domingo, 17 de mayo de 2015

Ex Machina o la moderna Prometea



 

Título original: Ex Machina. Reino Unido. (2015). Color y B/N
Director: Alex Garland
Guion: Alex Garland
Cinematografía: Rob Hardy
Montaje: Mark Day
Música: Geoff Barrow y Ben Salisbury
Diseño de producción: Mark Digby
Duración: 108 minutos



Elenco


Domhnall Gleeson como Caleb
Oscar Isaac como Nathan
Alicia Vikander como Ava
Sonoya Mizuno como Kyoko




En el 2013 otro filme británico de ciencia ficción y con un título casi idéntico (The Machine, Caradog James) sorprendió gratamente. Ahora, la opera prima de Garland, con un tratamiento muy diferente al filme de James sobre el clásico tema de la inteligencia artificial y la interacción ser humano-máquina; continúa el buen camino de este subgénero fantástico.

No se trata de un filme vertiginoso, de escenas de acción coreografiadas; sino que su premisa parte de un análisis filosófico sobre ese dilema del ser humano de querer crear una inteligencia que incluso le supere y así ser considerado un dios. Con extensos diálogos sobre esto, con referencias a científicos célebres o pintores, Oscar Isaac (Nathan) y Domhnall Gleeson (Caleb) brindan actuaciones disímiles, mientras que Isaac resulta convincente y usa su capacidad histriónica por todo el espacio disponible, Gleeson es más monótono con su accionar y no seduce, aunque está limitado por la puesta en escena tan "mecánica" que hace el director, tratando de encajar cada encuadre como si fuera parte de una pantalla de ordenador. En esto se nota la elección en la fotografía de basarse en una esala RGB. Así, el verde representa el afuera, el deseo de tener una libertad y ejecutar en ella decisiones conscientes; el azul, la falsa calma, el estudio de personalidades y la estratagema ajedricística de los diferentes personajes; y el rojo, la pulsión, el deseo, aquello que revela lo oculto.

Precisamente ese carácter de misterio que el guion plantea es lo que más seduce, un filme que teje su contenido y lo va revelando poco a poco. Nathan tiene que evaluar a Ava (Alicia Vikander) en una prueba (Test Turing) para medir su nivel de IA. Resulta imposible no comparar esta premisa con Blade Runner (Ridley Scott, 1982), sin embargo, el desarrollo en Ex Machina es más plano, merced a la actuación de Vikander y que desde el inicio sabemos que es una IA. La actuación de la sueca es acorde con la expresividad de la 'máquina' que debe ser, aunque su actuación corporal no debe ser pasada por alto. Ese conocimiento inicial es compensando a través del guion, por lo que el test consiste en siete sesiones, pero a lo largo de estas va creciendo la pregunta: ¿quién es el examinado?


Garland traza paralelismos con el Frankenstein de Mary Shelley, la criatura que desea acariciar su humanidad, víctima de un genio que la mantiene encerrada. La casa laboratorio de Nathan también es un laberinto, uno que muestra sus diferentes proyectos (los fallidos y los exitosos), pero en esa soledad, el genio y su criatura se aburren, necesitan de Caleb, un falso Teseo que juega en las redes laberínticas de ese moderno castillo de Frankenstein.

La atmósfera claustrofóbica es saboteada por el propio director en algunas escenas en las que filma fuera de la casa, en ellas se pierde el estado de tensión y los diálogos no alcanzan a cobrar mayor relevancia. De igual manera, la banda sonora no es muy elaborada y pasa desapercibida, no logra capturar la atención y angustiar, caso contrario a la fotografía, que sí permite contextualizar el agobiante espacio en el que se desarrollan los hechos.

Conforme se acerca el clímax, se agradece que la película no caiga en efectos banales, el director se mantiene fiel a su concepto original, mostrar un filme sobre ideas, más que un despligue coreográfico o un derroche de efectos visuales. Valga aclarar que los detalles visuales son muy buenos, pero estos se usan para ambientar la historia y no como un fin de la misma, por lo que su trabajo enriquece la valía de la película.

Una lectura más interpretativa, nos permite ver el filme como una fantasía sexista, en la que el hombre demiurgo (Nathan) controla todos los aspectos de la mujer (Ava), quien como la Eva bíblica existe a partir de la esencia masculina, una visión prometeica de la mujer que es construida con base a los modelos habituales de las fantasías eróticas sexistas. Los desnudos y la aproximación erótica de Caleb, buscan la satisfacción del deseo sexual de este, más que la salvación de ella; es decir, cambia el hombre, pero no la condición de encierro: el físico en la casa laboratorio de Nathan, o el psicológico afectivo en el marco de una relación con Caleb. Ante este panorama, Ava traza su propio plan, ejecución de una consciencia con lo que demuestra no solo que su IA es superior, sino que también reinvindica su condición de género, su independencia respecto al hombre. 

Otros filmes recientes de ciencia ficción que han reinvindicado el rol de la mujer en una sociedad que socializa con base en roles de género son Her (Spike Jonze, 2013) y Under the skin (Jonathan Glaze, 2013). Aún así, los tres filmes tienen un componente erótico que yace en las virtudes de sus actrices, gancho comercial que no se puede obviar.


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