domingo, 8 de febrero de 2015

Birdman: el eterno retorno de Iñárritu




 
Título original: Birdman. EE.UU.-Canadá (2014). Color
Director: Alejandro González Iñárritu
Guion: Alejandro G. Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris y Armando Bo
Cinematografía: Emmanuel Lubezki
Montaje: Douglas Crise y Stephen Mirrione
Música: Antonio Sánchez (batería)
Diseño de producción: Kevin Thompson
Dirección de arte: Stephen Carter
Duración: 119 minutos


Elenco

Michael Keaton como Riggan Thomson
Emma Stone como Sam
Edward Norton como Mike Shiner
Naomi Watts como Lesley
Zach Galifianakis como Jake
Andrea Riseborough como Laura



El peregrinaje constate del director mexicano Alejandro González Iñárritu, lo llevó a filmar una película híbrida, la cual no termina por encajar en ningún lado. No es una típica producción hollywoodense, pero tampoco es cine arte, aunque tiene elementos de los dos.

Una constante a lo largo de sus cinco largometrajes de ficción, ha sido la noción de desplazamiento. En primer lugar, la cámara se moviliza, sea a través de planos secuencias o travellings; y segundo, los personajes cambian de locaciones, se trasladan en una incesante búsqueda. En su nueva película, Iñárritu también emprende ese movimiento en lo estético, estableciendo conexiones con su filmografía, mientras plantea 'Birdman' como un solo (falso) plano secuencia, en el que el espectador presencia la noción de movilidad en todo momento.

La fragmentación narrativa también se da, si en 'Amores perros' o 'Babel' la historia está subdivida en tres partes bien diferenciadas, en 'Birdman', la fragmentación se da en varios niveles: se narra un drama familiar (Riggan, su hija Sam y su ex-esposa Sylvia), un drama profesional (el montaje de una obra teatral que ha resultado caótica) y un drama personal (el de Riggan que se enfrenta con su alterego por el rumbo que debe tomar su carrera). Además, hay una serie de subtramas que le dotan de cierto naturalismo a la película: la historia conflictiva entre Mike y Lesley; el romance entre Mike y Sam; la fricción en la relación de Riggan y Laura, por citar algunos.

El panorama se complica cuando todas esas múltiples tramas se despliegan en un escenario barroco, en el que siempre ocurre algo, no hay respiro. La acción está sobrecargada, pero también los escenarios lo están, infinidad de detalles que es difícil de apreciar en su totalidad con un solo visionado. Ahora, lo barroco no hace mención de la tradición europea, si no que es una manera de Iñárritu de trasladar su cultura dentro de la industria de Hollywood.

Cuando los personajes caminan por los pasillos del teatro y las luces dan un tono específico a cada encuadre, es como si se caminase dentro de una vivienda mexicana en un día festivo, en donde las habitaciones están cargadas con objetos alegóricos, a la vez que la luz dota de vida al lugar. Otro ejemplo se aprecia en la secuencia en la que Riggan entra a una licorera, del cielo raso cae una enramada de bombillas en forma de chiles, destacando aquellos que proyectan una luz verde y roja. Cada cuadro está trabajado para resultar exótico a la mirada.


Ante un escenario tan cargado, surge la pregunta de cómo se le da unidad a un filme de estas características. La respuesta se obtiene en la intención de mostrar la película como si se tratase de un único plano secuencia. En realidad hay un trabajo de montaje que camufla los cortes, pero eso no resta mérito. El plano secuencia une y da estabilidad a cada escena, a cada acción, entrelaza a un personaje con el otro, da una continuidad espacio-tiempo: la escena en la que Mike y Sam se besan en la parte alta del teatro, mientras la cámara hace un descenso para mostrarnos al propio Mike junto al resto del elenco frente al público.

El desplazamiento circular de la historia y los personajes dota de una particular organicidad al relato. Se trata de un eterno retorno que tiene diferentes lecturas. El protagonista se siente perdido y al borde del colapso por la presión de resurgir su carrera, sus fantasmas personales (representados en la mejor tradición dickensiana por el superhéroe que interpretó en el pasado y lo catapultó a la fama) le acosan y en su constante ir y venir, del escenario al camerino, surge la imagen de un Sísifo cargando con la piedra del éxito, la metáfora se muestra en toda su capacidad en la secuencia en la que Riggan se queda fuera del teatro y literalmente tiene que hacer un recorrido circular para reintroducirse al mismo, se sale y se reintroduce a la obra y en el proceso, el director muestra el circo del espectáculo.

La escena que se menciona fue filmada pensando en evitar el mayor número de transeúntes en el Times Square, a quienes se ven principalmente son extras y al propio equipo de producción. Esta manifestación orgánica del proceso creativo de filmación está palpable en toda la película. Iñárritu dialoga con la cámara sobre lo que significa hacer cine en la actualidad, pasando de la cámara al teléfono celular, mientras el público observa la imagen como si fuese una sola toma. Otro ejemplo de la organicidad se presenta cuando la cámara evidencia el detrás del escenario, los vestidores, las tramoyas, los cables, las luces, etc. El cine se precia de sumergir al espectador en una historia ficticia ocultando el cómo lo hace, pero en 'Birdman', Iñárritu quiere hacer notar ese proceso.

La estructura del guion recuerda el llamado realismo mágico, movimiento literario latinoamericano en el que la intención radica en presentar lo extraño, irreal o fantasioso dentro de la cotidianeidad, uno y otro interactúan y sirve para expresar ideas o emociones. De los habitantes muertos que rodean a Juan Preciado en 'Pedro Páramo' de Juan Rulfo (1955) a las discusiones entre Riggan y su alterego en 'Birdman' hay un hilo conductor; lo extraño se hace presente en varios momentos: objetos que son manipulados mentalmente por Riggan, tal como lo hiciera Eliseo Subiela en 'Hombre mirando al sudeste' (1986). El no-final de la película refuerza la noción del realismo mágico, un presunto momento en el que otro personaje comparte la experiencia del protagonista o acaso esté teniendo su propia manifestación de lo extraño en su cotidianeidad.


Tal como significa el mito del eterno retorno, la película no lleva a ningún lado, el no-final es un caminar en círculos, un empezar el recorrido, bien se puede iniciar la película y seguir en esa dinámica eternamente. Argumentativamente, es una debilidad en lo propositivo, queda más presente la espectacularidad visual del filme que la idea del director de ir más allá de la imagen, se ahoga en la parafernalia. Sin embargo, como se mencionó al inicio, 'Birdman' tiene un carácter híbrido, como si Iñárritu tratase de encontrar su lugar en la industria cinematográfica, tanto él como el protagonista se muestran desorientados y al final crean ese nuevo género que el personaje de la crítica de teatro llama el "súperrealismo".

El filme trata de responderle al propio director una pregunta, cuya respuesta no termina por esclarecer. Desde esta perspectiva, Iñárritu explora para sus adentros, aunque se va quedando sin ideas. La frustración se percibe en la violencia con la que trata a los personajes, al público dentro de la ficción teatral, a los críticos de teatro o cine, y al espectador, todos reciben un discurso visceral o se les apunta con un arma. El mensaje también está dirigido hacia el propio Hollywood: con varias referencias internas, que de manera cínica, critican las producciones del subgénero de superhéroes que han inundado las carteleras en los últimos años.

En todo momento se está consciente del carácter ficticio de la obra, de ese "súperrealismo", del discurso megalómano de su director y de los abundantes clichés, pero esto no evita que resulten cómicos, algunos hilarantes. Sin embargo, el predominio de lo artificial y la constante acción no enmascaran la pobre construcción de personajes, principalmente del protagonista. Michael Keaton hace una buena interpretación dentro de lo que se le exige, pero su personaje no va para ningún lado, no evoluciona, es muy plano. Al resto del elenco le sucede lo mismo, no son malas actuaciones, es un vago diseño de personajes; quien destaca es Edward Norton que se muestra más polifacético y Zach Galifianakis quien con su personaje aporta calma y sirve de contrapunto al caos.

'Birdman' bien puede entenderse como la "inesperada virtud de la ignorancia" o como un premeditado y ambicioso filme de múltiples capas. No plantea una filosofía de la imagen en tanto proposición temática o ideológica, tampoco reflexiona sobre el cine como arte; si no que en su espectáculo genera preguntas entorno al cine como industria y hacia dónde se dirige, cuál será su siguiente manifestación. Algo que otras películas también han hecho ('El congreso' de Ari Folman, 'Map to the stars' de David Cronenberg o 'Las nubes de Sils María' de Olivier Assayas, por citar algunas recientes). Para empezar a responder tales interrogantes, habrá que esperar el siguiente proyecto de Iñárritu.


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