lunes, 19 de mayo de 2014

El rostro





Título original: Ansiktet. Suecia. (1958). B/N
Director: Ingmar Bergman
Guion: Ingmar Bergman
Cinematografía: Gunnar Fischer
Montaje: Oscar Rosander
Diseño de producción: P. A. Lundgren
Música: Erik Nordgren
Duración: 97 minutos

Elenco:

Max von Sydow como Albert Emanuel Vogler
Ingrid Thulin como Manda Vogler
Gunnar Björnstrand como Dr. Vergerus
Erland Josephson como el consejero Egerman
Bibi Andersson como Sara Lindqvist


Premios:

Festival Internacional de Venecia: Premio "New Cinema" a mejor película, Premio especial del jurado y Premio Pasinetti


Inspirada levemente en la obra de G. K. Chesterton, "Magia" y traducida como El mago en Estados Unidos y gran parte de Latinoamérica, la traducción correcta del título del filme es "El rostro". Mientras el primer título hace referencia a la actividad que practica el protagonista, al carácter mágico de su obra y al hecho de que se puede creer o no en que exista la magia, tanto como se puede tener fe o no en la existencia de dios. El segundo título hace referencia a la máscara que usa el protagonista, ese silencio que encubre su falta de convicción en lo que hace, su pérdida de interés ante la vida y refuerza la idea de que solo es un rostro más para los demás, un espectáculo que él afirma que es falso.

Las dos traducciones presentan un interesante análisis de esta enigmática obra, la más "extraña" en la carrera del director sueco para el momento en que fue hecha (1958), justo después de dos hitos en su carrera: El sétimo sello y Fresas silvestres (ambas de 1957). Con este filme, Bergman ensaya con sus fantasías y miedos, lo hace pasando de la comedia al suspenso, tratando de distanciarse de su obra mediante un género nuevo para él como el horror, pero reflejándose claramente en el protagonista. Más adelante retomaría este camino narrativo, primero con "Persona" (1966) y luego con "La hora del lobo" (1968) y "El rito" (1969).

En un momento en el que era evidente su enemistad con su padre, después de un período de depresión y de haber alcanzado el éxito internacional con sus películas, Bergman buscaba distanciarse de todo, entraba en una etapa de autoevaluación en la que desconfiaba de los demás, por esto es que su mago, Albert Emaneul Vogler (Max von Sydow) no habla hasta pasada la hora de metraje; entre ambos se traza un paralelismo más que evidente: luchan con sus demonios y fantasmas, dudan de sí mismos y del trabajo que hacen; ambos dejan de creer (Vogler deja de creer en la magia y Bergman en la religión).


Mientras que Vogler representan aspectos del propio director, el Dr. Vergerus, antagonista cinematográfico, representa elementos de los "otros" que molestaban a Bergman. Vergerus representa a la ciencia, el positivismo que pide pruebas, que es desconfia de lo desconocido, en un momento de la película dice: "Usted representa lo que desprecio más... Lo inexplicable".

Los apellidos Vogler y Vergerus van a ser una constante en el cine del realizador sueco y van a guardar un significado como lo hacen en "El rostro". Podemos encontrar personajes identificados como Vogler en "Persona" (1966), "La hora del lobo" (1968) y "Después del ensayo" (1984); por su parte, Vergerus aparece en "El huevo de la serpiente" (1977) y Fanny y Alexander (1982). También se ha mencionado que Vergerus representa al crítico Harry Schein, que despreciaba la obra de Bergman.

"El rostro" mantiene la acostumbrada estética que encontramos en Bergman, una ambientación impecable, en este caso dada por los efectos sonoros y una extraordinaria fotogragía de Gunnar Fischer que evoca una atmósfera gótica, con un aura sobrenatural establecida desde el inicio cuando se habla de fantasmas y de brujas. 

La narración sí es diferente, Bergman nos muestra escenas cómicas, principalmente referentes a deseos sexuales entre los personajes. El espectáculo ambulante deja claro que todo es una farsa, que es una ilusión, algo que debemos tomar por cierto desde que notamos el vestuario y maquillaje excéntrico. Barba, peluquines, una mujer vestida como hombre, todo es parte del espectáculo. Los hechos transcurren en 1846, el mesmerismo está de moda, los trucos se hacen con una linterna mágica y la autoridad (política y de seguridad, por eso los personajes del Consejal y el Comisario) hace su particular inquisición para desenmascarar la farsa y ridiculizarlos.


Toda la película tiene una puesta en escena cercana al teatro, la iluminación favorece la atmósfera de misterio, los personajes entran y salen de la oscuridad y las sombras; Bergman filma con muchos primeros planos y efectos lumínicos en los ojos para elevar el dramatismo. El clima también es usado en favor de la historia, la neblina se hace presente en ciertas escenas y se habla de una tormenta que se avecina, esta resulta ser tanto física como psicológica, y está representada en la fabulosa secuencia de horror y suspenso en la que Vogler aterrotiza a Vergerus. Un último truco en el que la muerte se levanta y sorprende a los vivos, Bergman en la piel de Vogler manipula la ficción y la realidad, es el demiurgo de la gran obra, por eso se toma sus licencias, aunque nos parezcan simples e ilógicas. En dicha secuencia Bergman recurre como es usual en su filmografía a los espejos, trucos ópticos, pero que revela también el antagonismo entre Vogler y Vergerus, cada cual representa una forma de pensar. El símbolo del espejo también se encuentra en el cambio de cuerpos, Spegel (a quien hacen la autopsia) significa espejo en sueco.

"El rostro" es una comedia, al estilo de Bergman, así que entre tanta ilusión el espectador será hipnotizado por la imaginación del sueco y así tanto principio y fin asemejan un cuento de hadas, con una resolución tajante y divertida, una bofetada ante la mirada crítica y analítica de los Vergerus.


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