lunes, 10 de diciembre de 2012

Bonsái




Título original: Bonsái. Chile - Argentina - Portugal - Francia (2011). Color
Director: Cristián Jiménez
Guión: Cristián Jiménez basado en la novela homónima de Alejandro Zambra
Cinematografía: Inti Briones
Edición: Soledad Salfate
Diseño de arte: Jorge Zambrano
Música: Caroline Chaspoul y Eduardo Henríquez
Productora: Jirafa
Duración: 95 minutos

Elenco:

Diego Noguera como Julio
Nathalia Galgani como Emilia
Gabriela Arancibia como Bárbara
Trinidad González como Blanca
Hugo Medina como Gazmuri


Hablar de Bonsái significa hablar de una de las películas más originales del cine latinoamericano de las últimas décadas. Una hermosa propuesta llena de nostalgia, poesía y literatura.  Jiménez narra en 95 minutos las cerca de 90 páginas que comprenden la novela homónima de Alejandro Zambra (Anagrama, 2006) y la  describe como una "historia de amor, libros y plantas".

Cristián Jiménez

El cine chileno está dando de qué hablar en los últimos años, teniendo actuaciones destacadas en el Festival Internacional de Cannes (el más importante del mundo). Bonsái compitió en la sección Un Certain Regard del 2011. Principalmente, está encontrando una identidad e historias interesantes que contar alejadas de la dolorosa historia de la dictadura, en otras palabras, su cinematografía está evolucionando. 

Bonsái es una propuesta que se atreve desde su estructura hasta las actuaciones. Elaborada a partir de recuerdos y mentiras, la trama se desarrolla de manera muy interesante atrapando al espectador hasta el final, llegando incluso a olvidar que en el primer diálogo (voz en off) de la película se nos advierte sobre lo que va a ocurrir. Lo que pasa es que el espectador se sumerge en la historia y se deja envolver por la propuesta.

El filme traza la analogía entre el cuidado que tiene que tener una planta con el trabajo que requiere mantener una relación de pareja. La analogía se nutre de extensas obras literarias que los protagonistas comparten en los intervalos en los que no están teniendo sexo. Una mezcla extraordinaria si no fuese porque en el camino (o desde siempre....) alguien (o los dos) tiene (n) que mentir.

Como espectadores observamos la película como Blanca (Trinidad González), pero como personas nos sentimos Julián, Emilia o Bárbara de acuerdo a las experiencias que cada uno haya tenido. Así, mientras Julio reconstruye del recuerdo su relación con Emilia y la deconstruye en su novela, nosotros asistimos a una especie de lectura abierta de dicha novela, como si se tratase de esos cafés en los que llega un escritor a leer sus trabajos.


Para crear esta atmósfera especial, el trabajo de Inti Briones (fotografía) y el de Soledad Saltafe (edición) son claves. La fotografía nos muestra los personajes de manera lírica, los diferentes espacios están acompañados de una iluminación que la cámara capta con encuadres rígidos, mientras que los decorados minimalistas nos permiten centrarnos en los actores y su historia. El montaje le da un ritmo ágil a un filme que pasa del pasado al presente con la rápidez con que lo hace la memoria. No en vano, en el programa español Días de Cine, especializado en el análisis cinematográfico, describen el trabajo de Jiménez como el de un Aki Kaurismäki latinoamericano. Esto debido al gran tino de Jiménez en la puesta en escena, la forma en la que describe a partir de los hechos usando el mínimo de efectos especiales y potenciando los decorados naturales (o en su defecto, escenarios creados de manera minimalista) de manera armónica. La cámara tiene poco movimiento para así crear un espacio más íntimo y directo con el personaje. Destaco una secuencia hacia el final del filme, en el que el protagonista, agobiado, va en un taxi, solo le indica al chofer que le conduzca sin rumbo fijo, el único requisito que no se detenga hasta agotar cierta suma de dinero, en la secuencia desaparece el sonido ambiente y la fotografía cobra un sentido superlativo, mostrando desde un ángulo contrapicado la vida según Julio, sus dudas, miedos y un sol que le ciega.

La música plantea otra clave narrativa; nos marca las pautas según estemos en el pasado o el presente, en el recuerdo o en la creación. Resalta en algunos pasajes el grupo Pánico, que nos remite al pasado del director y que utiliza la canción Distant Shore para ambientar algunas escenas cargadas de nostalgia.


Mientras se pasan las páginas y se acumulan las noches de pasión, cualquier relación va acumulando pesos invisibles, acá es donde entra la metáfora del Bonsái. Árbol al que se le simula el peso de la nieve atando partes de sus ramas, ese peso imaginario en las ramas es el mismo que soporta cualquier pareja. Cuando los cimientos de la relación se caracterizan por la mentira, es más probable que el peso se vuelva insoportable y por lo tanto la pareja se separe. Sin embargo, al igual que un bonsái deja de serlo cuando es extraído de su contenedor, una relación puede pasar de nivel cuando supera, lo que Milan Kundera llamó, la Insoportable levedad del ser.

Como ven estamos ante un filme que en apariencia se trata de una comedia ligera o un drama meloso; sin embargo, lo que pretende es ir en busca del tiempo perdido en el recuerdo de un joven, sobre una relación de la que todavía se siente aferrado, razón por la cual, su presente está incompleto. Así se lo hace ver Blanca quien asume que el libro que Julián le lee es mera ficción, ignorando lo lapidaria que resultan en realidad sus críticas literarias.

La actuación de Diego Noguera es superlativa, tiene la capacidad de transmitirnos un sentido de urgencia sosegada, su mirada nostálgica y andar torpe dan vida a un Julián a quien terminamos apreciando como si fuese un amigo (o un reflejo de nosotros mismos). Su falta de expresividad es el tono justo para un filme que utiliza un fino humor para hablarnos de la vida, su actuación nos recuerda a Buster Keaton.


El resto del elenco también actúa de manera elogiable, se siente una camaradería y una naturalidad en su forma de actuar que son claves para que la historia funcione y convenza. Cada gesto de los protagonista es justo y moderado, haciendo imposible dejar de pensar que hay más, esto produce psicológicamente en el espectador un vínculo con los personajes, una relación directa entre lo narrado visualmente y las experiencias individuales. En esto también influye el poco o ningún maquillaje de los actores.

Película altamente recomendada, para verla cualquier cantidad de veces y dejarla entre esas pocas y escogidas especialmente en cada videoteca, para regresar a ella en varias oportunidades. Les aconsejo tomarse un tecito, regar las plantas, tomar su bicicleta, empacar un buen libro y salir a buscar esta película, no sea que en el camino se encuentren con un Bonsái.... y blah, blah, blah.



Avance de la película:


Sesión de preguntas y respuestas en el AFI Fest 2011 con Cristián Jiménez:


Pequeña entrevista, pero muy provechosa al realizador:


Diego Noguera habla sobre el rodaje de Bonsái:

2 comentarios:

  1. me gusta el análisis que hacés de esta película. Sólo agrego dos aspectos que me gustaron mucho: hacia el final de la película, cuando Julián va en taxi y hay silencio absoluto, este aturde y conmueve,es una de las escenas que más me agradó; el otro aspecto es el tema de la mentira, Julián se escuda en alguna mentira dentro de la relación de pareja y nunca revela a Blanca (por ejemplo)la verdadera autoría del libro que le lee a esta, ni siquiera al final; me hace pensar en los individuos que no avanzan, que una y otra vez, tropiezan en la misma piedra.
    La metáfora del bonsái es majestuosa. Damara

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    Respuestas
    1. Saludos Damara. Gracias por recordarme esa secuencia del taxi, se me había olvidado comentarla. Ya modifiqué el artículo e incluí mis impresiones al respecto.

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