viernes, 8 de agosto de 2014

La eterna noche de las doce lunas




Título original: La eterna noche de las doce lunas. Colombia (2013). Color. Documental
Directora: Priscila Padilla
Guion: Priscila Padilla
Cinematografía: Daniela Cajías
Montaje: Ximena Franco
Música original: Dany Rubio y Sol Okarina
Duración: 87 minutos

Elenco

Filia Rosa (Pili)
Cecilia Urania (abuela)

Premios

Festival Internacional de Cine Latinoamericano de Toulouse: mejor documental latinoamericano
Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias: premio India Catalina



Documental colombiano sobre las tradiciones de los indígenas Wayúu en Colombia. Ellos viven en el territorio de la Península de La Guajira (Norte de Colombia), pero se extienden hasta territorio venezolano. Resalta el hecho de que tienen autonomía constitucional. El filme nos retrata un rito de transición que hacen las niñas para convertirse en adultas. En este caso, el argumento nos muestra a la joven Filia Rosa 'Pili', quien al momento de su primera menstruación decide completar el ritual de las doce lunas para hacerse una mujer respetable a los ojos de su comunidad.

El rito, que se ha mantenido generación tras generación es un ejemplo de la forma en que este pueblo busca conservar su cultura, frente al modernismo de la "civilización" occidental. Los Wayúu son una sociedad matriarcal, por eso 'el encierro' (nombre con que se refieren al ritua de transición) es vital para la estructuración de sus actividades. Con el encierro, la niña queda aislada del resto de la comunidad, especialmente de los hombres, solo puede ser visitada por su abuela quien la ayuda a limpiarse cada mes en que le viene su período; así pasan los meses, la joven aprovecha el tiempo para meditar sobre su condición de mujer, entender lo que significa ser una mujer Wayúu, además aprende a tejer, oficio importante para el desarrollo económico-social del pueblo.

Durante el encierro, Pili recibe un corte de cabello, se le construye una casa donde permanecerá aislada. Solo tiene una hamaca y un telar con el que aprende el oficio

Ante los ojos de quien no está familiarizado con esta cultura, el ritual parecería extraño e incluso ingrato para con las niñas; sin embargo, hay que entender el filme en su contexto, se trata de las tradiciones de un pueblo indígena, a través de las cuales dotan de significado a los eventos a su alrededor, así como a sí mismos. En este sentido, no dista en nada de los rituales que se siguen en el cristianismo o cualquier otra religión. En la notas de prensa sobre el documental se explica: "LA ETERNA NOCHE DE LAS DOCE LUNAS busca mostrarle al mundo una práctica cultural que encierra toda una serie de costumbres, creencias y prácticas de una comunidad que día a día lucha por el fortalecimiento de su identidad".

El reto de la directora -Priscila Padilla- para realizar este filme supuso varios años de investigación y trabajo. Tuvo que ganarse la confianza y aceptación de los Wayúu, para esto hizo un primer viaje a su territorio en el 2008, ahí exploró la geografía y fue adentrándose en las costumbres de los indígenas. Entre 2009 y 2010 regresó en otra expedición en la que continuó su investigación y definió lo que sería el guion de la película. Ahí conoció a una señora que le permitió integrarse a una ranchería Wayúu, al poco tiempo, Priscila hacía las labores diarias junto con las aldeanas. Cabe mencionar que todo el equipo de producción estaba compuesto por mujeres, requisito indispensable para poder hacer el documental. La directora cuenta que: "Yo quería contar a través de una niña cómo se daba ese proceso, y mostrarle al mundo cómo esta práctica cultural, que la gente piensa que no existe, es una herramienta de reflexión, donde la mujer empieza a conocer su cuerpo, y a asumir el papel que la mujer Wayúu representa en su comunidad” (Nota de prensa).

Para la etapa de investigación, los Wayúu no permitieron que estuvieran hombres presentes. Una vez iniciado el rodaje, algunos hombres se sumaron al equipo de producción, principalmente para realizar la fotografía exterior. Los momentos de intimidad de Pili solo estuvo presente la directora.

El principal impedimento se dio por el hecho de que tuvieron que esperar casi ocho meses a que la niña escogida tuviera su primera menstruación, hecho vital para que la película empezara a filmarse. El rodaje se hizo durante mayo del 2011 y octubre del 2012. En ese tiempo Priscila llegó a convivir con Pili por lo que ella misma tuvo tiempo para asimilar y meditar sobre su existencia: “Yo generalmente dormía en otro rancho, pero un día la abuela de Pili me dijo que debía dormir con la niña, a partir de ahí yo dormía con ella, fue un honor para mí, fue el momento en el que nos pudimos acercar y en el que realmente pude conocer su historia, su experiencia. En ese momento en el que la niña está aislada y aparentemente dormida, es cuando realiza una profunda reflexión de su ser, un momento para pensarse y construirse como mujer Wayúu. Ojalá yo hubiese tenido esa oportunidad para reflexionar, es realmente una etapa donde se vuelve a nacer. Lo que me aportó fue que me ayudó a pensarme como mujer, a quererme como mujer” (Nota de prensa).

Toda esa cercanía queda reflejada en la película, un trabajo narrado con gran sensibilidad que se ve reflejado en la hermosa fotografía de Daniela Cajías, quien capturó la esencia del paisaje de La Guajira y lo proyectó como metáfora de la paz con la que viven los Wayúu. Es importante indicar que el ritmo pausado del documental hace eco al estilo de vida de los indígenes, el occidental acostumbrado a un ritmo frenético, a la urbe que exige acción constante, se olvida de tomarse el tiempo para reflexionar y pensar sobre su papel en el mundo; en cambio, el contacto de los Wayúu con la naturaleza les permite explorar día a día estas situaciones.

La cámara en mano se aleja del estilo fenomenólogico de otros documentales, acá no se trata solo de mostrarnos las costumbres del pueblo, en esto lo podemos diferenciar del tipo de documental de corte antropológico que se suele hacer para televisión (National Geographic, Discovery Channel, etc.); por el contrario, la directora tiene una intención de adentrarnos en el sistema de pensamiento Wayúu, no solo de mostrarnos imágenes, para ello participa de la acción, su cámara profundiza en el aspecto humano tanto como en el cosmogónico. Esto último se puede apreciar cuando vemos las danzas y apreciamos la música -a base de instrumentos de viento y tambores- que acompañan la vida social de los Wayúu,"...usados [los instrumentos musicales] en celebraciones relacionadas con el desarrollo de la mujer e implica danzas en donde ésta desafía al hombre, por lo que se considera que la mujer danza en condición de esencia o energía protectora" (Nota de prensa).

Hacia el final de su encierro, la joven Pili ha madurado, su estatus social es diferente, es un orgullo para todo el pueblo, en especial para su abuela, quien ha trabajado toda su vida en preservar las tradiciones ancestrales. El miedo que siente la joven al reintegrarse a la sociedad, la hace ver todavía una niña ante los ojos del espectador, pero para ella, otro reto comienza, ahora lleva sobre sus hombros una responsabilidad para con su pueblo. Hermosa la actitud que dice cuando un señor de una ranchería vecina llega pidiéndole a la abuela casar a la nieta con su nieto, tanto la abuela como Pili, priorizan el estudio al matrimonio.



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