domingo, 10 de agosto de 2014

La doble vida de Verónica




Título original: La double vie de Véronique. Francia-Polonia-Noruega (1991). Color
Director: Krzysztof Kieslowski
Guion: Krzysztof Kieslowski y Krzysztof Piesiewicz
Cinematografía: Slawomir Idziak
Montaje: Jacques Witta
Diseño de producción: Patrice Mercier
Música: Zbigniew Preisner
Duración: 96 minutos

Elenco

Irène Jacob como Weronika y Véronique
Władysław Kowalski como el padre de Weronika
Halina Gryglaszewska como la tía
Aleksander Bardini como el conductor de la orquesta
Jerzy Gudejko como Antek
Claude Duneton como el padre de Véronique
Philippe Volter como Alexander Fabbri
Bruce Schwartz como el titiritero

Premios

Cannes: mejor actriz, premio del Jurado Ecuménico y premio FIPRESCI
Sindicato de Críticos de Cine de Francia: mejor película extranjera
Premios Sant Jordi: mejor actriz extranjera
Festival Internacional de Cine de Varsovia: premio de la audiencia


"The realm of superstitions, fortune-telling, presentiments, intuition, dreams, all this is the inner life of a human being, and all this is the hardest thing to film"
Krzysztof Kieslowski



"La doble vida de Verónica" es ante todo una fábula, una historia que se lee desde lo sensitivo más que desde lo racional, de ahí que el mismo argumento sea simple, lo interesante es su estructura y todos los juegos que el director plantea.

El filme inicia en 1968, vemos a una niña con su madre durante una navidad. Luego, estamos en 1990, la joven es Weronika, una mujer polaca quien canta en un coro, su vida transcurre de manera idílica entre su pasión por el canto y un romance con su novio; un día mientras camina por una plaza en Cracovia se percata en una turista francesa que es exactamente igual a ella. No se ven más. Tras un accidente que sufre, el director traslada la acción a Francia, donde conocemos a Vèronique -la turista que habíamos visto antes-, es una profesora de música que recién renuncia para llevar otro tipo de vida; se enamora de un titiritero con quien vive un romance, aún así, un sentimiento de extrañeza la invade, ella siente que algo le falta...

Como particularidad las dos mujeres están interpretadas por la misma actriz, la suiza Irène Jacob, joven musa del director que encarna el sentimentalismo en estado puro; ganadora del premio a mejor actriz en el Festival de Cannes, Jacob dota a cada personaje con un estilo diferenciado, mientas que Weronika es más entusiasta y decidida, Vèronique es más sofisticada, reflexiva. Ambas transmiten una expresividad muy natural, gracias al trabajo histriónico de Irène, sobre el que Cowie menciona: "...she acts with the flawless candor born of total confidence in her director: her look transcends the words she utters. She confides in the camera and, by extension, in us, her audience" (Cowie, Peter. "Kieslowski's Muse". Ensayo de la versión en DVD editado por Criterion Collection).


Las dos mujeres viven de manera apasionada, sin embargo, aunque sexualmente activas y liberales, su pasión no es de índole sexual; sino artística, su vocación musical las emparenta. Roomney acota "Both women are sexually active, yet their truly intense ecstasies come in nonsexual situations: few cinematic images of female pleasure are as pronounced as Weronika’s face in the rain, or as that swooping camera movement over Véronique when she gets up after reading on her bed" (Romney, Jonathan. "The double life of Vèronique: through the looking glass". Ensayo de la versión en DVD editado por Criterion Collection).

La canción que canta Weronika, es la misma que enseña su otro yo francesa. Cowie escribe al respecto: "In both characters, however, a contained tenderness and susceptibility gives rise to inklings of mortality and of something beyond merely corporeal experience" (Cowie, op. cit).

También comparten la extrañeza de creer que hay algo más, Weronika expresa un presentimiento de que no está sola, mientras Vèronique tiene la sensación de que ha perdido algo. De manera sutil y delicada, el director nos muestra el universo de cada una, caracterizado por la intimidad, desde sus relaciones sentimentales hasta sus pensamientos, no interesa tanto la acción, lo que sucede, sino que la historia seduce, hipnotiza desde la imagen, desde el sentimiento; la vida de estas dos mujeres, aparentemente desconocidas, aunque idénticas abarca toda la atención del espectador.

Los filtros lumínicos le confieren un aspecto mágico a la historia

Gran parte del carácter ambiguo de la película está dado por el uso de filtros en la fotografía. Vemos un acabado verde-amarillento que permea toda el metraje, esto le brinda una estética de cuento de hadas a la historia, lo que resulta en un estilo más poético. Un trabajo estético que el director retomaría en su trilogía de los colores (Azul, 1993; Blanco, 1994 y Rojo, 1994).

El juego de dobles el director lo emplea de manera creativa, al inicio vemos la tierra y el cielo invertidos, la visión es de Weronika; más adelante será Vèronique, quien através de una esfera transparente ve un mundo al revés. En otras escenas la protagonista está frente a un espejo, reforzando la dualidad que ella presiente, pero no logra confirmar. Todavía más metafórico resulta cuando la cámara nos muestra la acción a través de un vidrio, ¿a quién vemos?  Por momentos las imágenes pueden parecer distorsionadas por el mismo efecto, indicando una naturaleza ¿metafísica? de alguna de las mujeres. Pero sin dudas, el momento más lúdico es cuando Vèronique se encuentra con Alexander -el titirireto-, quien llega a fabricar un par de marionetas con la cara de la francesa, más dobles, más representaciones, más dualidad. Ella extrañada indica que por qué son dos, y él de manera automática contesta que debido al trabajo, las marionetas se dañan, por lo que tiene que tener lista una de repuesto. Esta escena da cabida a imaginar que no son dos mujeres, sino una sola, una es el reemplazo de la otra. Antes, cuando recién se conocen, Vèronique atiende junto a sus estudiantes a un espectáculo que Alexander efectúa en la escuela donde trabaja, en la obra, una bailarina se lesiona y tras pasar por un período de crisálida se convierte en una especie de hada. Otra imagen que se refiere a la transformación del ser, metáfora que efectúa Kieslowski para hablarnos de la propia naturaleza del ser humano y su capacidad para convertirse en otra u otro.


El personaje de Alexander también introduce en el juego a Vèronique, quien como una niña, se deja seducir por lo atractivo del misterio, así, a través de una serie de correspondencias, ella irá armando el misterio de su admirador secreto, incluso le indica a su padre que se ha enamorado, pero que todavía no conoce al hombre. Los paquetes del correo y las referencias a la cuerda/hilo del destino -según la tradición de la mitología griega- trazan una conexión entre su doble polaca y ella. Recordemos que Weronika jugueteaba con un hilo de su colcha, mientras que Vèronique lo hace con el cordón del zapato que le envía Alexander, a propósito de uno de sus cuentos. Esto abre otro portillo interpretativo, podría el titiritero ser una especie de guía, de conexión entre las dos realidades, sus textos y la obra que le vemos presentar pueden ser considerados como premonitorios, incluso cuando fabrica las dos marionetas, la historia que cuenta guarda una analogía con lo que hemos visto.


El filósofo Slavoj Zizek va más allá y propone un juego de repetición, como en los videojuegos, cuando un personaje muere, una vida extra permite revivirlo y continuar jugando, sin embargo, se aprenderá de la experiencia previa para sortear la muerte y continuar el juego: "...when one choice leads to a catastrophic ending, we can return to the starting point and make another, better choice—what was the first time a suicidal mistake can be the second time done in a correct way, so that the opportunity is not missed. In The Double Life of Véronique (1991)" (Zizek. "The doube life of Vèronique: The force choice of freedom". Ensayo de la versión en DVD editado por Criterion Collection). La estructura ambigua permite creer que se trata de una sola mujer, aunque la lectura de Zizek es muy imaginativa.

"La doble vida de Verónica" es una película que recuerda que el cine-arte es propositivo, presta mucha atención a los detalles que maquillan la película hermosamente, los filtros de luz son como la envoltura, un papel celofán a través del cual vemos el ansiado regalo. Sencilla en su argumento, compleja en su narrativa; seduce y nos transporta al universo propio del director. ¿El final? Queda abierto a la imaginación de cada quien y aquí no se quiere coartar la capacidad de ensoñación...


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