martes, 24 de junio de 2014

El gran hotel Budapest




Título original: The Grand Budapest Hotel. Reino Unido-Alemania (2014). Color
Director: Wes Anderson
Guion: Wes Anderson y Hugo Guinness inspirados en textos de Stefan Zweig
Cinematografía: Robert Yeoman
Montaje: Barney Pilling
Música: Alexander Desplat
Dirección de arte: Stephan Gessler
Diseño de producción: Adam Stockhausen
Diseño de vestuario: Milena Canonero
Duración: 100 minutos

Elenco

Ralph Fiennes como M. Gustave
Tony Revolory como Zero
F. Murray Abraham como Sr. Moustafa
Tom Wilkinson como el escritor (viejo)
Jude Law como el escritor (joven)
Tilda Swinton como Madame D.
Willem Dafoe como Jopling
Adrien Brody como Dimitri
Jeff Goldblum como Kovacks
Edward Norton como Henckles
Saoirse Ronan como Agatha
Bill Murray como M. Ivan
Harvey Keitel como Ludwig

Premios

Berlinale: Gran Premio del Jurado (Oso de Plata)
David di Donatello: Mejor película extranjera


En un momento de la película, vemos cómo se prepara y envuelve un delicioso postre, la especialidad de Mendl; tal meticulosidad se traslada a la totalidad del filme, una obra artesanal que consiste en diferentes partes hechas con cuidado y reunidas en un todo -película- magnífico, en el que no solo la apariencia -los aspectos formales- sino también el contenido -la historia-, están a una gran altura cinematográfica.

Wes Anderson ha ido creando un universo personal a lo largo de su carrera, en el que la simetría es el eje principal y de ahí se crean historias que comparten lo lúdico, lo absurdo, lo cómico y lo dramático. Entre toda la parafernalia visual encontramos momentos de lucidez crítica y dramática -por ejemplo cuando conocemos el origen de Zero-, sin embargo, el tono irónico del filme hace que terminemos con una agradable sensación sobre una historia que transcurre en uno de los momentos más convulsos del siglo XX, el período de entreguerras. La acción se sitúa en un país ficticio del este de Europa, el nombre, República de Zubrowka, está inspirado en una reconocida marca de vodka. El relato transcurre en tres épocas, 1985, 1968 y 1932, con respectivos cambios en la relación de aspecto para que el espectador se ubique. En cada momento vemos a un elenco diferente, en ocasiones consisten en versiones más jóvenes, tal es el caso de Zero Moustafa (F. Murray Abraham y Toni Revolori) y el escritor (Tom Wilkinson y Jude Law); sin embargo, la historia central nos narra los sucesos que vivieron el concierge Gustave H (Ralph Fiennes) y su joven protegido Zero (Toni Revolori).


La película pasa del relato de anécdotas a filme de aventuras, parodiando la época en que los totalitarismos se alzaron en Europa, hay referencias a fugas de cárcel, control militar, robo de obras de arte, policía secreta (la ZZ del filme recuerda a la SS nazi) y, por supuesto, de una agencia de espionaje: La Sociedad de las Llaves Cruzadas. En el material extra de la versión en bluray, viene un divertido video sobre el origen de dicha Sociedad.

En contraposición de Moonrise Kingdom (2012), en El gran hotel Budapest, Anderson usa una paleta de colores más vívida y no tan pálida. Hay una intención de hacer alegre la historia y que el espectador se identifique con la nostalgia que se desprende de ella. La simetría y la obsesión por los detalles se notan en cada toma, nada está al azar, hay una planificación de cada plano, una confección artesanal de todo el proceso de rodaje, desde la dirección de actores -quienes aman trabajar para Wes Anderson- hasta la creación de maquetas para filmar ciertas escenas a escala y evitar al máximo el uso de efectos digitales. En general toda la dirección de arte, vestuario y maquillaje son exquisitos, un trabajo minucioso para dar vida a una época ficticia, pero más allá de lo más vistoso, encontramos una serie de detalles que ayudan en la ambientación, los periódicos de la época, las monedas, los rótulos, todo fue creado para la película; el propio Anderson escribió los artículos noticiosos.


La composición de los planos en el cine de Wes Anderson es casi un asunto cientzífico, la obsesión para que la acción en pantalla se desarrolle en el centro con elemenos ornamentales a los costados que guarden una rigurosa simetría, es algo vital. Anderson recurre a sus ya habituales travellings para mostrarnos en planos generales el transcurso del relato, en ocasiones usa el primer plano para darle más profundidad a una escena o a un personaje. La fotografía varía constantemente de una escena a otra de acuerdo al color predominante, por ejemplo hay varias escenas en interiores en el que el rojo resalta a la vista y contrasta con las escenas en las que la nieve está presente. Director y productores viajaron por varios países europeos para tener un concepto de cómo iba a ser el hotel, ante la dificultad de encontrar un edificio construido que asemejara la época, el lobby fue construido en un centro comercial en Görlitz, Alemania; la fotografía en exteriores se hizo en diferentes ciudades de ese país, con excepción de la escena del cementerio (Polonia); la filmación en interiores se realizó en los Estudios Babelsberg en Alemania.

El guion es una caja de sorpresas -como la de Mendl- que desvía tanto el argumento como a los personajes y espectadores en situaciones anexas a la principal. Lo que pudo ser una catástrofe para otro director, al mostrar mucho y abarcar poco, en manos de Anderson es un ejercicio de control, todo hilvanado a la perfección, con el tiempo justo para cada personaje y un clímax que si bien no sorprende, sí es congruente con todo lo visto. Importante es el trato que tiene el director con los actores y actrices, cada noche se reunían a cenar juntos, el set de filmación era una fiesta para ellos. La camaradería entre todos es palpable en el resultado final, y es bastante difícil manejar un elenco tan grande con nombres tan importantes y que muchos solo salen en pequeñas escenas, no cualquier director cuenta con esta cantidad de actores/actrices dispuestos a dejar de lado su ego profesional para poner su talento al servicio de un proyecto fílmico. Es difícil destacar a alguien sobre otro, lo cierto es que todos están en un alto nivel, no hay papeles pequeños, todos engrandecen la película.

"Aún hay vagos destellos de civilidad en este matadero salvaje que alguna vez fue la humanidad" dice Gustave H. en un momento, después sería Zero quien pronunciase la frase para recordar a su maestro. La sentencia recuerda la vida de Stefan Zweig, de quien Anderson se inspira para contarnos esta película. Zweig fue un escritor austriaco de gran renombre, quien lamentó profundamente la aparición de los totalitarismos políticos en Europa, creía que era la decadencia del ser humano y terminó suicidándose en 1942 (tenía 60 años) junto a su esposa. Su obra póstuma "El mundo de ayer" es un panegírico de lo que consideraba perdido, gran parte fue escrita durante sus viajes en tren; por eso es que vemos en el filme varias escenas en ese transporte, incluso escenas que marcan giros importantes en el relato. En "El mundo de ayer", Zweig cuenta cómo la gente quería ir a la guerra, algo que lo deprimió mucho, por lo que se fue a vivir a Brasil. Esa nostalgia de su obra está presente en "El gran hotel Budapest", un filme sobre una época pasada, olvidada.
"El gran hotel Budapest" es una extraordinaria película, una cátedra de cómo hacer parecer simple algo tan complicado como cuidar los detalles técnicos de producción; una historia con giros humorísticos, de las que se quiere repetir, personajes entrañables y un sentido estético que crea una comunicación con el espectador, un vínculo especial que nos recuerda que el cine es el escenario para deleitarse con historias mágicas.




 Avance de la película:


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