractos del documental "Los presos" de Víctor Ramírez.


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