viernes, 19 de julio de 2013

Rififí




Título original: Du rififi chez les hommes. Francia. (1955) B/N
Director: Jules Dassin
Guión: Jules Dassin basado en la novela homónima de Auguste Le Breton
Cinematografía: Philippe Agostini
Montaje: Roger Dwyre
Diseño de producción: Alexandre Trauner
Música original: Georges Auric
Duración: 120 minutos

Elenco:

Jean Servais como Tony le Stéphanois
Carl Möhner como Jo el sueco
Robert Manuel como Mario Ferrati
Jules Dassin como César el milanés (usó el psudónimo de Perlo Vita)
Marie Sabouret como Mado
Marcel Lupovici como Pierre Grutter

Premios:

Festival Internacional de Cannes: mejor director
Sindicato de críticos de cine de Francia: mejor película


El género del film noir (cine negro) ha generado muchas variantes, llegando incluso al documental y a la animación. El cuidadoso trabajo de iluminación que caracteriza al género ha servido para inspirar diversas obras, desde el blanco y negro hasta el color, simpre contra poniendo dicotomías expresadas tanto en el argumento, como en los personajes y sus significados.

El film noir cruzó fronteras, dejó de ser algo estadounidense, algo que representaba las angustias e incertidumbres de una nación ante hechos puntuales que los marcaron; para convertirse en un producto de exportación. Cineastas de diferentes países se sintieron atraídos por la temática, la estética visual y la construcción de personajes y argumento; sin embargo, no necesariamente comprendían las motivaciones detrás del género cinematográfico. Como resultado, tenemos películas variadas, con alto contenido artístico unas y, otras, con pobres resultados.

El mundo criminal, las mentiras y delitos serán temas comunes en estas películas. Ejemplos los encontramos tan distantes y exóticos como El perro rabioso (Akira Kurosawa, Japón, 1949); L. A. Confidential (Curtis Hanson, EE.UU., 1997); El secreto de sus ojos (Juan José Campanella, Argentina, 2009) o Rififí (Jules Dassin, Francia, 1955).

El presente artículo es a propósito de esta última. En el argot francés, la palabra "rififí" define una "pelea, conflicto violento, hostilidad manifiesta entre bandas o enfrentamiento entre tipos duros. El término proviene de <rif> que, también en argot significa problemas y que ha dado lugar a <rifirrafe> en castellano y <ruffo> en italiano, que significa fuego" (definición tomada de los extras de la versión francesa de la película).

Filmada con un presupuesto de doscientos mil dólares, el rodaje de Rififí salió avante gracias a un elenco de actores poco conocidos y a la austeridad de la post producción. Dassin, tuvo que encargarse de escoger las locaciones, que fueron reales, en vez de construirlas en un estudio; también actuó, debido a la falta de contrato con un actor; el director usó el pseudónimo de Perlo Vita.

Gran parte del problema, es que Jules Dassin aparecía en los créditos. El director, nacido en Estados Unidos, fue acusado por un colega de comunista, razón por la que en 1950 entró en la Lista Negra del Comité de Actividades Antiamericanas. Dassin decidió viajar a Europa, pero por cinco años no consiguió trabajar, la influencia de la política internacional estadounidense le impedía dirigir películas, sobrevivió vendiendo algunas historias y guiones, siempre usando un pseudónimo. Tras un largo período de austeridad, le llega la novela "Du rififi chez les hommes" y la posibilidad de adaptarla al cine.

El propio Dassin cuenta en una entrevista que la primera vez que tuvo la obra no pudo entenderla, debido a que estaba escrita en argot parisiense. Tuvo que pedirle colaboración a un amigo para que se la leyese, tras lo cual no quería adaptarla, debido al alto contenido violento (incluso necrofílico); pero termina aceptando el contrato por $8000 para realizar la película, pensando en su familia y en cómo iba a mantenerlos si no aceptaba. La recompensa la tuvo tras el éxito en taquilla y crítica de la película, puesto que el contrato estipulaba un porcentaje de las ganancias.

El guión final se reduce al robo que planean los cuatro hombres; desestimando gran parte de la novela, razón que causó malestar al escritor que llegó a pedir explicaciones a Dassin, con sombrero y revólver incluidos; tras un momento de tensión, Dassin soltó a reír producto de la impresión, Le Breton, escritor de la novela, reconoció lo absurdo de la situación y también empezó a reírse; después de ese primer encuentro, se volvieron buenos amigos.


La película está filmada con una elegancia que se traslada a los personajes. Aunque sabemos que son criminales, ladrones y asesinos, la ciudad, aún de noche, sigue siendo hermosa. Es un lugar de contrastes, donde la prosperidad y el comercio se dan, pero donde ciertas personas no tienen cabida, al menos no legalmente y por eso recurren a actividades criminales. El protagonista ha estado cinco años en prisión (como los cinco años que el director no pudo trabajar) y ante la imposibilidad de tener una vida de rectitud recae en el delito cuando un antiguo compinche le ofrece participar en un atraco.
La escena inicial, en la que vemos una mesa y diferentes manos jugar a las cartas, es una anticipación del tipo de juego que tendrán los personajes, arriesgando sus vidas, siempre persiguiendo un botín, dinero para solventar sus problemas. Un ladrón quiere ayudar a sus hermanas, otro quiere el dinero para asegurarle un futuro a su hijo, el tercero pretende escaparse con una cabaretera; mientras que el último, el protagonista, simplemente no sabe qué va a hacer. Así de patético y a la vez, real, es el marco argumentativo del filme. El nivel de realismo se termina construyendo al utilizar las calles parisienses, callejones, edificios y gente sirven de ambientación para una historia nostálgica, en el que el tema de la moral es el principal.

El filme es reconocido por la brillante secuencia del robo, con una duración de 32 minutos fue realizada sin diálogo ni banda sonora. El director mantuvo su idea original de crear una atmósfera realista, esta implica que los ladrones operan desde el silencio (podemos apreciar el calzado que usan para no hacer ruido) y la meticulosidad del plan y su ejecución. Hay un tratamiento del tiempo muy interesante, con tomas que nos muestran un reloj y la creciente sensación de cansancio (primer plano de los actores con sus rostros sudorosos). Dassin también usa el montaje paralelo para mostrarnos lo que ocurre a lo interno de la joyería y lo que sucede en el exterior (joven en la florería, camión de limpieza, policías que descubren el auto robado). En general, toda la secuencia es un ejemplo maravilloso de cómo se puede narrar a través de la imagen.


Otra escena muy creativa es cuando se reúnen Tony, Jo y Mario para discutir por primera vez el robo. Desde la perspectiva del espectador vemos a los actores en un café y al fondo la joyería que quieren asaltar. Pero debido al poco presupuesto lo que hicieron en realidad fue colocar una mesa, tres sillas y un marco falso de ventana sobre la calle, y mediante el encuadre se creó la sensación de que estaban dentro de un local.

La historia del robo también se deja de lado en algunos pasajes, cuando el director se preocupa por mostrarnos el caleidoscopio moral de los personajes. Así, mientras tenemos una opinión negativa de los ladrones, quienes se aprovechan del trabajo de los demás; luego aparecen los mafiosos (de nacionalidad francesa. En el libro son africanos y árabes; mientras que los productores querían que fuesen estadounidenses) y por breves momentos se duda con quién simpatizar. Especialmente, tras el secuestro del hijo de unos de los ladrones; tal situación marca un nuevo nivel de hostilidad y delincuencia que no se había visto en el filme, y los otrora "malechores" ahora son víctimas (víctimas de sus propias decisiones). En estos momentos la ciudad cobra un significado diferente, si antes era el lugar para el acto delictivo, ahora es el laberinto que impide u obstaculiza la redención del delincuente. Argumentativamente, Rififí, se adelanta a muchas películas del que se llama "cine sobre crimen" (o sobre situaciones criminales), en tanto que plantea la susodicha redención; no se trata de un héroe, o de un villano convertido en héroe, sino de humanizar y construir moralmente a un personaje que la sociedad cataloga como "malo". Tony busca por toda la ciudad al hijo de Jo, mata en el proceso a quien sea necesario, su preocupación inicialmente se inclina hacia el botín, no perder el dinero, pero va cambiando hacia la vida y la seguridad del niño, por eso lo trepidante y la sensación de angustia que generan las escenas finales, cuando herido, conduce el carro transportando al niño para que este se reencuetre con su madre, ya ha dejado de pensar en sí, para pensar y actuar por alguien más; el dinero está en el asiento trasero, pero ya no es importante; tampoco su vida, en vez de ir a buscar ayuda, lleva al niño con su madre.

El factor moral, está presente en toda la obra. Tony, de manera soberbia busca y castiga a su excompañera por no haberle esperado cuando estuvo en la cárcel; en una escena donde la acción sucede fuera de encuadre, pero que la potencia narrativa no se pierde. En otro momento vemos las decisiones de César, un ladrón que se enamora de una cabaretera y que opta por robar un anillo, algo insignificante en el contexto del atraco, pero que es precisamente la perdición para todos. César está movido por sus sentimientos, por su atracción hacia una mujer y responde en consecuencia. No es tan sencillo encasillar de "malo", los mismos ladrones tienen familia o aspiraciones que les hace ser ambivalentes en sus decisiones. Jo, no puede soportar la angustia ante la posibilidad de perder a su hijo, por lo que decide darles el dinero a sus captores, aún sabiendo (en una escena previa Tony le explica las consecuencias del secuestro) que es muy difícil que regrese con vida, él antepone su rol de padre antes que el dinero del robo.

La relación entre moral y cine, no es algo nuevo, incluso la iglesia católica el 8 de setiembre de 1957 con el papa Pío XII, dedicó una encíclica al respecto. En la misma se lee "No será pues posible lograr que el cine sea "un instrumento positivo de elevación, de educación y de mejoramiento", sin la escrupulosa colaboración de todos los que tienen una parte de responsabilidad en la producción y difusión de los espectáculos cinematográficos. Hemos declarado ya en otra oportunidad los elementos que constituyen un "film ideal", cuando Nos dirigíamos a los que están interesados en "el mundo del cinematógrafo", invitándolos a realizar el alto fin de su vocación" (Encíclica Miranda Prorsus, Pío XII).

En la misma encíclica el papa indica que "Para juzgar el contenido y la presentación de una película, inspírense los revisores en las normas que Nos hemos expuesto en los mencionados Discurso sobre "el film ideal", y en particular tengan en cuenta las que se refieren a películas de argumento religioso, a la presentación del mal y al respeto que se debe tener de la persona humana, de la familia y de su santidad, como también de la Iglesia y de la sociedad civil" (Encíclica Miranda Prorsus, Pío XII). Acá pueden leer la encíclica completa.

La encíclica viene dos años después del estreno de Rififí. No tienen relación directa, sino que sirve para contextualizar el escenario mundial en la década de los cincuenta del siglo pasado. Misma década en que la Guerra Fría y el macartismo marcaron la política internacional: "El desenlace de la segunda guerra mundial, en 1945, no contribuye tampoco a aliviar las tensiones que soporta la sociedad, a pesar de que el país sale del conflicto bélico convertido en la primera potencia militar del orbe. La desmovilización de los ex combatientes y la lenta transformación de la industria de guerra en una industria civil provocan un incremento alarmante del desempleo y de la inflación y un rápido desarrollo de la delincuencia. El país gira hacia las posiciones de la derecha más recalcitrante mientras crece la tensión racial, se intenta limitar el poder de los sindicatos a golpe de ley y el Comité de Actividades Antiamericanas inicia, en 1947, su particular combate contra las ideas progresistas que arraigan en Hollywood". (Santamarila y Heredero (1996). "El cine negro, maduración y crisis de la escritura clásica". Barcelona: Paidós, p. 38).

Primero J. Edgar Hoover, quien habló para que no se realizaran películas que mostraran como incompetentes a los policías; luego Macarthy, quien con el Comité de Actividades Antiamericanas realizó una cacería de brujas, la cual afectó al propio Jules Dassin, entre otros. Y hasta Pío XII, con su encíclica y el senado estadounidense con el código Hays, todos ejemplos de cómo el cine se ha visto manipulado y atado por los movimientos político sociales de la época. El cine negro es una respuesta directa ante la paranoica persecusión durante la Guerra Fría, ante la incertidumbre tras las numerosas guerras y desempleo que marcaron el siglo XX durante 1914-1960 (la época clásica del cine negro es de 1948 a 1960; aunque después de 1960 se produjeron otros conflictos bélicos, el cine los retrató desde otra perspectiva como Apocalipsis ahora (1979), Pelotón (1986), Full Metal Jacket (1987), entre otros).

Rififí plantea un castigo, una sanción moral, sin importar si haya sido con intención o no. Sus personajes pertenecen al hampa y sus vidas terminan trágicamente. Incluso la esposa de Mario es asesinada, aún cuando ella no tenía conocimiento de los hechos. Hay una lectura en la que se entiende que las actividades criminales traen consecuencias. En uno de los diálogos más interesantes del filme, la esposa de Jo le increpa sobre el por qué es un hampón, que si bien miles de niños crecen en la miseria no todos se vuelven criminales. La sanción de la transgreción es severa para la mayoría de los personajes, salvo el niño y su madre, el resto sufre consecuencias. Sin embargo, el niño lo vemos jugando con una pistola de juguete, acaso como una advertencia de lo que hará cuando sea mayor...


La película también presenta una estética precursora al movimiento de la Nueva Ola Francesa, por ejemplo las tomas de noche cuando vemos las luces de neón y los letreros luminosos, brindan una noción artística a un mundo obscuro. También la poética escena cuando Tony conduce el árbol y su mirada (nuestra mirada a través del uso de la cámara) se pierde entre las ramas de los árboles, se trata de una perspectiva subjetiva, existencialista ante la vida; justo la temática que explorarán directores francesas en años posteriores.


Curiosidades


Salvo en la canción que interpreta una mujer en el cabaret, en ningún otro momento del filme alguien dice la palabra rififí.

Jules Dassin estrena en 1950 Night and the city (Noche en la ciudad), pero para la época el también director Edward Dmytryk lo delató ante el Comité de Actividades Antiamericanas. Dassin huyó a Europa y pudo volver a dirigir en 1955 (Rififí).

El cabarete "L'Age d'Or" se llama en honor a la película de Luis Buñuel. El encargado de diseño de producción de Rififí, Alexandre Trauner, trabajó en ambas producciones.

Jules Dassin se negó a filmar durante días soleados, para así crear una atmósfera fría y oscura. Tampoco quiso complacer a los productores filmando una escena de pelea a puñetazos.


La escena en la que César muere no está en el libro. Dassin, que interpretaba a César, la incluyó como una manera de dejar clara su opinión ante los "traidores" y "soplones" (debido a que él fue acusado de comunista).

En México tras 11 semanas de presentarse la película, fue retirada de cartelera porque empezaron a darse robos siguiendo métodos similares a los que el filme muestra. En otros países también se dieron situaciones similares, pero no retiraron la película. En general, Rififí sienta las bases para el tipo de cine de crimen, en el que se planean robos con sumo detalle. Al ver películas como Ocean's 11 (Steven Soderbergh, 2001); Reservoir dogs (Quentin Tarantino, 1992); The usual suspects (Bryan Singer, 1995), entre otras, queda manifiesta la influencia del filme de Dassin.

Tras recibir el premio a mejor director en Cannes, el único estadounidense que lo saludó, felicitó y se sacó fotos con Jules Dassin fue Gene Kelly.

El compositor Georges Auric insistió en hacer la música para la secuencia del robo, por si Dassin tenía dificultades con los productores. El propio Dassin invitó a Auric a ver la película con y sin música en esa escena y el compositor terminó aceptando que la versión de Dassin era mejor.

Las joyas usadas durante la película era auténticas, propiedad de Jean Dusausoy, quien las prestó con la condición de que la policía las vigilara.

La película estaba propuesta para que la dirigiera Jean-Pierre Melville, sin embargo, él le cedió el trabajo a Jules Dassin.

Mientras que el director francés François Truffaut alabó el filme catalogándolo como el mejor film noir francés; el también director galo Jean-Luc Godard criticó negativamente el filme, mientras recomendó "No tocar la pasta" (Jacques Becker, 1954) y Bob el jugador (Jean-Pierre Melville, 1956) en su lugar.

Existen varias películas inspiradas en este filme. El rififí y las mujeres (Alex Joffé, 1959); Rififí en Amsterdam (Giovanni Korporaal, 1962); Rififí en la ciudad (Jesús Franco, 1963); Rififí en Tokio (Jacques Deray, 1963); Rififí en Amsterdam (Sergio Grieco, 1966); Rififí en Panamá (Denys de La Patellière, 1966). Y en el 2011 una productora estadounidense compró los derechos para realizar un "remake" de la original.


Avance de la película (en francés):


Entrevista a Jules Dassin en la que habla sobre haber estado en la Lista Negra y sobre el rodaje de Rififi:


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