domingo, 11 de mayo de 2014

Juegos de verano






Título original: Sommarlek. Suecia (1951). B/N
Director: Ingmar Bergman
Guion: Ingmar Bergman y Herbert Grevenius
Cinematografía: Gunnar Fischer
Montaje: Oscar Rosander
Música: Erik Nordgren y Bengt Wallerström
Duración: 96 minutos

Elenco:

Maj-Britt Nilsson como Marie
Birger Malmsten como Henrik
Georg Funkquist como el tío Erland
Alf Kjellin como David Nyström


Con "Juegos de verano" Bergman ensayó para la que se iba a convertir en su primera obra maestra: "Un verano con Mónica" (1953). En ambas se cuenta el retiro veraniego de una joven pareja, pero como es característico en su cine, los finales revelan lo mejor y lo peor del mundo, dos caras de una misma moneda, una constante en toda su carrera.

Bergman no se distancia del todo del teatro, por lo que vemos un montaje del ballet "El lago de los cisnes", la protagonista, Marie, es la bailarina principal, pero justo antes de iniciar el ensayo recibe un paquete que la desestabiliza emocionalmente. Un diario que le hará recordar el pasado...

Antes de conocer ese pasado, escuchamos una conversación entre Marie y otra bailarina veterana, esta úlitma compara sus carreras con la estación otoñal, pronto envejecerán y ya no serán útiles para el ballet, las más jóvenes las reemplazarán. El tema de la vejez y el miedo que provoca está presente en la filmografía del sueco desde sus inicios.

Juegos de verano está realizada como si se tratara de un poema visual, así, Bergman recurre a planos del paisaje para revelar los estados anímicos que gobiernan a los personajes, el trabajo de fotografía de Gunnar Fischer es extraordinario y se puede considerar como la primera película en que director y cinematógrafo encontraron un lenguaje en común para transmitir a partir de la imagen. El cine de Bergman puede parecer falsamente sencillo, cuando en realidad se trata de hacer simple lo difícil y para eso se necesita un extraordianrio talento.

Fischer ya había colaborado con Bergman en La sed (1949), Hacia la felicidad (1950) y Esto no puede ocurrir aquí (1950). Tardaron tres películas para encontrar una misma manera de ver el mundo, en particular para que Fischer comprendiera las claves personales del realizador. Más adelante, serían responsables de algunas de las mejores películas de la historia: El sétimo sello, Fresas silvestres (ambas de 1957) y El mago (1958).

La importancia de la fotografía y la utilización de elementos naturales en el cine de Bergman es tal, que cada escena está meticulosamente planeada. Juegos de verano comienza con tomas que relajan al espectador, la brisa, flores y el lago que observamos nos revelan un lugar calmado; ese paraíso al que regresa Marie tras recibir el diario y la cancelación del ensayo, pero cuando llega el viento susurra de manera angustiante, las ramas de los árboles están sin flores, el paraje se ve sombrío y aparece la figura misteriosa de una señora que no habla y que parece guiar a Marie hacia su destino. 


Cuando llega a la vieja casa de veraneo, mediante el uso del flashback y de la voz en off se nos narra lo acontecido hace 13 años, durante dos meses de verano, la historia de Marie y Henrik, un amor de juventud. Él es interpretado por Birger Malmsten, quien para entonces, ya era un actor regular para Bergman y habían colaborado en Prisión (1949) La sed (1949) y Hacia la felicidad (1950). Un gran actor, multifacético y capaz de encarnar ciertas inquietudes existenciales, especialmente los conflictos entre disfrutar de la sexualidad o reprimirse, facetas biográficas del director. Maj-Britt quien interpreta a Marie es una coestelar estupenda, su inocencia y picardía irradia en la pantalla y contrasta con el rostro cansado de mirada perdida que le vemos al final de la película. Marie y Henrik se acompañan y vienen de hogares cuyos padres no están juntos, sea por separación o muerte, la soledad que sienten se refleja en los parajes hermosos y abandonados, solo la pareja irrumpirá en la quietud.

Los recuerdos del pasado se caracterizan por ser muy líricos, en varias secuencias, el director prefiere narrar con imágenes sin diálogos, así vemos esos juegos de una joven pareja quien aprovecha el verano. Cabe destacar la importancia que adquiere esa estación para un país nórdico como Suecia, y Bergman nos muestra una escena en la que la pareja se escapa para comer fresas silvestres, un antecedente de su magnífica película de igual título de 1957.  La banda sonora marca el ritmo y subraya las hermosas escenas en las que el brillo del sol sobre los cuerpos de los jóvenes provocan un idilio bucólico.


El flirteo entre Marie y Henrik, parece revelar que mientras el joven se enamora perdidamente de ella, esta se divierte, juega, no significa que no le quiera o incluso que no lo ame, sino que ella ejerce una sexualidad diferente, más libre, que contrasta con la timidez y los celos de él. Marie entiende que su vida no se reduce a su amante, tiene una perspectiva más amplia. Nuevamente, encontrarmos en el cine de Bergman, mujeres protagonistas que ejercen una sexualidad más abierta y natural que los hombres. El director hace gala de su capacidad de unir en una sola secuencia lo hermoso y lo horroroso, la magnífica actuación de Maj-Britt pasa de la alegría al grito desesperado en un mismo plano en el que se nos recuerda que la felicidad y la tristeza conviven en este mundo.

Tras conocer quién le envió el diario y hacer la paz con su pasado, Marie regresa al teatro, su novio la esperará, en lo que significa un contraste entre el pasado y el presente, pero ella entiende gracias a un payaso que trabaja en el lugar que "solo se ve la vida de uno con claridad una vez, cuando todos los muros protectores se han derrumbado". Con una realización magnífica, Bergman utiliza espejos para mostrarnos los contrastes internos entre los personajes, cada imagen reflejada es una interrogante abierta sobre el futuro, es Bergman en estado puro, en esta época el director iba perfilando su brillante carrera.

El contraste de luz y vestuario dotan de mayor significado la escena, un momento clave en el filme en el que la protagonista empieza a resolver su conflicto personal.
También hay que resaltar que en unas secuencias previas, vemos un segmento de animación tradicional, resulta atractivo conocer que Bergman tuvo este interés artístico para resumir la historia a través de una animación, en la que los jóvenes y el espectador conocen el futuro antes de que suceda. La técnica es sencilla y el dibujo carece de profundidad, los trazos son líneas simples, pero su uso resulta efectivo.

Juegos de verano es una película muy bien narrada, con un excelente ritmo, los personajes resultan más complejos que en filmes anteriores de Bergman. La estética utilizada será la empleada por el director en futuras obras, con un mensaje metafórico a través de los elementos naturales, contrastes lumínicos que por un lado nos muestra el esplendor del verano, el sol radiante, cielo despejado, fresas silvestres y, por otro, escenas de interiores con mayor presencia de sombras. Una mirada nostálgica hacia la juventud desde el recuerdo y el afecto, Bergman regresaría sobre este tema en Un verano con Mónica (1953) y Sonrisas de una noche de verano (1955).

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