martes, 6 de agosto de 2013

El hombre de al lado




Título original: El hombre de al lado. Argentina - Holanda (2009). Color
Director: Mariano Cohn y Gastón Duprat
Guión: Andrés Duprat
Cinematografía: Mariano Cohn y Gastón Duprat
Montaje: Klaus Borges y Jerónimo Carranza
Música original: Sergio Pangaro
Duración: 110 minutos

Elenco:

Rafael Spregelburd como Leonardo
Daniel Aráoz como Víctor


Premios:

Academia de las Artes y las Ciencias de Argentina: mejor actor, mejor director, mejor película, mejor música, mejor actor debutante y mejor guión original.

Asociación de críticos de cine argentinos: Cóndor de plata a mejor actor, mejor música y mejor guión original.

Festival latinoamericano de Lleida: mejor actor y mejor director.

Festival de Sundance: premio a mejor película de la sección World Cinema - Dramatic

Festival de Toulouse:  Premio de la Audiencia

Festival Internacional de Mar del Plata: mejor película argentina



Una vivienda sirve para desarrollar un sentido de privacidad, gozar en la intimidad del espacio personal y destinarlo a las propios requerimientos, sin embargo, cuando la vivienda privada está amenazada por algo externo, se presenta regularmente un conflicto. En "El hombre de al lado" se da el reconocimiento del otro, alguien que pasa a ser un referente obligado en la cotidianeidad de otra persona.

Leonardo despierta una mañana entre la confusión y el ruido incesante de un martilleo, no comprende lo que sucede y tampoco atina a distinguir de dónde viene el sonido. Todo puede ser parte de un sueño hasta que descubre un hueco al frente de una ventana suya. En ese instante adquiere conocimiento de que tiene un vecino, y este desea realizar una ventana por su cuenta. El problema queda establecido, mientras Víctor explica que quiere "tener un rayito de sol de ese que te sobra tanto"; Leonardo, colérico, indica de que no es legal hacer una ventana de esa manera.

El resto del filme transcurre de manera plana, siempre con el conflicto entre vecinos presente, cada uno da sus razones y explicaciones. Lo importante en el filme es realizar una lectura sociológica de las diferencias entre las clases sociales, Leonardo un fino diseñador, que habla varios idiomas, viste con ropa de marca y vive entre la comodidad con su esposa e hija. Víctor, un vendedor de autos usados, que viste de manera relajada y es más directo en su hablar.

Los directores plantean el conflicto desde la primera escena, vemos una pared, de un lado iluminada y del otro en sombras, pero resulta que no es contínua, es una pantalla dividida y nos percatamos cuando vemos un mazo contra el lado oscuro, pero es en el lado claro donde vemos las grietas y el posterior agujero. Entre luz y sombras transcurrirá la película, es decir, entre las intenciones manifiestas y claras de Víctor (que yuxtapuestamente estaba en el lado de la sombra de la pared) y las razones falsas y mentiras de Leonardo.

El trabajo de ambos actores es estupendo, toda la película versa sobre la interacción entre estos y su desempeño es formidable, logran transmitir sus emociones y posiciones, de tal manera que, Leonardo nos parece antipático, falso, cobarde y Víctor, aunque tosco e intimidador, nos provoca simpatía, puesto que es honesto en sus decisiones.

Diseño de la Casa Curutchet

La casa simboliza el alter ego de Leonardo, un lugar suntuoso, grande e imponente desde el afuera, pero vacío por dentro, los pasadizos se hacen extensos y la falta de comunicación entre quienes viven ahí es evidente. La Casa Curutchet fue el único proyecto del arquitecto suizo Le Corbusier en América, y es el escenario de casi la totalidad del filme. Existe un contraste visual representado con el uso de tomas cerradas y primeros planos para mostrarnos a los actores y su relación, mientras que el ángulo es más amplio al momento de mostrarnos la casa en su interior. Sin embargo, la idea de fluidez del diseño arquitectónico se pierde con la incomunicación familiar, Leonardo y su esposa no se desean, y entre padre e hija no hay nunca un diálogo, ella siempre escucha música y vive en su mundo. La casa está vacía a pesar de estar habitada, tal como se muestra Leonardo en su vida diaria, lleno de fama y logros, pero con una insatisfacción que se hace cada vez más evidente conforme interactúa con Víctor.

Por su parte, el vecino vive de manera más sencilla. No conocemos el interior de su vivienda, solo la ventana, ese hueco hacia otro universo, un más allá que presagia conflicto. Ese lugar de observación desnuda la realidad de Leonardo y su familia, el castillo de naipes que tienen, por lo que resulta significativo que el espacio privado que buscan proteger es uno lleno de mentiras, con las que engañan a los vecinos, amigos, alumnos, turistas y todo aquel que tenga la osadía de siquiera mirar hacia la famosa casa ubicada en La Plata, Argentina.

Mientras que el espectador tiene dudas sobre el accionar de Víctor y se pregunta si esconde algo, por qué espía constantemente a Leonardo; con respecto a este, la posición es más sencilla, compredemos que vive con gran insatisfacción en una ficticia realidad que se resquebraja como la pared al inicio del filme. En vez de ser honesto, se escuda en excusas y atribuye a otros su descontento con la ventana, llega a ser tan narcisista que cuando acosa sexualmente a una alumna, le dice que ella lo desea a él, ni siquiera en ese momento puede asumir un acto como propio.

Los directores crean todo ese dilema mediante un lenguaje narrativo sencillo, hay un predominio de la cámara fija, es decir, hay poco movimiento de cámara, no así de los actores, quienes, como si se tratase de un escenario, tienen que mantener la atención del espectador en todo momento. El uso del primer plano vuelve más intensas las posturas de Víctor, sus aparentes amenazas; y por el lado de Leonardo, desnuda sus mentiras. La fotografía es utilizada con gran acierto desde el inicio, mostrándonos una doble moral a través de la luz. El diseño de sonido también profundiza en las diferencias de los espacios, así, los ecos de los golpes en la pared cobran importancia en ciertos pasajes. En otra escena, vemos a Leonardo con un amigo disfrutando de la música, pero el amigo confunde los martilleos con el bajo de la canción, es una manera solapada de criticar a una clase social, que juega de ser elitista y conocedora, pero que igualmente ignora las circunstancias que le rodean. El filme se convierte en un testamento de las diferentes posiciones sociales y hace un llamado de atención ante la deshumanización, la creencia de verse y sentirse superior al otro, ahí radica el significado del final, el único momento en que Víctor y Leonardo comparten un equilibrio ante la cámara, están sentados, son iguales, mas esa igualdad visual es ficticia, la asimetría de las líneas de los pasadizos nos lo marca. La cobardía y la búsqueda por seguir aparentando una normalidad, hacen que se denigre la vida de un ser humano, un mensaje contundente de los directores ante una sociedad que cada vez está más dividida.


El filme sirve para analizar el microcosmos de una clase social, en este caso de artistas y gente adinerada quienes se siente superiores a los demás; permite evaluar el carácter ético de sus decisiones y plantea la importancia del espacio en el que se vive, cómo este permite la comunicación entre sus miembros, tanto a lo interno como en lo externo.

En cuanto a la locación, la Casa Curutchet fue construida durante 1949 a 1953 por el arquitecto suizo Le Corbusier, su único proyecto en América. Está ubicada en la ciudad de La Plata, en Argentina. Declarada monumento histórico nacional en 1987 y actual sede del colegio de arquitectos.


Avance de la película:


Entrevista con Andrés Duprat (guionista) y Daniel Aráoz (actor):


Casa Curutchet del arquitecto Le Corbusier:


2 comentarios:

  1. Ya estamos apuntados entre los seguidores de su blog. Enhorabuena.

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  2. Un detalle que llamó mi atención y me agradó muchísimo: la comunicación entre Víctor y Lola. Entre Lola y sus padres existe un muro, sin embargo, con Víctor no, ella puede comunicarse con Víctor es un ser humano real, auténtico, sin poses. Ese pequeño detalle es lo que hace, que, pese al desenlace, me quede la sensación de que no todo está perdido, de que aún hay esperanza.

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