lunes, 25 de mayo de 2015

Dos aguas, mar de contrastes






Título original: Dos aguas. Costa Rica-Colombia (2015). Color
Directora: Patricia Velásquez
Guion: Óscar Herrera y Patricia Velásquez
Dirección de fotografía: Gustavo Brenes
Montaje:Patricia Velásquez
Dirección de arte: Olga Madrigal
Música original: Óscar Herrera
Duración: 70 minutos


Elenco

Ismael Brown como Nató
Andre Devoto como Jefferson
Ariel Arguedas como Klane
César Maurel como Sr. Bazin
Orlando Brown como Sr. Brown
Glenda Halgarson como Sr.a Brown
Gladys Alzate como Aurora



De la provincia de Limón es usual encontrar noticias sobre hechos de violencia y el impacto negativo que tiene para sus pobladores las condiciones de pobreza en las que muchos viven; sin embargo, el cine casi no se ha aproximado a esta región. Como antecedente principal tenemos el filme de Esteban Ramírez, "Caribe" (2004).

En esta ocasión, el primer largometraje de Patricia Velásquez busca rescatar las diferentes facetas que se encuentran en esa zona del país. Como consecuencia, se muestran una serie de imágenes que sirven para contextualizar y ambientar al espectador, estas van desde la exhuberancia de la vegetación hasta personas que se divierten en una playa; sin embargo, se agradece que el filme no se vuelva una postal turística, solo muestra diferentes aspectos de la cotidianeidad limonense, pero no tiene una finalidad publicitaria. Las dos únicas tomas en las que se podría caer en lo turístico ornamental, pertenecen a la mirada del extranjero (Sr. Bazin), aspecto lógico en una zona que es conocida como destino turístico.

En la búsqueda por un sello visual, el filme encuentra su mejor valía, una fotografía hermosa que seduce, en la que el nivel de producción es bastante ambicioso con tomas aéreas, acuáticas y terrestres. Una pluralidad de la mirada que no tienen los personajes, quienes se ubican desde lugares que les limitan: un pescador, una cocinera, adolescentes que van del colegio a sus casas, de la playa al pueblo. Lejos, en el aire, está la mirada noticiosa, aquella de la cual se hacen eco los medios de información y que suele ser la única que conocen quienes viven en otras partes del país. Una imagen que muestra el problema central en "Dos aguas": el narcotráfico.

El título viene dado por el fenómeno en alta mar en el que dos corrientes marinas producen una zona en la que los objetos flotan y no son arrastrados por la marea, situación propicia para arrojar paquetes desde una lancha, para que pescadores y otras personas del lugar, seducidos por la promesa de una recompensa monetaria, se arriesguen a burlar los controles policiales y recojan esos paquetes.

Aunque se muestran diferentes conflictos por los que atraviesan los personajes, la directora opta por mostrar un lado amable, humanitario y solidario de los pobladores, lejos de la imagen estereotipada que se tiene de la zona. Son personajes fuertes y decididos, que se quieren entre sí. Este trato afectivo hacia ellos hace que el filme no muestre la crudeza del narcotráfico y sus consecuencias.

Como una sombra que sigue a los personajes, ese elemento de fatalidad va a ir penetrando en sus vidas y provocará el drama familiar que el filme narra. Sin embargo, la falta de cohesión entre escenas y hechos hace que "Dos aguas" tenga carencias estructurales en el relato.

Son muchas las situaciones que quedan en el aire, que son sugeridas, pero no tienen una consecuencia, incluso la muerte de un personaje resulta conveniente para que la película tenga una razón de ser. En este mostrar y no explicar, no hay profundidad en ningún personaje, estos no pasan de ser anecdóticos, lo mismo sucede con el argumento. La linealidad cronológica de la historia impide que se conozcan hechos mostrados, mas no desarrollados.

Con un ritmo muy lento, en el que el trabajo de edición entrelaza secuencias por medio de imágenes de la naturaleza, que sirven para contextualizar, mientras la banda sonora hace énfasis en el aspecto emocional de los personajes; se van dilantando los sucesos. Estas transiciones incluso parecen pequeños videoclips musicales. Lo natural cobra mayor relevancia sobre el drama emocional de los personajes, o del pueblo, algo que no se explora.

La poca credibilidad de los actores, merced a diálogos poco verosímiles tampoco contribuye al fluir de la historia. El diseño de los personajes acierta en el apartado físico con los actores quienes los interpretan, pero no en el aspecto psicológico, ya que resultan planos, sin matices. Cuando hablan parece que recitan las líneas del guion, no que están actuando, en este sentido hay que exceptuar a César Maurel, buen actor cuyo trabajo se pierde en un guion que no logra enfatizar el nudo narrativo, el conflicto argumental.

Con esta nueva producción costarricense se confirma el buen talento que está apareciendo en los apartados técnicos, una fotografía apabullante de Gustavo Brenes, una música atractiva y pertinente por parte de Óscar Herrera, se unen a una muy buena edición y mezcla de sonido, elementos que no hace mucho eran muy cuestionados en la cinematografía nacional. Sin embargo, el aspecto medular de un filme, su estructura argumental sigue siendo el talón de Aquiles, algo que hay que mejorar.


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