viernes, 17 de julio de 2015

El kafkiano divorcio de Viviane Amsalem




Título original: Gett. Israel - Francia - Alemania (2014). Color
Dirección y guion: Ronit y Shlomi Elkabetz
Cinematografía: Jeanne Lapoirie
Montaje: Joel Alexis
Diseño de producción: Ehud Gutterman
Duración: 115 minutos


Elenco


Ronit Elkabetz como Viviane Amsalem
Simon Abkarian como Elisha Amsalem
Menashe Noy como Carmel Ben Tovim
Sasson Gabai como Shimon Amsalem
Eli Gornstein como Rabino Salomon



Una propuesta similar a Nader y Simín: una separación (Asghar Farhadi, 2011), sin embargo, mientras la película iraní mostraba las consecuencias familiares y los conflictos entre vecinos, a raíz de la pretendida separación de la pareja; en este filme los directores casi no sacan la cámara de la habitación donde se lleva a cabo el juicio, en el que Viviane solicita se le dé el divorcio. Su esposo se rehúsa tercamente, por lo que el proceso lleva varios años. Las tomas fuera de la mencionada habitación corresponden al pasillo o antesala, por lo que la unidad espacial se mantiene en todo momento.

Y sobre el proceso, no es gratuito el pensar en Kafka mientras se ve el filme, situaciones burocráticas mezcladas con una ideología de vida que conlleva a situaciones absurdas, a la explotación, la falta de dignidad y la desesperación. Todo ello expresado maravillosamente por el elenco en su totalidad, todos brindan grandes actuaciones, la cámara puede enfocar más a la actriz y coguionista Ronit Elkabetz (Viviane); pero el trabajo de los dos abogados y el juez principal es muy destacable también. Cada uno de los testigos cumple a la perfección, todos van moldeando una historia que se despliega para volver reiteradamente a la misma situación.

El correcto guion evita caer en el tedio y mediante un humor muy calculado brinda ligeros espacios al espectador, el recurso de lo absurdo es una estrategia efectiva para tomar distancia sobre lo narrado, para evitar caer en la desesperación de que la imagen proyectada sea una imagen espejo de la situación cotidiana, más allá del tema del divorcio, acá hay una lectura de género y una realidad social que los directores muestran hábilmente.

El trabajo con la musicalización del filme también es de resaltar, la banda sonora es mínima, predomina el sonido ambiente para familiarizar la puesta en escena con un juicio real, y cuando se emplea alguna música esta acentúa el momento dramático. Silencio y sonido empleados con tino.

Los primeros planos explotan las capacidades histriónicas del elenco para transmitir una gama emocional variada, a su vez, que se usan planos detalles para hacer énfasis en las posturas de cada una de las partes, así un movimiento de pies, o unas manos apretadas tienen mayor capacidad de expresión que cualquier palabra.

El concepto de libertad adquiere varias aristas mientras cada testigo brinda su declaración: la intimidación de un esposo que se rehúsa a salir de la habitación, el miedo (más que respeto) a infringir la ley religiosa, el sometimiento de la mujer a una estructura patriarcal; y así mientras todos son esclavos de un sistema inoperante, absurdo, en la que la tozudez prima la toma de decisiones. No es casualidad que los planes nos muestren a los actores juntos entre sí, sin espacio para moverse en el encuadre, chocando en varias oportunidades, todos atrapados en ese microcosmos en el que se convierte la habitación, reflejo de la realidad social que se vive en las calles en esa sociedad, pero cuyo tema de fondo se extiende al resto del mundo.


 

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