sábado, 26 de abril de 2014

Miel




Título original: Miele. Italia - Francia. (2013). Color
Directora: Valeria Golino
Guion: Valeria Golino, Francesca Marciano y Valia Santella. Basadas en la novela "A nome tuo" de Mauro Covacich
Cinematografía: Gergely Pohárnok
Montaje: Giogiò Franchini
Dirección de arte: Paola Cortés
Duración: 96 minutos

Elenco:

Jasmine Trinca como Irene / Miel
Carlo Cecchi como Carlo Grimaldi
Libero de Rienzo como Rocco
Vinicio Marchioni como Stefano

Premios:

Festival Europea de Bruselas: premio de la audiencia
Cannes: mención especial del jurado ecuménico
Globos de Oro de Italia: mejor actriz, mejor ópera prima
Sindicato de periodistas italianos: mejor directora novel, mejor actriz, mejor sonido


Miel es un filme que se nutre de diversos estilos para hablarnos de un tema que siempre resulta complicado: la asistencia para la muerte, eutanasia. La Ópera Prima de Valeria Golino es una atrevida propuesta en la que una mujer se gana la vida ayudando a otros a morir, viaja para conseguir un barbitúrico y se encarga de adiestrar al enfermo y al familiar o acompañante. Este argumento ya se distancia de la convención de mostrarnos la perspectiva del enfermo, acá eso no existe, toda la película pasa por Irene, Miel para efectos de mantener su identidad a salvo, o para dulcificar el significado de su llegada a la vida de esas personas.

La directora, Valeria Golino

Mientras vemos cómo realiza su labor, la directora nos muestra la confusa vida que lleva, con diferentes amantes y un inquietante dolor en el pecho. Resulta significativo que después de alguna escena en la que Miel ayuda a morir a alguien, la vemos en un intento de "recuperar" vida para sí misma, sea en una discoteca o nadando, como si con cada persona que ayuda, ella pierde algo de sí, esto la llevará a cuestionarse. Esta disyuntiva del personaje es reflejada a través del movimiento de cámara, diferentes tomas que siguen a Miel en un mundo en el que ella se siente cada vez más lejana.

El mismo mundo que revela lo que muchos quieren ocultar, pretendiendo que todo es perfecto y que todos comparten los mismos puntos morales. Un mundo en el que existen redes que facilitan la eutanasia o bien, ayuda a algún amigo que, si bien no está enfermo, ya no quiere morir. Es una visión de sociedad como un conjunto enfermizo, en el que no hay fuerza para luchar, quien más lo hace es Miele y precisamente es para ayudar a otros a morir. Eso sí, su inestabilidad se vuelve cada vez más evidente, más angustiante; motivo que la lleva a relacionarse con un cliente. Ante tal circunstancia, ¿existe alguna diferencia entre un enfermo terminal y una persona con ánimo suicida?, ¿la eutanasia es válida para alguien que sin padecer algo quiere acabar con su vida por motivos emocionales o existenciales y no médicos? Son interrogantes que no tienen respuestas, el filme los expone, los revela, la directora, con muy buen tacto, entiende que esas preguntas se las hacen las personas en la vida real, en el día a día. 

Desde una perspectiva idealizada, Miel se conduce por la vida con total impunidad de sus acciones, ella asiste a quien lo necesite y ella no se cuestiona sus actos; pero al sentirse engañada por un suicida, ella tiene cuestionamientos morales, la culpa no la deja seguir tranquila como Miel, es entonces cuando conocemos a Irene, una mujer más frágil, con taquicardia, distante de su familia y que mantienen encuentros sexuales esporádicos, pero no hay verdadera intimidad, Irene y Miel coinciden en que ambas ocultan sus afectos, pero esto no puede seguir así para Irene, una de las dos no podrá continuar, ¿cuál será?

El ritmo de la película cambia para mostrarnos la ansiedad de Irene, son momentos en los que el trabajo de montaje no es tan fino y algunas escenas duran más de lo deseable y la acción se vuelve repetitiva. Se deja de lado el tema de la asistencia a la muerte y la directora se concentra en el drama personal de la protagonista. El final aunque previsible, evita caer en cursilería barata y deja al espectador con más preguntas que respuestas sobre la autonomía que se tiene del propio cuerpo.

Miele es un filme recomendable, un primer trabajo que hace pensar en el futuro de su directora, filmada con un distanciamiento emocional, pero no carente de sentimientos, con hermosa fotografía y música mínima, un ejercicio de austeridad formal en pos del argumento.




Avance de la película:


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