lunes, 30 de junio de 2014

El inquilino




Título original: Le locataire. Francia (1976). Color
Director: Roman Polanski
Guion: Gerard Brach y Roman Polanski, basados en la novela homónima de Roland Topor
Cinematografía: Sven Nykvist
Montaje: Françoise Bonnot
Música: Phillipe Sarde
Dirección de arte: Claude Moesching y Albert Rajau
Diseño de producción: Pierre Guffroy
Duración: 126 minutos


Elenco

Roman Polanski como Trelkovsky
Isabelle Adjani como Stella
Melvyn Douglas como Señor Zy
Jo van Fleet como Madame Dioz
Shelly Winters como la concerje


También conocida como "El quimérico inquilino", es el cierre de la trilogía de apartamentos, iniciada con Repulsión (1966) y seguida por El bebé de Rosemary (1968). También es el regreso definitivo del director a Europa, no volvería a filmar en territorio estadounidense merced a la orden de captura que tuvo por la violación de una menor de edad. 

Presentada en el Festival de Cannes de ese año, el filme obtuvo malas críticas tanto del público como de los especialistas, sin embargo, con el pasar de los años, se ha convertido en lo que se suele llamar "una película de culto". Lo más fieles al polaco la elevan, mientras que otros aceptan que tiene fallos, pero aún así es una obra interesante, intensa, que mezcla varios géneros. Lo que no podemos negar es que "El inquilino" se entiende mejor si se conoce la obra de Polanski y si se está acostumbrado a su macabro humor.

Basada en la novela de Roland Topor, uno de los creadores del movimiento pánico, junto a Fernando Arrabal y Alejandro Jodorowski; el relato nos narra la llegado de Trelkovsky (Roman Polanski) a un edificio de apartamento, él está interesado en alquilar un cuarto cuya última inquilina está agonizando en el hospital tras intentar suicidarse. Una vez instalado en el lugar, Trelkovsky empieza a notar que sus vecinos no son "normales" y al mínimo sonido que haga se quejan con el propietario, el Señor Zy (Melvyn Douglas); ni siquiera puede reunirse con sus compañeros de trabajo ni llevar amigas; el constante asedio hace que poco a poco vaya perdiendo el sentido de la realidad. Acá es cuando el filme opta por rumbos más surrealistas, mostrándonos el deterioro mental del protagonista; Trelkovsky intentará sobrevivir a su paranoia...

La condición migratoria sigue estando presente en el cine del polaco, en este caso la ciudad de París es un lugar agresivo desde la mirada de Trelkovsky: lo difícil de conseguir un lugar para vivir, alquileres altos, la mirada amenazante del otro, la dificultad para establecer relaciones, etc. Polanski, un sobreviviente del holocausto, ha hecho un cine en el que demuestra su falta de un lugar, sus personajes suelen encontrarse en las antípodas sociales, revelando el lado oscuro de ciudades que para otros son destinos turísticos: Londres (Repulsión, 1966) y Nueva York (El bebé de Rosemary, 1968). En ocasiones los personajes sobreviven, en otras no.


El filme también nos muestra otra constante de Polanski, el voyerismo, la cámara se convierte en el instrumento fetichista del director y, en una complicidad, el espectador disfruta o sufre de ese voyerismo. "El inquilino" inicia con un plano secuencia que nos muestra el edificio de apartamento donde se llevará a cabo la historia, una secuencia que sirve de homenaje a "La ventana indiscreta" (1954) de Alfred Hitchcock. Luego conocemos al protagonista y desde esa primera aparición de un joven y tímido Trelkovsky, interpretado por un también frágil Polanski, el espectador verá toda la película desde la perspectiva del inquilino; compartirá su particular locura.

La dirección de arte y diseño de producción son sorprendetes para la época, un trabajo que transmiten la sensación de extrañeza y el surrealismo que el director quería. Los escenarios son opresivos, barrocos. Junto al vestuario logran transmitir la atmósfera setentera. Si "Cuchillo en el agua" o "Repulsión" no se pueden imaginar con una fotografía a color, "El inquilino" sería otra película de haberse hecho a blanco y negro. Principalmente si se piensa en términos del humor que Polanski utiliza. Una fotografía a B/N haría del filme una experiencia más cercana al cine de horror que a la comedia surrealista que es. Un thriller atípico de un director atípico, que explora diferentes estéticas y lenguajes.

La narrativa se ve afectada por los excesos visuales, por momentos los cambios de estilo entre suspenso, comedia negra y surrealismo no son limpios; algún espectador se puede sentir perdido. De igual manera los cambios entre escenas durante la primera media hora son abruptos, luego, cuando el protagonista se adentra en la locura y el aspecto surrealista se hace más presente, las transiciones mejoran. A pesar de ello, el filme tiene una linealidad en la secuencia de hechos que hace seguir con facilidad las acciones. Polanski también experimenta con la circularidad temática, así, inicio y fin tendrán un hecho en común que sirve como elemento de suspenso y como discurso narrativo. Algo similar lo vemos en Inland Empire (2006) de David Lynch.


El concepto de circularidad en Polanski guarda relación con el concepto del Eterno Retorno, una repetición de hechos y eventos que cuentan una historia al mismo tiempo que la escriben o producen, de esta manera se entiende la transfiguración de Trelkovsky en Simone Choule (la anterior inquilina) y cómo se repiten situaciones cual si fueran un ritual, Nietzsche indicó que no solo los hechos se repiten, sino también los pensamientos y los sentimientos, de esta manera, comprendemos el cambio de Trelkovsky y cuando expresa que los "otros" quieren convertirlo en una nueva Simone Choule. El eterno retorno no debe ser entendido solo como una repetición de algo en una línea de tiempo; implica también una noción moral, la misma actitud ante eventos que se vuelven a repetir, así, la condición de extraño/extranjero de Trelkovsky implica una decisión moral de parte de los vecinos, una relación idéntica entre las partes que conlleva a un final también idéntico. En la mitología, se suele representar el Eterno Retorno con el Uroboros, la serpiente que se come a sí misma y que encontramos en diferentes civilizaciones en la historia. Cuando se representa a la serpiente mordiendo su cola y una parte de esta queda por fuera de la boca, el significado es de protección; mientras que cuando se come a sí misma es un símbolo de transformación o cambio, de reinicio. Sobre este punto, recuérdese el "zoom" con que finaliza la película, la cámara nos adentra hacia la boca del protagonista.

Uroboros, 1478, dibujo del alquimista Thedoros Pelecanos
Escena final de la película que refuerza la idea de la circularidad y del eterno retorno

Otra explicación sobre el fenómeno vivido por Trelkovsky sería que tiene una enfermedad mental. El espectador al igual que los vecinos y resto de personas que entran en contacto con el inquilino, reconocen que el comportamiento de este es anormal. Sabemos que es paranoico, algo que él desconoce, la psicología plantea diferentes diagnósticos de acuerdo al enfoque: Trastorno Paranoide de la Personalidad (DSM-IV), Esquizofrenia paranoide; o Personalidad esquizo-paranoide (Melanie Klein). Llama la atención una escena en la que Trelkovsky le dice a Stella (Isabelle Adjani) que se encontró un diente y que el diente es parte de la personalidad, luego dice: "¿En qué preciso momento una persona deja de ser quien cree que es?" y a continuación habla sobre la posibilidad de que el YO cambie o no, en caso de perder algún miembro u órgano. Esto es una analogía a la desintegración psíquica que sufre el personaje a lo largo de la película, en la que su contacto con la realidad es cada vez más problemático, llega a tener alucinaciones -particularmente macabras aquellas en las que se ve a sí mismo desde la ventana de su apartamento y en la que ve una cabeza de mujer por la ventana-; conflictos en sus relaciones y particularmente, se trasviste usando las pertenencias de la fallecida Simone. Su mente escindida busca en una doble representación mantenerse en control, aunque la falta de contención y comprensión por parte del entorno social hace que Trelkovsky solo encuentre una salida...


Desde una perspectiva fenomenológica social, se puede analizar la situación de Trelkovsky como una enfermedad producto del ambiente social o, al menos, un trastorno en el que el contexto social tiene mucho que ver en el curso del padecimiento. Hay un planteamiento de Polanski sobre el tema del doble o la repeticion, ya se mencionó la teoría del Eterno Retorno, pero también se puede ver como una metáfora de la actitud del extranjero para "encajar" en una sociedad extraña. Trelkovsky en su delirio confunde a las personas, en el descenlace, primero ve a los vecinos acosándolo, luego, el espectador ve a los vecinos preocupados por el desdichado inquilino. En otras escenas queda claro cuando Trelkovsky cambia de marca de cigarrillos y de bebida en su proceso de "convertirse" en Simone Choule. La xenofobia (real o imaginaria), la diferencia cultural, de idioma, entre otros, puede hacer que una persona tenga una difícil condición de asimilación a un nuevo país -o en general a un sitio extraño, ajeno a su origen-. El cine de Polanski suele mostrarnos a personajes que tienen dificultad para asimilar el lugar en el que se encuentran, también es frecuente que estos tengan alguna condición de "foráneo", sea del lugar físico o del lugar emocional en el que se desarrolla la historia. La película puede considerarse como una metáfora estrafalaria de los extremos de las relaciones sociales en una ciudad, en este caso París, que en vez de destino paradisíaco, es una ciudad agresora, individualista, triste, polémica, siempre desde la vista de Trelkovsky.

El estado de alienación social del protagonista se percibe en las escenas en exteriores, también se muestra incómodo cuando comparte con sus compañeros de trabajo y elusivo de la compañía sexual.

Las referencias kafkianas también están presentes, uno de los autores preferidos del director. La escena en la que encuentra un diente en la pared es una analogía al gran escritor. Pero también Trelkovsky es un Gregorio Samsa (La metamorfosis, Franz Kafka, 1915), un hombre que encuentra extraña su situación diaria y quien se recluye en una coraza protectora con la que se aísla del resto del mundo, Gregorio muta en insecto, mientras que Trelkovsky se trasviste, usa otro tipo de maquillaje y vestuario, pero la idea es la misma. Un mundo agresor en el que no se siente bien, un espacio que le obliga a seguir ciertas conductas, normas, el miedo que se experimenta al contacto con los otros; estamos ante una metáfora de la alienación del sujeto ante la sociedad, en este caso nacida por la situación inmigrante de Trelkovski. El monstruo kafkiano es víctima del odio xenófobo o la incomprensión de los demás; Trelkovski -un hombre común como los protagonistas de los textos de Kafka- se siente ese monstruo y se viste como tal, con un maquillaje esperpéntico.

Tras las posibles vías de análisis y las referencias culturales, vale recordar el gran trabajo de fotografía y música que ayudan en la atmósfera del filme. Sven Nykvist, el fotógrafo de varias películas de Ingmar Bergman, es quien recrea un espacio lúgubre, oscuro, cargado de objetos, un apartamento que se siente más como una prisión que como un hogar. Por su parte, la partitura de Phillipe Sarde agudiza las situaciones más extrañas, bizarras y surreales. Aunque tiene una duración mayor de lo deseable, Polanski se toma su tiempo para narrar. Después de todo él es el gran protagonista, al ser el co-guionista, director y protagonista. El resto del elenco lo hace bien, pero todos son secundarios anecdóticos, incluso la bella y buena actriz Isabelle Adjani.

El multifacético director en el set de la película

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