miércoles, 22 de octubre de 2014

Hotel Nueva Isla






Título original: Hotel Nueva Isla. Cuba-España (2014). Color
Dirección: Irene Gutiérrez Torres, Javier Labrador
Guion: Irene Gutiérrez, Javier Labrador, Lorenzo Salazar
Cinematografía: Javier Labrador Deulofeu
Montaje: Lorenzo Salazar
Documental, 70 minutos
Sitio oficial: http://www.hotelnuevaisla.com/


Elenco

Jorge de Los Ríos Vega como el mismo
Waldo Muñoz Hernández como el mismo
Vivian Pacheco como ella misma
Josefina Patterson como ella misma



La primera imagen nos muestra a un hombre mayor tratando de romper parte del cielo raso, la situación se extiende y la cámara hace un corte y pasamos a ver al mismo hombre en otra tarea que ya intuimos es cotidiana. Nunca sabremos las motivaciones de Jorge -el nombre del hombre que vimos- para hacer todo eso, los directores usan una puesta en escena minimalista, austera, sin banda sonora para mostrarnos a este personaje a quien le vamos tomando cariño.

En el 2006, Florian Bochmeyer y Matthias Hentschler filman "Habana: Arte nuevo de hacer ruinas" (http://vivecinescrupulos.blogspot.com/2013/08/habana-arte-nuevo-de-hacer-ruinas.html), un documental que se centraba en mostrarnos la ciudad desde sus ruinas, de estas sobresalían una serie de personas cuyas vidas estaban delimitadas por la arquitectura donde residían. Este trabajo fue una de las inspiraciones que llevaron a Irene y su equipo a filmar "Hotel Nueva Isla", sin embargo, más que narrar, su documental es una descripción visual del día a día de Jorge y unos cuantos vecinos que habitan en un edificio en ruinas en La Habana. 

La ausencia de giros narrativos vuelve monótona la acción. Este puede ser el principal problema, más en sociedades en las que se está acostumbrado a ver otro tipo de cine, con una aceleración de ritmo y con acción al tope en cada momento en la pantalla. No es el caso de este documental, cuyo ritmo lento sigue las huellas de su protagonista, un hombre viejo quien no necesita apresurarse en la vida. Un "fantasma viviente" de una Cuba de otra época, de sueños e ilusiones, revoluciones e ideales. La película no tiene un matiz político, pero eso no impide pensar en el pasado de Jorge y en el por qué terminó viviendo en ese edificio que se cae con el paso del tiempo. Jorge no necesita trabajar para pagar un alquiler, su tiempo no está definido por una jornada laboral; tampoco ocupa hacerse de objetos lujosos para dar significado a su vida, por ello el ritmo del filme, la monotonía del quehacer diario de Jorge queda reflejada sin añadiduras.

El proceso de realización tomó casi tres años, desde encontrar el hotel, dilucidar la historia, filmarla y hacer la postproducción; de acuerdo a la directora, gran parte de la película se logró en la edición, debido a que no estaban seguros sobre lo que estaban filmando; esto se refleja en algunos pasajes en los que los planos secuencias son extensos y la concepción temporal se pierde, ¿cuánto dura lo que estamos viendo? ¿Unas semanas, meses, un año?

La cámara brinda una perspectiva fenomenológica al espectador, es decir, tiene una función descriptiva, la cercanía de esta con los personajes confieren una intimidad a la historia que se refuerza por las tomas estáticas y planos continuos. Otro factor que influye es que la cámara no abandona el hotel, en todo momento vemos su interior, el afuera solo nos llega por débiles sonidos o imágenes fuera de foco, lo que interesa ocurre adentro del edificio. En esto los directores se distancian del trabajo de Bochmeyer, que nos mostraba diferentes espacios e infraestructuras; aunque comparten el tono ceremonioso y nostálgico con la que envuelven el argumento.


Jorge y el edificio son uno solo, las vigas y paredes del hotel, revelan un esqueleto que da un precario sostén y vivienda a unos cuantos, así como el enjuto cuerpo de Jorge le permite realizar sus rutinas, él deambula por los corredores vacíos, sube gradas que no llevan a ninguna parte, escarba el suelo en busca de tesoros inservibles, pero eso no importa, le dan un sentido a su vida, lo mismo que su presencia le da un respiro a los otros habitantes que vemos: un perro, fiel compañero y testigo silencioso; un hombre solo que sueña con una casa de lujo; una mujer con su niña y a Josefina, una mulata que ama a Jorge, pero que este, por alguna razón, no le permite entrar en su vida, al menos no en lo que vemos. El protagonista es una especie de Quijote, como lo hace ver la directora por medio de un programa radial (rompiendo el discurso documental y añadiendo algo de ficción al relato. Lo mismo hace cuando escuchamos una canción y vemos a Jorge y Josefina bailar); sus molinos son los recuerdos que le atan al hotel.

De Cuba se tiene la noción de una isla paradisíaca, otros pensarán en las causas revolucionarias y en sus líderes políticos, pero pocos tienen la oportunidad de conocer a esos habitantes que parecen fantasmas, que caminan entre las ruinas y hacen de ellas su hogar, este documental nos regala eso, nos permite conocer una realidad oculta, que no sale en las postales turísticas. También permitió que Jorge trascendiera más allá de su confinamiento autoimpuesto, al quemar sus recuerdos y despedirse de su pasado y este documental contará su historia, tal como él lo hizo con los poemas que dejó en las paredes de su hotel.



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