sábado, 17 de agosto de 2013

Amarillo mango




Título original: Amarelo Manga. Brasil. (2002) Color
Director: Cláudio Assis
Guión: Hilton Lacerda
Cinematografía: Walter Carvalho
Montaje: Paulo Sacramento
Música original: Jorge du Peixe y Lúcio Maia
Dirección de arte: Renata Pinheiro
Duración: 100 minutos

Elenco:

Leona Cavalli como Ligia
Jonas Bloch como Isaac
Chico Díaz como Wellinton Kanibal
Dira Paesg como Kika
Matheus Nachtergaele como Dunga
Magdale Alves como Dayse

Premios:

Festival Internacional de Berlín: Premio CICAE
Festival de Cine Brasileño: Premio de la Audiencia, Premio de la Crítica, Premio especial del Jurado. Trofeo Candango a mejor actor, mejor película, mejor cinematografía y mejor edición
Festival de Cine de La Habana: mejor cinematografía y mejor Opera Prima
Festival Latinoamericano de Toulouse: Grand Prix


En una parte de la película, una voz en off nos describe el color amarillo en diferentes objetos e incluso órganos humanos; conforme transcurre la acción la cámara nos guía a un bar y vemos a un hombre (pasamos de la voz en off al personaje) leyendo un libro. La lectura corresponde al poema "Tiempo amarillo" de Renato Carneiro Campos (abajo pueden leer el poema completo). Esa descripción, casi nauseabunda del color amarillo es la síntesis de "Amarillo Mango", la ópera prima de Cláudio Assis.

Cargada de elementos claustrofóbicos, la película nos sumerge en la vida de unos pobladores de Recife; largo quedan las playas de Río e Ipanema; largo también está la modernidad de Sao Paulo. Aunque no es una favela, los personajes se desenvuelven en un ambiente tóxico, lleno de mentiras y violencia. Escuchamos por la radio la descripción de diversos crímenes, vemos a un padre sin seguidores, sus fieles son unos perros callejeros; en otro momento vemos la crudeza de un matadero y sangre por todo el piso; la única referencia a una playa es una toma en la que vemos varias cruces, como si se tratase de un cementerio.

Con predominio de planos cerrados, alternados con tomas en picada, el director nos va mostrando una serie de personajes, cada uno representa un aspecto de una sociedad brasileña plagada de contradicciones. Un carnicero que ama a su esposa porque ella es fiel, mientras que él tiene una amante. Un dependiente homosexual que está pendiente de los chismes; una mujer obesa que con cada respiro está a punto de morir; otra mujer dueña de un bar y acosada sexualmente por cada borracho; un necrófilo adicto a los problemas.

La puesta en escena se encarga de transmitirle al espectador el ambiente pesado, el calor y los espacios cerrados; son abundantes las referencias a la carne cruda y la sangre, son elementos que reflejan las decisiones y motivaciones viscerales de los personajes.

También hay una fuerte crítica a las falsas apariencias, sean en el ámbito sentimental, religioso, moral o social. Cuando uno de los personajes muerte, el resto actúa de manera egoísta, se burlan de la situación, pero más adelante los vemos en el velorio con caras tristes. En otra situación, vemos que la mujer más devota, en realidad, engaña a su marido con la misma facilidad con que este la engañaba. El grito de coraje de Ligia, la dueña del bar, increpando a quienes la hostigan, clamando por una vida diferente, es el eco que resuena durante todo el metraje y que acompaña a cada personaje, a cada historia; un eco que se diluye en la realidad hasta desaparecer. Al final solo queda el asco, la náusea, el amarillo hepático, no hay motivos para celebrar.

La dirección de arte es sobresaliente, con una fotografía que busca en los colores chillones generar un estado de hastío en el espectador; la paleta cromática también tiene concordancia con el diseño de vestuario y los decorados. La música es diferente a lo que tradicionalmente escuchamos o asociamos como sonidos brasileños, en su lugar, la banda sonora también nos traslada a la incertidumbre diaria de Recife.

La falsedad que vemos en el accionar o en el pensamiento de los personajes, contrasta con las alusiones a Jean Paul Sartre. En un primer momento, uno de los personajes habla del filósofo francés y lo nombra; la otra alusión es más sutil, escuchamos a alquien decir "Estamos condenados a ser libres", frase famosa de Sartre y que permite hacer una sublectura del filme.

De acuerdo con Sartre, el ser humano siempre está en estado de elección, en tanto elija asume su libertad; así, las condiciones de los personajes en Amarillo Mango son producto de sus elecciones, no son provocados por el destino, ni por un dios, ni por el azar. Wellington elige tener una amante y esta lo acepta sabiendo que es casado. Ligia elige confrontar a cada hombre que la acosa, sin embargo, elige quedarse en ese trabajo aún cuando dice querer alquilarlo. Y así, podemos seguir con cada personaje y sus particulares contradicciones y elecciones. El filme se configura ideológicamente de acuerdo a su director, y en este caso en vez de juzgar a los personajes, las historias o la ciudad; el realizador establece desde la filosofía sartriana su posición: cada uno vive de acuerdo a sus elecciones y tendrá que responsabilizarse de ellas.

Amarillo mango es un filme social, representa un micromundo de la ciudad de Recife; no vemos políticos ni autoridades de algún tipo; solo presenciamos las vidas de unos ciudadanos cansados, consumidos por la violencia y el hastío. En palabras del director: "Cuando no respetas a un ser humano, cuando no amas, o cuando amas y te posesionas de esa persona sin pensar en que tiene su propia vida, todo eso es violencia. Toda la humanidad genera violencia con esas pequeñas cosas".  Los personajes no tiene otra realidad, están sumergidos en problemas que los afectan mutuamente.

Con respecto a la escena en la que vemos cómo degollan una vaca, el director indica: "Es una escena necesaria [...] Hay una violencia más profunda que aquella compuesta de hechos violentos. [...] ...es perverso ignorar los sentimientos de los marginados y exluídos".  La escena en cuestión, busca incomodar al espectador, hacerle sentir repulsión, que "digiera" la película desde el asco, para que así no se acostumbre o no entienda como natural esa forma de relación entre los personajes; al contrario, que sea testigo de la desigualdad social y del primitivismo en la toma de decisiones (por ejemplo cuando Kika arranca un pedazo de oreja a Dayse), reflejo de un estado salvaje entre la sociedad y el individuo.

El uso de la cámara en esta película es vital para mostrarnos el caos imperante, la cámara se mueve asiduamente, sea en un carro, en la acera o dentro de un edificio, no importa, el tiempo transcurre rápido, las vidas se esfuman rápido, el desorden y el apremio se sienten en cada toma. Thiago Ribeiro al respecto apunta: "La cámara, siempre libre y suelta, parece perderse por las calles de esta ciudad pernambucana. Las caras enfocadas son reales y sucias. Las personas que circulan se transforman en personajes desde el intrincado ojo de la violencia".



Poema "Tiempo Amarillo" de Renato Carneiro Campos (Traducción al español de Joao Quiróz Govea)

Tiempo Amarillo
Amarillo es el color de las mesas,
de los bancos,
de los tambores,
de los agarraderos,
de las peixeiras, (1)
de la pala,
y las carretas.
Del carro de buey
de los yugos,
de los sombreros envejecidos,
de la carne!
Amarillo de las enfermedades,
de las lagañas,
de los ojos de los niños, de las heridas purulentas,
de los gargajos,
de las lombrices,
de las hepatitis,
de las diarreas,
de los dientes podridos…
Tiempo interior amarillo.
Viejo, pálido, enfermo.
_______________________
(1) Vendedoras de pescado



Avance de la película (en portugués):


Entrevista con el director Cláudio Assis (en portugués):


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