domingo, 11 de agosto de 2013

Bolivia




Título original: Bolivia. Argentina - Holanda (2001). B/N
Dirección: Adrián Caetano
Guión: Adrián Caetano basado en una historia de Romina Lanfranchini
Cinematografía: Julián Apezteguia
Montaje: Santiago Ricci y Lucas Scavino
Diseño de producción: María Eva Duarte
Música original: Los Kjarkas

Elenco:

Freddy Waldo Flores como Freddy
Rosa Sánchez como Rosa
Oscar Bertea como Oso
Enrique Liporace como Enrique
Marcelo Videla como Marcelo


Premios:

Asociación de Críticos de Cine Argentinos:  Cóndor de Plata a mejor guión adaptado y mejor actor de reparto.

Cannes: Premio de la crítica joven a mejor película

Festival latinoamericano de Lleida: mención especial por dirección y guión

Festival Internacional de Londres: premio FIPRESCI

Festival Internacional de Rotterdam: premio KNF



Tras escuchar una breve entrevista de trabajo y la confusión entre nacionalidades (peruana y boliviana), el director marca el tono del filme mientras introduce los créditos, escuchamos música boliviana mientras vemos imágenes de un encuentro de fútbol entre los dos países en cuestión. Se establece un marco cultural, desde el lamento y la nostalgia del cántico y la creencia manifiesta de superioridad de los argentinos a través del juego.

El resto del filme viene a ejemplificar lo que vimos en esas escenas. Con ritmo pausado las acciones suceden en un negocio de comidas bonaerense, el lugar dista de ser lujoso, asimismo, sus clientes no son altos ejecutivos, representan diferentes caras de la sociedad. Los empleados son emigrantes, él boliviano, ella paraguaya; aunque esta última ya está habituada.

Poco a poco vamos conociendo las situaciones que viven los personajes, algunos consumen drogas, otro vive como vendedor callejero; otro es taxista y está el "Oso", un hombre alto, fuerte, tosco, quien debe dinero y está metido en problemas. Es el personaje que refleja el sentir de parte de la sociedad, es un xenófobo que reclama porqué un boliviano tiene trabajo y no un argentino; que la emprende contra los uruguayos, que toma y se droga tratando de escapar de su vida y sus problemas. La marginalidad está palpable en las miradas, en el desdén hacia el otro, hacia aquel que tiene un color de piel diferente y un acento diferente; todos tratan con desprecio a Freddy, desde su empleador Enrique, los clientes, la policía, etc. El trato de Rosa es más ambiguo, ella también es extranjera, pero ha sobrevivido y ayuda a Freddy a adaptarse; ella es acosada por los hombres, desde su jefe hasta los clientes, tampoco desea permanecer en Buenos Aires, Freddy es alquien que le recuerda su condición de extranjera, de inadaptada.


Caetano hace un filme directo, sin embellecerlo o maquillarlo; es cine que incomóda porque expone de manifiesto realidades que incomodan, que se ocultan, son negadas desde las políticas públicas hasta las conversaciones de barrio, desde el cine comercial hasta la obra callejera. La marginalidad no vende, su espacio está en aulas universitarias donde se estudia el fenómeno, pero se resuelve poco; el marginado social o la marginada social viven una constante indefensión, son vulnerables ante una política pública caracterizada por el desgano; esto hace que se aparezca entre ellos un sentido de unidad, nosotros versus el mundo, un recrudecimiento de la marginalidad que dificulta la inserción social.

En el caso de la migración, tenemos dos tipos de migrante, aquel que es famoso, típicamente algún deportista o farandulero; y aquel que no lo es. Que deja atrás una vida y una familia y busca oportunidades para subsistir. Entre esas oportunidades, unos se decantan por la delincuencia y otros por una vida honrada de trabajo (un trabajo mal remunerado y en muchos casos sin garantías sociales ni laborales). La manera más fácil que tienen los residentes nacionales es tachar de delincuentes, aprovechados y vagos a los extranjeros; sin embargo, hay que ponerse a pensar en las razones por las que se emigra. 

Freddy deja a su familia y dice que él no pensaba ir a Buenos Aires, habla de que los "yankees" han destruido los campos en los que trabajaba y por lo tanto, no tiene forma para mantener a su familia. Hay un claro antecedente al proceso de migración. Él sabe que como un ilegal en tierra extranjera, tiene que tener un perfil bajo, hay una ley no escrita, una guía secreta de cómo sobrevivir, de cómo comportarse, de cómo aguantar el desprecio. Lo vemos cuando la policía lo requisa.

La industria cinematográfica argentina y la producción audiovisual en general, se jacta de crear sus vedettes, de hacer del humo un producto sólido, de enmascarar la realidad. Sin embargo, cada cierto tiempo aparece algún cineasta comprometido, que desde el discurso y la técnica sacude las bases de una industria anquilosada. Tal es el caso de Adrián Caetano, que lleva una filmografía muy interesante, ligada a estos temas, preocupado por dar un rostro y una voz a personas/personajes que son juzgados a priori. En pizza, birra, faso (1997) demostró que con bajo presupuesto se puede realizar no sólo un filme que entretenga, sino que genere una conciencia; luego vinieron Bolivia (2001) y Un oso rojo (2002), esta última centrando la acción en un ex convicto que regresa a la sociedad, que es parido de vuelta, muy bien actuado por Julio Cháves. Caetano también tuvo la oportunidad de visitar un pasado común entre los argentinos, la página negra de la dictadura y los prisioneros políticos (Crónica de una fuga, 2006), con un mayor presupuesto y un elenco de lujo hace un filme interesante, aunque pierde un poco de esa fortaleza de sus propuestas iniciales.

La excelencia técnica de Bolivia no viene solo de su guión sencillo, pero bien estructurado, sino del lenguaje cinematográfico empleado. Filmada en blanco y negro, con abundantes primeros planos y tomas cerradas, es un relato incómodo de ver y de sentir. No oculta la crudeza del fenómeno, y esto tampoco quiere decir que se trate de una película gore; sino, que no embellece ni al personaje ni a la historia. Son seres humanos reales, acaso por eso todos los personajes llevan el nombre del actor/actriz que los interpreta. No es un mundo de colores, es una realidad difícil, pálida, se trabaja y se esconde, se vive entre la mirada de odio y el gesto de desprecio; entre el insulto y las desventajas legales. Freddy lo sabe, pero no puede hacer otra cosa más que continuar, necesita enviar dinero a su familia. Constantemente indica que no es peruano, sino boliviano; esto es porque en Argentina se hace una generalización con los habitantes del altiplano, son etiquetados como unos buscadores de dinero, como vendedores ambulantes, como aprovechados de las bondades de ellos (los argentinos).


El manejo de cámaras también es destacable, hay un movimiento lento de la cámara, el director no quiere protagonismo, desea narrar una historia, los actores tienen que transmitirnos el peso emocional y el hastío que sienten, el bar/parrillada no es un lugar de encuentro social, para divertirse, es el lugar donde se depositan todas las frustraciones acumuladas. Hay varios planos detalles de los objetos que adornan las paredes, todo parece del pasado, de algo que ya se perdió, en el presento solo existe el cansancio, el tedio, los problemas. El filme está rodado en 16 mm, esto genera una aproximación más realista, el grano que vemos es una muestra más de ese mundo turbio. En un apartado artístico, el 16mm le otorga un cierto romanticismo a la película, recuerda esos trabajos experiementales de Cassavattes. Así como el 16mm es menor que el 35mm, el filme se focaliza en los detalles pequeños, en configurar una historia desde los aspectos pequeños: un papel en la ventana solicitando un trabajador, un reloj que no funciona metáfora de que las cosas en general no funcionan en la Argentina; los choripanes como única comida, hasta un boliviano en Capital Federal, un pequeño hombre a miles de kilómetros de su país y su gente.

El ensayista argentino y crítico de cine Fernando Perales indica: "Caetano sabe claramente qué quiere decir y cómo; por estas razones, Bolivia es una película donde nada de lo que se está contando sobra y todo lo que aparece en ella es funcional respecto de la idea temática y conceptual de la obra". Comparto plenamente lo expuesto por Perales, Bolivia dura escasos 75 minutos, Caetano no necesita rellenos innecesarios, persecusiones, peleas o elemenos dristractores para llevar a cabo su película, lo que le interesa contar; el final es justo, natural, consecuente, no por ello simple o facilista, tiene su lógica interna y está narrado con el mismo estilo que el resto del metraje, expone, no es en sí un cine de denuncia, pero sirve perfectamente para concientizar sobre un tema controversial. La aproximación del director a ese micromundo es imparcial, por eso el movimiento de cámara y las secuencias largas, porque busca brindar un sentido de realidad, la configuración del encuadre permite observar con naturalidad el interior del bar, las interrelaciones que se dan dentro y los detalles de las mesas, la parrilla, el mostrador, etc. El propio Perales escribe al respecto: "Este es el gran truco del cine realista de más alto valor artístico. Generar la sensación de estar capturando la realidad y sus hechos allí mismo, cuando suceden, cuando en realidad todo es producto del conocimiento, dominio y aplicación de los códigos y normas que hacen a la concreción de una representación casi documental o realista del tema tratado".

El final presenta otro recurso técnico, en determinado momento desaparece la música, solo vemos las imágenes, este impacto en el espectador que de repente se ve ante un hecho criminal propicia la reflexión y la mirada participativa, es decir, qué haríamos en esa situación, el metraje avanza y la angustia crece, posteriormente, Caetano se apiada del espectador y nos muestra el día siguiente, para finalizar con los créditos mientras escuchamos la misma canción del inicio, ahora nos parece más triste aún.

Un filme con conciencia, con propósito, que nos muestra situaciones diversas de marginalidad, con una aproximación realista y un tratamiento adecuado en materia artística del tema. Contrasta con la cantidad de filmes que muestran el viaje, el trayecto de la persona que emigra, los peligros que enfrenta, etc., películas que en muchos casos se pierden y terminan haciendo publicidad emocional, vendiendo ilusiones y creando una atmósfera fantástica alrededor del hecho. "Bolivia" no hace eso, no interesa cómo llegó, interesa la persona que es, su experiencia y el entorno de xenofobia y rechazo.

Todos los países tienen procesos de migración, sea interna o externa, quien emigra lo hace por una razón, mientras que algunos tienen condiciones legales, la mayoría no, esto genera una serie de consecuencias socioculturales, un mundo nuevo de mestizajes y de realidades. ¿Por qué se odia a otro ser humano al punto de generar un sentimiento xenófobo? ¿Por qué se generaliza las situaciones de criminalidad y problemáticas sociales, aludiendo solo a los extranjeros como responsables? ¿Por qué se crean chistes, burlas y todo un lenguaje discriminatorio para mantener una supremacía? Incluso una persona radica desde su nacimiento en su país no deja de ser extraña para este, extraña desde las políticas sociales, extraña desde la búsqueda de oportunidades; el pobre es igualmente extranjero para el millonario, sin importar el color del país de procedencia.


Extracto de la película:


Adrián Caetano habla de manera abierta sobre lo que significa hacer cine:




4 comentarios:

  1. como siempre muy bueno tu análisis vivecinescrupulos, te faltó un dato q sirve para contextualizar la peli y es q la historia sucede en la peor crisis económica de la argentina, con el índice de desempleo más alto q hubo en este país, en todo caso son condiciones q exacerban la discriminación

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    1. Saludos "anónimo (a)"; gracias por el comentario. La película se ubica unos años antes de que estalle la crisis económica, si bien es cierto durante toda la década de los 90's la economía argentina estuvo debilitada. La clave para contextualizar la película está en el partido de fútbol al principio, este corresponde al enfrentamiento entre Argentina contra Bolivia del 24 de abril de 1996, eliminatorias para el mundial de 1998.

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  2. tenés razón Vivecinescrupulos, me pasé unos años.
    Espero pronto la crítica de "Pizza, birra, faso", protagonizada por Héctor Anglada haciendo un muy buen papel como "El Córdoba" y q en Bolivia representó al vendedor gay

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    1. Uff esa está difícil, por acá no se consigue esa película. Tendría que buscarla por internet y bajarla, pero ahora estoy con otras cosas.

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