domingo, 1 de septiembre de 2013

Mil nubes de paz





Título original: Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor. México (2003). B/N
Director: Julián Hernández
Guión: Julián Hernández
Cinematografía: Diego Arizmendi
Montaje: Emiliano Arenales y Jacopo Hernández
Duración: 80 minutos

Elenco:

Juan Carlos Ortuño como Gerardo
Juan Carlos Torres como Bruno
Perla de la Rosa como Anna
Clarissa Rendón como Nadia

Premios:

Ariel: mejor actriz de reparto, mejor sonido
Berlinale: premio TEDDY
Festival Latinoamericano de Lima: mejor Opera Prima
Festival gay-lésbico de Turín: mejor director


Con abundantes primeros planos y una fotografía en blanco y nego, el director mexicano Julián Hernández nos presenta un trabajo muy personal, una exploración al conflicto de amar y ser rechazado, desde la perspectiva de un adolescente homosexual.

Gerardo (Juan Carlos Ortuño) ha dejado su casa y su vida transcurre de una aventura sexual a otra; cuando conoce a Bruno (Juan Carlos Torres) se enamora inmediatamente. Tras el fugaz encuentro y la partida de Bruno, Gerardo se sumerge obsesivamente en sí mismo, su deseo de intimar y ser amado se convierte en una pérdida de identidad.

El filme presenta varios encuentros sexuales, la mayoría como intercambio económico: sexo por dinero. Sin embargo no se muestra explícitamente el acto coital, este es sugerido, el director utiliza primeros planos para evidenciar el afecto o el deseo entre los diferentes amantes y cambia de escena para evitar caer en el morbo. Las escenas en las que vemos algún desnudo frontal, están planteadas con el fin de mostrar la intimidad o el deseo de estar con alguien (cuando Gerardo escucha una canción e imagina que Bruno le acaricia).

Realizada con gran sensibilidad, la historia retrata una esfera homosexual, pero bien se puede trasladar a cualquier otra preferencia sexual y sigue funcionando. En este sentido, el trabajo de guión está bien hecho. La inspiración para la historia, Hernández la tuvo del amorio que mantuvieron el cineasta alemán Rainer Werner Fassbinder con Armin Meier durante la década de los setenta del siglo pasado. Fassbinder abandona a Meier tras ser invitado al Festival de Cannes y se despidió a través de una carta, Meier nunca pudo superar esa separación. 

Hernández también utiliza la ciudad como una metáfora de la soledad que vive el protagonista, así, vemos varias tomas de lugares urbanos despoblados, el cielo no tiene nubes es una masa gris que se extiende, y cuando hay presencia de personas, estas se encuentran a la distancia, lejos de Gerardo. Sus únicos encuentros fuera del círculo de explotación sexual, son con una mujer de una soda, un breve encuentro con su madre, y alguna conversación aislada. La ciudad es tan impersonal como Gerardo, vive en ella, pero no se siente parte de la misma, de igual manera, Gerardo no encuentra sentido para sí mismo sin la presencia de Bruno. Las partes que vemos de la ciudad no son las turísticas, se trata de edificios caídos, lugares abandonados, escombros, etc., son fisuras en el panorama general de una gran ciudad, símbolo de las fisuras sentimentales y emocionales que tiene Gerardo. Cuando la cámara nos lleva al interior de algún lugar, las tomas son cerradas, claustrofóbicas, los movimientos de los personajes son reducidos, no hay espacio para moverse ni para soñar. Las tomas desde un puente también son constantes, Gerardo siempre está a la espera de un encuentro/reencuentro; pero este nunca llega, él no cruza, se queda varado en medio de la infraestructura, no sabe para dónde dirigirse.

La película no tiene una banda sonora, sino que se usa sonidos ambientes y una canción recurrente que adquiere significado dentro del contexto del filme. El otro recurso narrativo que utiliza el director es la voz en off, constantemente vemos a los actores pero estos no se están hablando, mientras vemos que hacen algo distinto, escuchamos los diálogos.

Mil nubes de paz, puede ser considerado cursi por algunos, debido al estado obsesivo de enamoramiento del personaje, sin embargo, tiene una propuesta visual muy interesante, presenta un ritmo lento que puede incomodar a algunos, pero que no desmerita la propuesta final.

El título de la película es parte de un verso que Pier Paolo Pasolini escribió: 

"Vergüenza y esplendor, vergüenza y esplendor,
mil nubes de paz cercan el cielo,
amor, jamás acabarás de ser amor"



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