domingo, 25 de agosto de 2013

Gigante





Título original: Gigante. Uruguay, Argentina, Alemania, España, Holanda (2009) Color.
Director: Adrián Biniez
Guión: Adrián Biniez
Cinematografía: Arauco Hernández 
Duración: 84 minutos

Elenco:

Horacio Camandule como Jara
Leonor Svarcas como Julia

Premios:

Asociación de críticos de cine argentinos: Cóndor de Plata a mejor película Iberoamericana
Festival Internacional de Berlín: Oso de Plata (Gran Premio del Jurado) al director, mejor Opera Prima, premio Alfred Bauer
Festival Internacional de Bombay: mejor director
Fesitval Internacional de Cartagena: mejor película, mejor director, mejor actor, mejor guión
Festival Internacional de Chicago: Hugo de Oro en la sección Nuevos Directores
Festival de cine Latinoamericano de Lima: mejor director
Festival Internacional de San Sebastián: Premio Horizontes a mejor director



Uruguay no tiene una gran producción cinematográfica, sin embargo, en los últimos años han aparecido algunas películas muy llamativas, con un lenguaje cinematográfico similar y con una propuesta social. Tal es el caso de Whisky (2004), El baño del papa (2007), La demora (2012) y Gigante (2009).

El realizador, Adrián Biniez, se aventuró con esta película tras haber sido cantante de rock y humorista para un canal de televisión; le llevó dos años y medio culminarla, pero el resultado es una pequeña joya, un filme pequeño en cuanto a costo y distribución, pero grande en calidad y honradez narrativa. Por su parte, el protagonista de esta historia, Horacio Camandule, es actor de teatro y maestro; esta fue su primer película.


Se puede hacer una lectura desde el acto voyerista, la película plantea diferentes situaciones donde se observa a los demás, en actos mínimos o trascendentales, pero siempre hay una cámara, un ojo vigilante. La sociedad como es concebida en la actualidad, tiene miles de cámaras por todos lados, somos constantemente vistos por alguien a quien probablemente nunca conozcamos, pero esa persona puede saber, entre otras cosas, una rutina específica que hacemos. Ese es el primer momento voyerista que la película nos muestra, sin embargo, Jara, el protagonista, no se queda satisfecho con mirar en un monitor, al sentir una curiosidad por Julia, una dependiente del supermercado donde trabajan, decide seguirla por las calles.

Fuera del ámbito voyerista, se puede hacer una revisión humanista de lo narrado. La historia de un "gigante" tímido, alguien que no puede entablar una conversación con una chica, que teme el encuentro, por lo que prefiere la solitaria presencia desde la distancia, sea con la seguridad que le da una cámara o con el apremio de conocer más sobre esa chica y aventurarse a las calles, cambiar su dinámica cotidiana y empezar a conocerla a través del acto de la persecusión. Hay que aclarar que no se trata de un hostigamiento, más bien Jara es una especie de ángel guardián para Julia, cuando alguien la ofende, la trata mal, la despide, él está ahí para hacer su justicia. La necesidad de un contacto visual hace que Jara se comprometa cada vez más con sus compañeros y sus jefes, la obsesión por saber más de Julia lo lleva a cometer excesos. Estos simbolizan el estado de las relaciones interpersonales en la actualidad, al menos así queda planteado en el filme. El miedo al contacto con otra persona, aún cuando se desea; la incapacidad de comunicarse; la distancia emocional ejemplificada con las constantes tomas a través de un monitor o una cámara; son temas que subyacen en la película.

En una escena, Jara se ve en un espejo y sobre este hay una mensaje: "Esta es la imagen que el cliente tiene de mí"; se trata de la despersonalización que producen ciertos trabajos, la masificación y la pérdida de la individualidad; Jara se ve todos los días ante el espejo, pero el reflejo no significa nada para él. Por un lado está acostumbrado a ver todo a través del pálido y frío color de las imágenes en los monitores, su encierro personal cada noche; los otros (el afuera) ¿cómo lo ven? Es un oficial de seguridad, es un obstáculo para realizar un robo, será un pobre que no tiene un mejor trabajo.... son diferentes posibilidades, algunas matizadas por estereotipos, que buscan mantener un prejuicio en contra de alguien, en este caso por su trabajo.


Similar situación vive Julia, una mujer que se encarga de la limpieza en un supermercado, pero que no tiene individualidad hasta que es reconocida por Jara, él le otorga significado, importancia, de lo contrario, sería una empleada más, sin nada especial. ¿Acaso Jara no anhela ser reconocido también?, dejar de ser un anónimo tras una cámara y ser visto por como es en realidad, alguien que lee, que resuelve crucigramas y gusta de la música rock.

El trabajo de fotografía de Arauco Hernández es bastante bueno, por un lado tenemos los tonos mortecinos de las oficinas, los monitores, la paleta de colores es fría, ausente; y cuando Jara sale a la calle, sigue a Julia, etc., vemos un Montevideo diferente, colorido, más ameno y cálido, un lugar donde es posible que alguien te reconozca. Los rodajes en exteriores demuestran creatividad y una manera de hacer cine sin necesidad de despilfarrar el dinero, de crear una comunicación con el espectador a través del reconocimiento de lo cotidiano, de lo común.

Los sonidos que escuchamos son propios de los ambientes en que se desarrollan los protagonistas, no hay banda sonora; las canciones reflejan el gusto musical del director por el género rock, y le da un sentido homenaje a un género que fácilmente se juzga, pero pocos entienden.

Gigante retrata una sociedad en la que el automatismo laboral despoja de individualidad a las personas, en la que se busca ser reconocido por algún "otro" para compartir y no caer en la soledad. También expone a la persona detrás de la cámara, reconocer quién es, darle un rostro y que no se vuelva un anónimo voyerista, en este sentido no se trata de un thriller sino de una historia llena de emotividad, tan grande como el protagonista. Con un ritmo natural, de movimientos justos y constantes miradas, el espectador tiene el tiempo necesario para asumir la historia, para identificarse, para deleitarse, no hay apuro narrativo, Biniez narra con mesura.

La escena final tiene una belleza poética, Jara y Julia se ven finalmente al rostro, la cámara está a la distancia, la soledad prevalece, una playa casi desierta, el escenario perfecto para que dos anónimos se conozcan. El director acierta al no mostrarnos de qué hablan, ya eso no importa...

Curiosidades


El filme tuvo un presupuesto de medio millón de dólares.

La actriz que interpreta a Julia, es la ex-novia del director. La relación terminó durante la pre-producción de la película. El papel fue escrito pensado para ella.

Es la primera película de Horacio Camandule, quien trabaja como actor de teatro y maestro de primaria.

Adrián Biniez nunca había dirigido una película, cuando le llevó el guión a los productores, estos estaban reticentes a financiarlo, por lo que le pidieron que hiciera un cortometraje ("8 horas") para probarlo.



Avance de la película:


Entrevista con la actriz Leonor Svarcas:


Entrevista con el director Adrián Biniez:


Entrevista con el actor Horacio Camandule:


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