sábado, 18 de octubre de 2014

Relatos salvajes




Título original: Relatos salvajes. Argentina-España (2014). Color
Director: Damián Szifrón
Guion: Damián Szifrón
Cinematografía: Javier Julia
Montaje: Pablo Barbieri y Damián Szifrón
Música: Santiago Santaolalla
Diseño de producción: María Clara Notari
Duración: 122 minutos

Elenco

Darío Grandinetti como Salgado (segmento "Pasternak")
Rita Cortese como la cocinera (segmento "Las ratas")
Julieta Zylbergberg como la moza (segmento "Las ratas")
César Bordón como Cuenca (segmento "Las ratas")
Leonardo Sbaraglia como Diego Iturralde (segmento "El más fuerte")
Walter Donado como Mario (segmento "El más fuerte")
Ricardo Darín como Simón (segmento "Bombita")
Óscar Martínez como Mauricio (segmento "La propuesta")
Osmar Núñez como el abogado (segmento "La propuesta")
Germán de Silva como el casero (segmento "La propuesta")
Diego Velázquez como el fiscal (segmento "La propuesta")
Érica Rivas como Romina (segmento "Hasta que la muerte nos separe")
Diego Gentile como Ariel (segmento "Hasta que la muerte nos separe")



Para entender la estructura segmentada y la mezcla de géneros que plantea este filme, vale repasar la carrera de su director.  Damián Szifrón inicia haciendo cortometrajes y participa en un par de series de televisión ("Los simuladores" y "Hermanos y Detectives") en su país; de ahí se entiende que se sienta cómodo contando historias breves, concisas y que impacten. Sus dos largometrajes previos, "El fondo del mar" (2003) y "Tiempos de valientes" (2005) evidencian una tendencia a mezclar géneros, su cine discurre entre la comedia negra, el thriller, el drama y la acción, de acuerdo a las intenciones narrativas. En el primer filme explora las razones celotípicas de un arquitecto obsesionado con su novia que lo lleva a recorrer Buenos Aires mientras su paranoia aumenta. Y en su segunda película, un psicólogo tiende que cumplir una condena mientras brinda apoyo terapéutico a un policía deprimido, en su periplo se ven involucrados en un complot que atenta la seguridad nacional.

Como se puede ver, Szifrón, juega con los personajes -y con el espectador-, mientras que cada historia comienza de una manera, su desarrollo es imprevisible. Esos trabajos previos le permitieron perfeccionar su estilo narrativo y ahora nos regala una obra maestra, un filme explosivo, corrosivo, que no pretende ser políticamente correcto, al contrario, brinda la oportunidad de redimir a sus personajes y al público, quien se logra identificar y sublima sus pulsiones en la ficción cinematográfica.

Escena del segmento "Pasternak"

"Relatos salvajes" se divide en seis segmentos, sus protagonistas no están conectados, tampoco sus historias, es decir, estos no se llegan a conocer y entrecruzar, como es habitual en este tipo de filmes (ver por ejemplo "Amores perros" o "Babel", ambos del mexicano Alejandro González Iñárritu). Sin embargo, sí hay un hilo conductor, un eje temático que hilvana cada historia y les da una razón de ser. Este hilo es la violencia en la que se desarrollan y viven sus personajes, una lucha entre el fuerte contra el débil, entre el rico contra el pobre; el quien tiene los recursos contra el que no, el gobierno con sus trampas políticas y el ciudadano víctima del sistema.

Los segmentos son: "Pasternak", "Las ratas", "El más fuerte", "Bombita", "La propuesta" y "Hasta que la muerte nos separe". En vez de hacer un análisis de cada parte, es mejor comprender y analizar la obra en su totalidad. Es muy llamativo la fina secuencia de los créditos iniciales, vemos imágenes de diferentes animales (cada uno representa a un actor/actriz), unos conocidos por sus habilidades como predadores, otros por ser las víctimas de los primeros, es una buena clave de lo que vamos a ver...

Escena del segmento "Las ratas"

La mayor virtud que demuestra el director es su claridad narrativa, un guion sólido que indaga en las profundidades, que expone la violencia como una solución de tan fácil acceso, pero no para vanagloriarse o convertirse en un ser malvado; cada historia plantea una desigualdad, un trato desfavorable en el que las víctimas se levantan y yerguen, usan lo que tienen a su disposición y contraatacan. La sociedad en ocasiones suele ser así, la mayoría de las veces, las personas bajan la cabeza y se dejan dominar por el poder político, social o económico; en otras, las protestas se dejan notar y adquieren tintes revolucionarios; esta película desde su lugar artístico es una revolución contra un sistema opresor. De manera incisiva, Szifrón explora diferentes aspectos de la sociedad, nos muestra esa sombra junguiana y la manera en que cada uno está sumergido en ella, ocultos por deseos reprimidos, hasta que ya no hay espacio o paciencia para más.

Escena del segmento "El más fuerte"

Junto con el orden narrativo, es sorprendente la maestría que demuestra el director para filmar cada segmento con un estilo diferente entre sí: "Pasternak" tiene algo de humor y misterio, una mezcla perfecta para enganchar al espectador, usa efectos digitales y encuadre cerrado. "Las ratas" resulta más cínico en su planteamiento, más voraz, es una declaración de intenciones que advierte al espectador que no va a presenciar una historia tradicional; usa una estética visual más trabajada, que refleje en tonos amarillentos y verduscos el asco que siente la protagonista. En "El más fuerte", estamos ante una de las mejores escenas de acción que se puedan ver en los últimos años, tras un preámbulo que va elevando la tensión, con un manejo envidiable de ritmo narrativo (una edición espectacular) que combina planos generales con planos medios y desemboca en la lucha a muerte de dos hombres que en sus masculinidades encuentran las excusas de sus acciones; la aceleración del montaje y el uso de plano y contraplano para mostrarnos la elaborada coreografía es maravillosa, tomas dentro del automóvil, filmadas en espacio reducido que trasladan la intensidad a las butacas. En el segmento "Bombita", un tremendo actor como lo es Ricardo Darín, nos muestra el drama del ciudadano medio, aquel que trabaja, tiene sus dificultades familiares, un individuo que ve más hacia el afuera que hacia su interior; se trata de un drama con elementos humorísticos de la lucha contra un sistema viciado, que se traga al ciudadano; su accionar lo convierte ante la ley en un "terrorista", pero para otros es un héroe. En este segmento es interesante cómo Damián Szifrón usa elementos comunicativos contemporáneos (redes sociales) para narrar y sintetizar las emociones que ha generado lo que hemos visto. 

Escena del segmento "Bombita"

Pasamos con la siguiente historia, "La propuesta", una realidad ineludible, poco importa la moral cuando está en riesgo el prestigio y si se tienen los medios económicos para comprar una "versión de los hechos", ¿por qué no hacerlo? Dos familias dolientes, el sobreviviente de una solo lo vemos por las noticias al igual que la indignación popular; mientras que el relato se centra en lo que sucede con el victimario y su familia, pronto descubrimos que el dinero puede comprar una solución, pero esta viene con un precio, ahí está el otro asunto, el director mete el dedo en la llaga -deberíamos decir en el bolsillo- y lo que se veía tan claro en un principio se empieza a enturbiar. Destaca la estupenda fotografía para resaltar estados emocionales: las imágenes de un telenoticiero, la calidez del hogar donde ocurren los hechos, en el que la madera y una paleta de colores marrones dan una sofisticación al hogar y una maravillosa escena en la que vemos un jardín con varias hojas en su suelo, mientras los negocios turbios se suceden. Por último, "Hasta que la muerte nos separe", reinvindica los filmes con un planteamiento de género, el director evita caer en la mal llamada "lucha de géneros", es cierto que se parte de clichés, pero estos no impiden un desarrollo con buenos giros narrativos; el papel de la víctima cambia constantemente, las alianzas son difíciles de cuestionar, la parodia en lo que se ha convertido un matrimonio, una fiesta en la que los excesos son la norma y en la que los empleados (camareros, fotógrafos, mucamas, cocineros) son testigos pasivos -o bueno, casi todos son pasivos-; sin ser sexista, la historia nos muestra un comportamiento machista, pero no hay una valoración moral del acto, sino que lo que vemos son las acciones impulsivas, en parte producto del dolor y el sentimiento de venganza, pero que terminan de forma irónica y patética, reflejo de una sociedad enferma en sus estructuras.

Escena del segmento "La propuesta"

La complejidad técnica de la película es muy elevada, diferentes tipos de tomas, escenarios, vestuario, un diseño de producción impecable. Resalta también las variaciones en la fotografía de acuerdo al tono de cada segmento, así como la maravillosa banda sonora de Gustavo Santaolalla, quien conduce al espectador a través del metraje, guiándolo, puntualizando ciertas secuencias más tensas y calmando con una partitura más delicada en otras, en general da una unidad temática al filme en su conjunto.

Escena del segmento "Hasta que la muerte nos separe"

Las actuaciones son de altísimo nivel, no hay actor o actriz flojo, impecable dirección de actores. Consagrados como Darín, Sbaraglia, Grandinetti o Marínez, junto con otros principiantes, un casting correcto, que buscó rostros reales para situaciones que si bien están en el marco de una ficción cinematográfica, se entienden como arquetipos sociales como lo plantea el director: "...toma situaciones conflictivas de la cotidianeidad, esas a las que yo mismo he estado expuesto y que como ciudadanos comunes reprimimos tras medir el costo-beneficio de una acción, optando por ser menos impulsivos y no responder a las agresiones externas" (Szifrón citado por Marita Simón en "Relatos salvajes", seis historias que transitan desde la cordura a la total locura). Y es que "Relatos salvajes" resulta tanto cómica como horrorífica, el público empatiza más con el cinismo y la crueldad, con esa forma desinteresada y utilitaria de relacionarse con los demás, también con la venganza y retribución de lo que se considera "justo". Pero el filme también nos habla de una sociedad en crisis, no solo la argentina, sino que es algo que vemos a nive global (puede que de ahí el interés de tantos festivales de cine de mostrar esta película), entonces, ¿los espectadores también están empatizando con esto?, entienden la sociedad enferma en la que vivimos o, se deja de lado el sentirse identificado por un accionar malicioso, amoral y se prefiere seguir bajando la cabeza; lo que el director llama "la difusa frontera que separa a la civilización de la barbarie, del vértigo de perder los estribos y del innegable placer de perder el control" (Szifrón citado por la revista "Haciendo cine", 22 de marzo de 2013).

Un filme que expone elementos de lo que podríamos llamara "la argentineidad", pero que se vuelve universal en tanto que el conflicto y el nudo dramático no son exclusivos de ese país, y el placer y la contención conviven en cada ser humano. "Relatos salvajes" presenta una estética muy bien lograda a través de sus historias, aunque ideológicamente puede que no sea del gusto de todos, no por el contenido visual, sino por un nihilismo implícito en la visión del ser humano que plantea el director, un caos cuyos protagonistas se permiten acariciar y disfrutar, pero el filme no propone -ni aspira a hacerlo- algo más, no hay moraleja, solo alegorías fílmicas muy bien representadas.



 Avance de la película:


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