viernes, 5 de septiembre de 2014

La antena




Título original: La Antena. Argentina (2007). B/N
Director: Esteban Sapir
Guion: Esteban Sapir
Cinematografía: Cristian Cottet
Montaje: Pablo Barbieri Carrera
Dirección de arte: Daniel Gimelberg
Música: Leo Sujatovich
Animación stop-motion: Juan Antín
Duración: 99 minutos

Elenco

Rafael Ferro como el Inventor
Alejandro Urdapilleta como el Hombre TV
Valeria Bertuccelli como el hijo del Hombre TV
Florencia Raggi como La Voz
Sol Moreno como Ana
Julieta Cardinali como Enfermera
Jonathan Sandor como Tomás
Raúl Hochman como el hombre ratón
Ricardo Merkin como el abuelo
Carlos Piñeyro como el Dr Y
Camila Offerman como Niña hada
Valeria Bertuccelli como narrador

Reconocimientos

Asociación de Críticos de Cine Argentinos: Mejor Director, mejor sonido, mejor edición
Academia de Cine Argentina: mejor sonido, mejor edición
Festival Internacional de Rotterdam: Película de inauguración


Con tan solo dos películas en su currículo, el realizador argentino Esteban Sapir, ha logrado hacerse un lugar propio en la extensa cinematografía de su país. Tras "Picado fino" (1996) y diez años en la industria publicitaria, filma La Antena, una suerte de película distópica a la vez que anacrónica. Narrada de manera secuencial a modo de cuento infantil -desde el comienzo vemos cómo se abre un libro del cual surge la ciudad en la que se sitúa la acción- mantiene un argumento sencillo, una historia del bien contra el mal, con personajes claramente definidos, sin embargo, es su factura técnica, el modo mediante el cual nos cuenta esta historia, por lo que resulta sumamente grata e innovadora, no solo para el cine argentino o latinoamericano, sino también mundial. Particularmente en el contexto argentino:

"La antena subraya y critica el papel penetrante de las industrias audiovisuales en la ciudad. Mientras que se incluye como un filme del Nuevo Cine Argentino, se distingue de otros proyectos de su época por su aceptación de una cinematografía no realista: representa las complejidades del sistema de diseminación de los medios televisivos y de la internet contemporáneos y su interrelación con la experiencia urbana con una estética surrealista y lúdica" (Amanda Holmes, « Reciclaje y homenaje en la ciudad televisiva de La antena (Esteban Sapir, 2007) », Nuevo Mundo Mundos Nuevos [En ligne], Images, mémoires et sons, mis en ligne le 29 janvier 2012).

La gestación de "La antena" está directamente relacionada con el periodo en que su director laburó para la industria publicitaria, en este sentido tiene elementos biográficos o, al menos, anecdóticos. Y aunque el realizador declarara que no pretendía hacer una crítica a todo lo que significan los medios de comunicación: "El filme no es una crítica a los medios de comunicación sino al mal uso de los medios de comunicación que suelen crear necesidades. Muchas veces los medios actúan de forma totalitaria, y eso es muy peligroso porque son usados como armas" (Sapir en entrevista al diario "El Mundo", España); es claro que el mensaje trasciende y se erige por encima del discurso.

La historia nos presenta a una familia de clase media, en el que padre -El Inventor (Rafael Ferro)- y el abuelo (Ricardo Merkin) pierden su trabajo con el Sr. TV (Alejandro Urdapilleta) al tener un accidente. La ciudad en que viven está dominada por el déspota Sr. TV, quien vende sus productos y controla a las personas a través de la televisión, así ha logrado dejarles sin voz. Sobre este aspecto, "La antena" se distancia de otras películas mudas en tanto la ausencia de sonido no es producto de la falta de tecnología o como recurso artístico, sino que tiene una lógica argumentativa. El único impedimento que tiene el Sr. TV para tener control absoluto, es la existencia de La Voz (Florencia Raggi), la única persona que conserva la capacidad de emitir sonido, o al menos eso piensan todos, puesto que ella tiene un hijo con la misma habilidad, pero que carece de vista. El niño, Tomás (Jonathan Sandor), se hace amigo de la hija de El Inventor, Ana (Sol Moreno). Mientras el Sr TV y el Dr. Y (Carlos Piñeyro) construyen una máquina que acabará con las palabras, el Inventor junto a su exesposa (Julieta Cardinali) y los dos niños buscarán la manera de evitarlo.

Como se mencionó antes, la trama es sencilla y sigue un orden causal. Pero la dirección de arte se eleva sobre el relato, la imagen opaca a la palabra y junto a la música nos narran las acciones. Sapir usó un storyboard de unos 4000 dibujos para organizar cada escena de la película, en contraste con el guion de tan solo 60 páginas, por lo que resulta lógico que el film sea tremendamente visual.

Mientras que el rodaje se llevó a cabo en once semanas, el trabajo de postproducción tardó tres años: "Nos tomamos el tiempo para lograr que la película se viera muy analógica, como un 'collage', y lo más complejo fue haber conseguido esa textura" (Sapir en entrevista al diario "El Mundo", España). El director quería transmitir, desde la imagen, una idea de producto artesanal y al no contar con equipo profesional, el trabajo se extendió. La ciudad no tiene nombre, puede ser cualquiera, así como puede estar ubicada en el pasado o en el futuro. Si bien el vestuario y los peinados nos remiten a los años treinta y cuarenta del siglo XX; algunos elementos tecnológicos son contemporáneos, además, su postura distópica sobre la influencia de los medios de comunicación -similar a lo que George Orwell planteó en su novela 1984- hace posible pensar en que la acción sucede en un futuro cercano.


El personaje del Sr TV también está diseñado de forma ambigua, por un lado parece un gángster salido de las películas policíacas, pero su actitud es de un empresario moderno y su objetivo está lejos de robar un banco, quiere el control total para vender su producto.

Visualmente, "La antena" remite de inmediato al expresionismo alemán, la ciudad está inspirada en "Metrópolis" (Fritz Lang, 1927), al igual que la imagen de La Voz se asemeja al robot en el filme alemán. Otras influencias expresionistas provienen de "El gabinete del Dr. Caligary" (Robert Wiene, 1919) o "Fausto" (F. W. Murnau, 1926). Aunque hay otras referencias como "Viaje a la luna" (George Méliès, 1902) y "Tiempos modernos" (Charles Chaplin, 1940), mientras que la fotografía está inspirada en "Europa" (Lars von Trier, 1991).


La relación entre el Sr. TV y su hijo también guardan relación con "Metrópolis", una lucha familiar que los divide según los intereses. Aunque, "Mientras Metrópolis pinta una jerarquía política representada en la misma arquitectura de la ciudad y basada en quién tiene la posibilidad de trabajar con las manos y quién con el cerebro, La antena representa una ciudad dividida entre los que sólo pueden ver pasivamente y los productores de los programas de televisión y la propaganda a ser consumida" (Amanda Holmes, ibid).

Estéticamente, el expresionismo se aleja de un tratamiento real de la historia, busca a través de los contrastes entre luz y sombra los caminos fantásticos de la narración. Sapir quien trabajó mucho tiempo como fotógrafo antes de ser director, busca en esa clave visual la estética que desea para su filme. Al recordar al cine mudo de los inicios del cine, también se distancia de cualquier acercamiento realista, lo vemos desde las actuaciones, que por momentos son cómicas y muy expresivas -propio del cine mudo-; hasta el uso de efectos visuales. Otro elemento importante en la estética del filme proviene del cómic, los intertítulos son parte de la película, no se limitan a informar para que el espectador no se pierda en el argumento, sino que expresan conceptos como lo hacen en las viñetas de los cómics.

La tipografía, el movimiento, el tamaño de las letras van acorde con los momentos emocionales de los personajes, remarcan los sentimientos, tienen una función onomatopéyica; incluso los personajes interactúan con los intertítulos: los esconden, los ven o están delimitados por estos, como en el caso del hijo del Sr. TV quien siente -literalmente- el peso de las palabras ('Enciérrenlo para siempre') que salen de la boca de su padre, o cuando el ruido de las balas se transforma en letras que atraviesan al abuelo para abatirlo. Holmes explica que "Como bien lo analiza Melinda Blos-Jáni, el uso de intertítulos en La antena no sirve como prueba de una ineficacia—es decir, la falta de diálogos sonoros—como en los filmes del cine mudo, sino que demuestra la artificialidad y la autoconciencia de la narración" (Amanda Holmes, ibid).

Otro recurso del cómic o novela gráfica es el cambio de positivo al negativo en la película, permitiendo una expresión visual menos violenta y más artística. Esto se suma a una banda sonora original, compuesta por Leo Sujatovich, maravillosa, que explota el aspecto lúdico del filme y logra articular y dar cuerpo a la historia, a falta de diálogos sonoros y entendiendo los intertítulos como parte de la imagen, la música se encarga de subrayarnos los momentos del filme, es la voz de los personajes, el espectador se guía a través de la clave musical para asimilar estados de ánimo y la atmósfera de cada escena.

La trama del bien contra el mal se encuentra simbolizada -de manera fácil y poco creativa- por la esvástica y la estrella de David, con lo que se contraponen dos situaciones históricas del imaginario colectivo de la humanidad. Sapir declaró: "La película no está exenta de simbología política. Incluí íconos como la estrella de David o la esvástica para situar a la película en nuestra realidad, para no hacer de ella algo totalmente abstracto" (Sapir en entrevista al diario "El Mundo", España). 


La fotografía de Cristian Cottet se vale tanto del expresionismo como del cine negro para encontrar un lenguaje visual, en postproducción se trabajó en darle un aspecto "análogo" según Sapir. El mayor reto del rodaje fue imaginar las diferentes capas que irían a configurar el cuadro final; gran parte del filme está hecho con los actores trabajando delante de una pantalla verde, por lo que la interacción es imaginaria, el director de fotografía tiene que medir y pensar cómo se va a ver el resultado final, cuando este está compuesto por varias capas que se filman por separado, un trabajo arduo, pero que al final logra una estética inmejorable. Se trabajó con maquetas, animación stop-motion y efectos digitales; había una ciudad modelo que se fabricó para darle un aspecto más tangible, mientras que la nieve -que parece plumas- se agregó por computadora.

Dejando de lado el aspecto técnico artístico del filme, y metiéndonos en la historia, esta abarca varios temas que son muy relevantes en la sociedad actual. Al existir una ciudad sin voz y un villano que quiere robar las palabras para convertirlas en masa para sus productos, estamos ante un moderno cuento sobre la incomunicación, en el que el mayor villano son los medios de comunicación de masas:

"Los medios hacen que de alguna forma nosotros perdamos nuestra propia visión y nuestra propia opinión, de la realidad, de lo que sucede, de lo que nos rodea. La película infiere el tratar de recuperar, de alguna manera, aquello que yo siento que se perdió, como de detenerse ante el mundo y quedarse pensando un momento, desde uno" (Sapir en "Cómo se hizo: La antena". Dirigido por Lisandro Grané y María Meira, 2007).
Al no existir la capacidad de comunicarse, las personas se convierten en otro tipo de masa, que no piensa, que solo existe para consumir. Hay una clara postura anticapitalista en el discurso que se ve reflejada en los síbolos soviéticos que usan los personajes del Inventor (una gorra con una estrella) y Tomás (un casco con las siglas CCCP -que traducidas del alfabeto ruso son las iniciales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-). Aunado al símbolo de la esvástica, tenemos una posición ideológica antitotalitarista, en la que el capital y los medios de comunicación -representados en el Sr. TV- son vistos como los modernos totalitarismos.

Una palabra es parte de un lenguaje, un código que bajo unas reglas específicas sirve para que un grupo se comunique y se exprese, ahora, controlar la palabra significa controlar los conceptos a los que estas se refieren. Cuando una persona queda sin "voz" y sin "palabras" pierde una parte esencial de su ser, queda aislado del resto, incapaz de autorreconocerse ni de reconocer a los otros, sean personas u objetos, no importa, al no poder crear significados ni tener la capacidad de corresponder un sentimiento a una acción, el mundo circundante termina siendo totalmente ajeno, la propia persona se vuelve ajena a sí misma. En la película se usa un espectáculo de masas -una pelea de boxeo- para concentrar a la multitud y ejecutar el plan, dormirlos -mediante la imagen proyectada por el televisor con la que escuchan a La Voz- y robarles las palabras, dejarles sin significados y por lo tanto sin la capacidad de pensar. Es un mensaje muy fuerte el que plantea el director, la alienación de una raza a partir de la propia tecnología que ha creado, para que alguien se aproveche y lucre con ello.

Llama la atención que los dos únicos personajes que tienen nombre son los niños, Ana y Tomás, el resto los conocemos por su función: Inventor, Enfermera, La Voz, el Sr. TV, el hijo del Sr. TV, Dr. Y o el hombre ratón. El nombre otorga unicidad a la persona, le da un lugar en el mundo, los adultos en "La antena" han perdido ese lugar, sus relaciones quedan establecidas por su función, están al servicio de lo social y, por añadidura, a los medios de comunicación que dirigen el orden social. La esperanza de un cambio está en los niños, librepensadores que a través de la curiosidad y la creatividad pueden devolverle el sentimiento a la humanidad, hacer preguntas y cuestionar lo establecido. Otro personaje que es una niña, es el que se encuentra dentro de la antena y quien escribe los 'oráculos' al Sr. TV, con una chupeta en la boca y un caso con teclas de una máquina de escribir, está ciega ante la realidad, sus movimientos parecen seguir la lógica de un juego kinético -y a la vez mecánico-, siguiendo las flechas que se encuentran a sus pies según estas se iluminen. Pero cuánto tiempo ha estado en ese rol, al final su cuerpo envejece rápidamente, revelando su carácter quimérico.

La película también cuenta con un narrador, pero como es muda, no hay una voz en off que nos dirija, sino que solo vemos las manos en una máquina de escribir, también es quien abre y cierra el libro-arte en 3D con el que se nos cuenta la historia. Se trata pues, de un narrador desde la palabra escrita, curiosamente es interpretado por la misma actriz que hace del Hijo del Sr. TV, Valeria Bertuccell.

"La antena" puede ser analizada desde otras posiciones, por ejemplo, desde el contexto propiamente argentino y lo que significa para su pueblo quedarse sin voz a la luz de sucesos históricos, que aún hoy no están esclarecidos. Aunque la narración que hace Sapir evita dar un nombre o lugar específico a la ciudad, con lo que se facilita la asimilación de la historia en otros países y continentes. "La antena" es ante todo una obra artística con una estética provocativa, queda la recomendación para verla.



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