jueves, 11 de julio de 2013

Elefante Blanco





Título original: Elefante blanco. Argentina, España, Francia (2012). Color
Director: Pablo Trapero
Guión: Alejandro Fadel, Martín Mauregui, Santiago Mitre y Pablo Trapero
Cinematografía: Guillermo Nieto
Montaje: Andrés Estrada, Nacho Ruiz Capillas, Pablo Trapero
Diseño de producción: Juan Pedro de Gaspar
Dirección artística: Fernando Brun
Música original: Michael Nyman
Duración: 105 minutos

Elenco:

Ricardo Darín como padre Julián
Jérémie Renier como padre Nicolás
Martina Gusmán como Luciana


El crítico Pablo Sirvén de La Nación (Argentina) indicó "Trapero, que de chico supo hacer trabajo social en villas, ahonda su mirada en submundos desconocidos por el gran público, que apenas tiene noticias lejanas mediante la sangrienta (y estereotipada) crónica policial".


La filmografía del director argentino siempre ha tenido un referente social, sus personajes son marginados que tratan de sobrevivir de acuerdo a sus posibilidades. Lo interesante en Trapero, es que conjuga el cine de denuncia con una propuesta comercial, esto hace que el público asista a los cines, vean la película y también se lleven el mensaje.

En el caso de Elefante Blanco, los actores Ricardo Darín y Martina Gusmán repiten con Trapero, tras haber actuado en su filme anterior "Carancho". Se les une el belga Jérémie Renier. El trío representa aquellas voces afuera de la villa que trabajan para lograr un mejoramiento en la calidad de vida de la zona.


El título del filme remite a la promesa de un hospital, el más grande de Latinoamérica, según los diferentes gobiernos que impulsaron la obra. En 1923, con el senador Alfredo Palacios se empezó a reunir fondos para el proyecto, sin embargo, el trabajo no empezó sino hasta 1938, pero se detuvo por varios años hasta que Juan Domingo Perón la retomó en su administración (1947-1955); tras el golpe de Estado por los militares en 1955, la obra nuevamente quedó inconclusa. Para la década de los 80, el lugar empezó a conocerse como "Ciudad oculta". En realidad, el "Elefante blanco" se ubica en el barrio de Lugano, en la villa 15 de la ciudad de Buenos Aires. Actualmente, el edificio se encuentra bajo la administración de la Asociación Madres de la Plaza de Mayo.

Trapero desvela un acto de corrupción y crea una historia verosímil que transcurre en la propia villa miseria que se encuentra en la zona. El manejo de cámaras, encuadre y fotografía se encargan de recordarnos dónde se sitúa la acción, la lluvia y los charcos de agua nos remiten a la condición inhóspita del lugar. Mientras los personajes caminan, el director nos muestra la vida cotidiana de sus habitantes, niños, perros, mujeres y hombres quienes viven sumidos en la pobreza, las drogas, pero que tienen esperanza y son solidarios entre ellos para subsistir.

La película no tiene un discurso político ni critica la forma en que viven los "villeros"; por el contrario, crea una ficción alrededor del trío de protagonistas y el espectador al igual que ellos son elementos externos, ojos que miran desde el afuera la situación de precariado de cerca de treinta mil personas. Dicha ficción nos muestra la lucha del padre Julián por ayudar a los lugareños, descubrimos que tiene un tumor y por eso busca la ayuda de otro sacerdote, el padre Nicolás, quien tiene un complejo de culpa por haber sido el único sobreviviente de una masacre en el Amazonas. Ambos comparten algo más que el oficio, se entregan a sus funciones, se quitan las vestiduras religiosas y se ensucian las manos en pos de los necesitados. Junto con ellos, una trabajadora social (Luciana) les ayudará en la faena de construir un proyecto habitacional.

Pronto descubrimos que al igual que el hospital abandonado, el proyecto de vivienda ha sido manejado de dudosa manera, el dinero no aparece y las partes involucradas se echan la culpa entre sí. En el centro de la tragedia se encuentran cientos de familas que desean un lugar digno para vivir.

Para crear una atmósfera más envolvente, Trapero no utiliza una banda sonora que se superponga a la acción, salvo la canción de los créditos iniciales y finales, opta por sonidos que recreen el ambiente, esto permite contextualizar el relato de mejor manera, nos trasladamos a lo interno de la villa. Son también efectivas las secuencias de persecuciones, una en particular, en la que presenciamos un tiroteo entre pandillas, resulta impactante, muy bien filmada, usando un foco distorsionado en el fondo lo que nos permite concentrarnos en Luciana y Nicolás quienes se encuentran en medio del tiroteo, la tragedia personal se mezcla con la cotidianeidad de la zona y la atmósfera tiene algo de impersonal.

Hay una clara intención de generar un ambiente claustrofóbico, los pasadizos dentro de la villa se transforman en un laberinto, justo como las razones por las que sus habitantes llegaron a esa condición. Los pisos del que iba a ser un hospital son refugio de drogadictos, en vez de drogas para curar, hay drogas para morir. Sin embargo, como se mencionó antes, el director no critica la forma de vida de la gente en la villa, sino que expone la cruda verdad que se oculta en su interior, esa fue la manera que encontraron para sobrevivir, no quiere decir que sea la más adecuada, pero ante el abandono de las autoridades políticas, sociales y religiosas, fue lo que hicieron.


Hay abandono también de las autoridades religiosas, más allá de los dos curas que intervienen en la historia, ellos lo hacen por sacrificio personal, porque creen en unos valores que la institución a la que pertenecen no le importan. Al contrario, vemos que el objetivo de la iglesia es canonizar al padre Mugica (muerto en 1974 y cuyo asesinato nunca se ha esclarecido), para ello buscan la manera de inventarse algún milagro. Estos tratos por parte de la cúpula religiosa es lo que molesta a Julián, él se siente cansado, inútil, sin fuerzas, cuestiona su fe, pero no cesa de ayudar al prójimo. De manera similar, Nicolás cuestiona su fe, él teme la soledad y en su confusión se acerca a Luciana, quien también se encuentra sola. Nicolás es más joven y ayuda de manera enérgica, pero torpe; se involucra más de la cuenta y eso traerá consecuencias, aún así, es el sucesor elegido por Julián. La escena final, nos muestra al padre Nicolás sentado y a la villa de fondo, como si la llevara sobre sus espaldas.

El filme transcurre de manera fluida, tiene un buen guión (aunque no hay justificación interna del por qué del prólogo) y una estupenda fotografía. Se vuelve algo permisivo hacia el final, más comercial, con un desenlace abrupto.

Elefante blanco no es un cine de denuncia como tal, al menos así lo dice su director, aunque está filmado con la intención de que el espectador no quede indiferente. En una entrevista para el programa Días de Cine, Pablo Trapero indicó que sus anteriores películas (Leonera -drama carcelario- y Carancho -sobre fraudes-) ayudaron a modificar leyes en su país. Este carácter transformador se siente presente en toda la obra de Trapero, un cineasta que busca movilizar al espectador desde las butacas hasta las calles. En la misma entrevista declaró "...nunca o muy pocas veces reflexionan [la gente] sobre cuánto de lo que está pasando tiene que ver con tu acción o con tu omisión".

Gran parte de la fortaleza dramática del filme radica en la locación donde se filma. Trapero llevó a los actores y al equipo de producción a la villa a filmar, los personajes se sienten reales porque lo son, la infraestructura aadquiere mayor magnitud ante la cámara que si hubiese sido creada en una computadora; los actores también se ven beneficiados, porque se ven inmersos en las miles de historias de las personas que viven ahí, aprenden cómo se ve el lugar, a qué huele, qué se escucha, comparten las experiencias, aunque sea por poco tiempo y de forma diferente. Esa carga emocional la trasladan a la película y se nota claramente. No es casualidad que la cámara nos muestre de igual manera una balacera que una procesión, se trata de las historias que comparten quienes viven ahí.


Villas, favelas, tugurios, cambia el nombre según el país, pero los hechos no lo hacen y las historias tampoco. Las drogas, las muertes y la corrupción coexisten con la solidaridad, el trabajo y la esperanza.



Avance de la película:


Entrevista con Pablo Trapero para un programa radial argentino:


Entrevista con Ricardo Darín:


Conferencia de prensa con parte del elenco y el director:


Canción "Las cosas que no se tocan"  interpretada por Piti Álvarez del grupo Intoxicados, parte de la banda sonora de la película:


3 comentarios:

  1. Fernanda de Tucumán,Argentina14 de julio de 2013, 19:17

    La peli comienza a decaer en la segunda mitad, me parece que Trapero cae en el mismo error que en el final de Carancho tratando de cerrar todas las historias forzadamente cuando era más acertado esperar un final abierto.
    El guión me pareció un tanto inverosímil: que la Iglesia como institución esté involucrada en un proyecto habitacional no se la cree nadie por lo menos acá en Argentina; lo mismo la historia del cura Carlos Mugica y su asesinato víctima del accionar de la extrema derecha de los '70 se pierde totalmente para el público que no esté al tanto de lo que pasó en aquellos años (escena del discurso de Darín durante la misa por otro año más del crimen)o la idea de su canonización habiendo sido tan resistido por la jerarquía precisamente por su progresismo y su clara adhesión a la "izquierda peronista"; la ingenuidad de que no haya ni un puntero político cuando son éstos los que realmente organizan a las villas; que a la hora de circular por la villa busquen a un local pero a la hora de pensar las soluciones baste con el grupito de curas y la trabajadora social.
    De lo mejor la escena plano secuencia?de nicolás buscando el cadáver del chico muerto por las disputas de territorio de las bandas de narcos, muy grosa por el ambiente que (re)crea y más por la lectura que se le pueden hacer.

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    Respuestas
    1. Saludos Fernanda. A mi gusto la película no decae, el final es comercial, eso sin duda, pero como escribí es la forma en que filma Trapero. Sin embargo, yo no la compararía con Carancho, filme que sí se sintió forzado en todo momento; por el contrario, Elefante blanco fluye bien. La verosimilitud tiene que ver con la coherencia interna del relato, y este está bien hilvanado, salvo la parte de Nicolás en el Amazonas, que bien se pudo suprimir. No es ingenuidad la falta de una lectura política; el director elige cómo desea hacer el filme, por momentos está hecho como documental, pero claramente no lo es, solo la estética con que se filma. Para el desarrollo de la historia no importa la esfera política, no es relevante, no se trata de una crítica al sistema político; la película lo que pretende es mostrar la vida dentro de la villa y las vicisitudes de sus habitantes; el director opta por tener 3 personajes que pertenecen al afuera (de la Villa) como ejes narrativos, y así, exponer (ojo, no denunciar, ni criticar, solo expone) la vida dentro del lugar.

      La secuencia que te refieres, es muy buena, muy claustrofóbica por lo laberíntico del lugar.

      Lo de Mugica, fue tanto un recordatorio/homenaje para que las nuevas generaciones no lo olviden (o se pregunten quién era y lo investiguen); como una manera de trazar un paralelismo entre Mugica y Julián, con la idea de mostrar que aún dentro de una institución tan corrupta como la iglesia, hay personas que trabajan para los demás con verdadera convicción.

      Saludos a Tucumán

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  2. Un estupendo trabajo el de Pablo Trapero, hace poco vi esta película en hbogo filmes y de verdad la he disfrutado muchísimo no sólo por su guión bien escritos sinoi por elementos como la buena fotografía, los maravillosos y largos planos secuencia que acompañan los pasos de los personajes, la crudeza de la imagen (una de las marcas propias de las historias de Trapero) y el impacto que ciertas tomas van produciendo (una de las secuencias finales, por ejemplo) crean un realismo intimidante y aportan una calidad audiovisual que impacta.

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