viernes, 20 de julio de 2012

Los olvidados




Título original: Los olvidados. México (1950). Blanco y Negro
Director: Luis Buñuel
Guión: Luis Alcoriza y Luis Buñuel
Productor: Óscar Dancigers, Sergio Kogan, Jaime Menasce
Cinematografía: Gabriel Figueroa
Edición: Carlos Savage
Música: Rodolfo Halffter basado en temas originales de Gustavo Pittaluga

Elenco:

Roberto Cobo como el Jaibo
Alfonso Mejía como Pedro
Estela Inda como la madre de Pedro
Alma Delia Fuentes como Meche
Miguel Inclán como Don Carmelo (el ciego)


Premios:

Festival Internacional de Cannes: mejor director

Premios Ariel (México): mejor dirección, mejor cinematografía, mejor guión, mejor diseño de producción, mejor sonido, mejor actriz de reparto, mejor actuación juvenil, mejor edición, mejor actuación infantil

Nombrada como Memoria del Mundo por la UNESCO (2003)

Una obra maestra del director aragonés en la que nos muestra, con una crudeza inaudita, la pobreza y vida criminal de un grupo de menores en la ciudad de México. Precisamente, el pueblo mexicano recibió de muy mala manera esta visión de su país, ni siquiera la introducción agregada en la que se mencionan otras ciudades del mundo para darle universalidad a la película contuvo las críticas de los sectores más conservadores, quienes incluso, pidieron la expulsión de Buñuel de México.

Más allá de esas anécdotas, la película sí logra ser universal y virtud de ellos logró un éxito sin precedentes (para el cine mexicano) a nivel internacional, ganando la Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Buñuel demuestró una vez más, su capacidad para dirigir actores o personas en general, puesto que muchos de los que vemos en sus películas no tenían experiencia alguna en esa profesión, aún así, logran plasmar con total verosimilitud sus personajes e historias.

Los chicos que vemos en esta película perfectamente los podemos encontrar en cualquier país latinoamericano, incluso salvando la geografía, en cualquier parte del mundo. La tesis de que la criminalidad surge como respuesta a las condiciones de vida infrahumanas, la pobreza, la hambruna y el hacinamiento; es la base con la que Buñuel nos presenta esta historia, en la que según afirma (en la introducción) las fuerzas represivas de la sociedad no puede detener.


La aproximación del director hace recordar su obra Las Hurdes (tierra sin pan) y el trasfondo crítico y pesimista que envuelve estas películas. Diferentes temas son tratados a lo largo de hora y media de metraje. La ausencia de la figura paterna, el fracaso de las instituciones de represión o corrección, la explotación laboral, la promiscuidad, entre otros. Sin embargo, la pobreza es lo que más resalta y alrededor de esta se entienden el resto de problemáticas sociales.

Niños y jóvenes sin censura moral, que roban y atacan a otros para sobrevivir en las calles; odiados y repudiados por la sociedad, la misma que los ha llevado a vivir de esa manera. Empiezan a muy temprana edad a fumar, tomar y delinquir.


La tensión por el crimen cometido irá aumentando así como va desapareciendo la esperanza en Pedro. Existe un final alternativo en el que Pedro sale con vida, este final fue descartado por Buñuel para no perder la objetividad con la que venía trabajando el filme. El final real implica una violencia real, un acto que se sucede cada día, no importa si se trata de 1950 ó del 2012, una advertencia del director del camino que está tomando la humanidad.

La fotografía y el trabajo de iluminación son de altísima calidad y permiten mostrar el mundo que Buñuel se imaginaba. Trabajo de Gabriel Figueroa, el estupendo fotógrafo, que nos va desnudando los barrios empobrecidos de una ciudad decadente (al igual que sus habitantes).

También hay elaboraciones surrealistas, sello característico de Buñuel. Concretamente, la escena onírica en la que Pedro sueña con el cadáver de Julián y posteriormente lucha con El Jaibo por un pedazo de carne como si se tratasen de animales salvajes.



Simbolismo en la obra


Existe un antagonismo constante entre la luz y la oscuridad, el blanco y el negro. Por un lado, el blanco representa la pureza, lo deseado por los personajes; por otro, el negro simboliza la suciedad y la realidad en la que viven.


Buñuel utiliza animales como metáforas de esta representación, específicamente gallinas. Cuando el ciego es golpeado vemos una gallina negra, mientras que cuando le hace una "limpia" a una mujer enferma lo hace con una paloma blanca.  La gallina negra es una metáfora del crimen sufrido, de la golpiza y la destrucción de sus pertenencias, nos hace entender el mundo en el que los personajes se encuentran. La paloma viene a representar el estado al que se desea llegar, una vida sin enfermedad, sin suciedad, la tradición indica que la paloma se convierte en un receptáculo de lo que aqueja a la mujer, cuando la paloma muera, se supone que la mujer quede curada. El niño, Ojitos, hace ver que eso no va a funcionar y a continuación saca su propio amuleto.

En otra escena se hace una analogía de cómo Marta (madre de Pedro) mata un gallo como El Jaibo mata a Julián, esto hace que Pedro se sienta enfermo y tenga una pesadilla (al más puro estilo surrealista de Buñuel). En el sueño, Pedro ve una galllina blanca (representación de la inocencia y la pureza que todavía tiene), luego aparece su madre y después Julián (muerto) sale debajo de su cama. A continuación el director nos muestra unas imágenes en cámara lenta en las que vemos unas plumas cayendo y un pedazo de carne (Pedro le pide a la madre que le dé comida); finalmente El Jaibo y él luchan por la carne. La inocencia que conserva Pedro va desapareciendo conforme las plumas caen, metáfora de la caída en desgracia al ser testigo del crimen de El Jaibo.

Cuando Pedro se encuentra en la Escuela-granja, entiende que el estado de pureza es inalcanzable, por esto mata las gallinas (blancas); está acabando con la esperanza de cambiar, asumiendo su lugar en el mundo. El resto de personajes viven en la fantasía de que un cambio va a llegar, mientras que Pedro es el único que toma un curso de acción definitivo. Su muerte, aún así, es simbolizada con una gallina blanca.


La película también tiene una carga erótica importante, algo característico en el cine buñueliano. La unión entre El Jaibo y Marta es de carácter incestuosa, en el sentido de que ella representa la madre de él. La ternura que el chico no tuvo la traslada al instinto sexual; la mujer que se siente atraída por la brusquedad de El Jaibo lo acepta y admite el cortejo.


El otro personaje que tiene una esfera sexual constante es el de Meche. En una escena baña sus piernas en leche (idea de pureza, limpiarse la suciedad y alcanzar un estado deseado) en una evidente alusión al semen. No queda claro si la niña se prostituye, uno podría intuirlo, lo cierto es que es el objeto de deseo del ciego, pero Ojitos es quien le llama la atención a ella.


Otro animal que aparece en la película es el perro, tanto este como la gallina son considerados símbolos que desempeñan un papel de psicopompo, acompañan a los humanos en tránsitos hacia otro mundo (puede ser hacia los infiernos o hacia el cielo). En el caso del perro es más usual que sea su compañero hacia la muerte "La primera función mítica del perro, universalmente aceptada, es la de psicopompo, guía al hombre en la noche de la muerte, tras haber sido su compañero en el día de la vida" (Chevalier, J. y Gheerbrant, A. (1986) Diccionario de los símbolos. Barcelona: Editorial Herder; p. 816).



Curiosidades


Buñuel investigó en Tribunales para menores, artículos de noticias e incluso con una psiquiatra (María de Lourdes Ricaud) para ambientar de la mejor manera la película y encontrar los personajes. En una noticia leyó la crónica de un niño de 12 años que fue hayado muerto en un basurero.

Existe un final alternativo. Se le conoce como el "final feliz" y aunque Buñuel no quería filmarlo, el productor (Alcoriza) lo obligó, sin embargo el montaje final es el que quiso Buñuel.

Se exhibió en México por solo tres días. Los grupos conservadores y la aristocracia estaban furiosos con la representación "indigna" que se hacía de México. Entre los detractores de la película estaba Pedro Infante (quien incluso le reclamó personalmente en un café). La prensa y el gobierno tampoco aprobaron el filme. Muchos pidieron que se le revocara la nacionalidad mexicana al cineasta aragonés. La reacción del público fue similar a la que Buñuel experimentó al estrenar La edad de oro en Francia. Fue debido al éxito que obtuvo en Cannes por lo que se re-estrenó en México y el público fue aceptando con menos recelo el largometraje.

La voz en off que se escucha narrando el filme es la de Ernesto Alonso. Buñuel le daría el protagónico al actor en La vida criminal de Archibaldo de la Cruz (también conocida como Ensayo de un crimen). Parte de los diálogos son de Pedro de Urdimalas (colaborador de Ismael Rodríguez en "Nosotros los pobres"), pero no quiso que su nombre apareciera en los créditos porque una escena de la película (que al final no se rodó) ofendía (según él) a España. La escena en cuestión mostraba a un individuo caminando mientras unos niños revolcaban la basura, la imagen debía ser una analogía con Don Quijote para revelarnos que se trataba de un mendigo.

La encargada de peluquería renunció luego de la escena en la que Stella Inda rechaza a su hijo Pedro (Alfonso Mejía); alegó que "ninguna madre mexicana sería capaz de tal infamia".

Entre quienes más fervientemente defendieron Los Olvidados se encontraba Octavio Paz, quien incluso dedica en su libro "Las peras del olmo" un texto largo y decisivo sobre el filme. Hay quien cree que la influencia de Paz sobre el secretario del embajador de México en Francia (Jaime Torres Bodet) ayudó para que el aragonés se alzase con el premio a mejor director en Cannes.

Para 2004, Metropolis (Fritz Lang) y Los olvidados eran las únicas películas en formar parte del registro de Memoria del Mundo de la UNESCO. En años posteriores se incluyeron las películas cortas de los hermanos Lumiere y El mago de Oz (Victor Fleming).

La candidatura de Los olvidados para la Memoria del Mundo fue hecha por Magdalena Acosta (directora de la Cineteca Nacional) e Iván Trujillo (responsable de la Filmoteca de la UNAM). Contaron con el apoyo de Román Gubern (ensayista y teórico del cine),  David Francis (antiguo director del British Film Institute y funcionario de la Federación Internacional de Archivos Fílmicos) y de Wolfgang Klauer (miembro de la productora alemana DFA).

Buñuel en un almuerzo con Zavattini (precursor del cine neorrealista) le comentó sus razones por las que difería con ese estilo cinematográfico "Estábamos almorzando juntos, y el primer ejemplo en el que pude pensar fue en el vaso de vino que estaba tomando. Para un neorrealista, le dije, un vaso es un vaso y nada más [...] Pero ese mismo vaso, visto por diferentes personas, podría ser miles de cosas diferentes [...] y ninguno lo vería de la forma en que realmente es, sino en la manera en la que sus deseos y su humor quieren verlo. Yo lucho por un cine que me permita que me haga ver esos tipos de vasos, porque ese cine me permitirá tener una visión integral de la realidad, incrementará mi conocimiento sobre las cosas y los seres y abrirá para mí el maravilloso mundo de lo desconocido" (Baxter, John. (1994). Buñuel. New York: Carrol & Graf Publishers Inc.) (La traducción es de mi parte).

El rodaje duró 18 días y tuvo un presupuesto de 450.000 pesos mexicanos. 

El título en inglés de la película es The young and the damned. En Francia se estrenó como Pitié Pour Eux (Pobre de ellos).

La colaboración entre Gabriel Figueroa y Luis Buñuel no arrancó muy bien. Figueroa se quejaba de que Buñuel no tenía "ambición épica" y que cualquiera podía hacer lo que él pedía. El productor convenció al fotógrafo de no abandonar la filmación. El encuentro que marcó la futura relación entre fotógrafo y director fue cuando Buñuel le pidió recortar una toma al nivel de las rodillas, Figueroa se quejó de que eso "transgredía las reglas fundamentales del arte" y le retó (con apuesta de 1000 pesos incluída) a encontrar un pintor que hiciera eso. Unos días después Buñuel llevó una reproducción de un Van Dyck en una revista. En adelante Figueroa le guardó respeto al director por considerar que se preocupaba por los detalles de la filmación. Siguieron trabajando en otras películas y se hicieron buenos amigos.

Tras el estreno de Los olvidados y a pesar de su éxito internacional, Buñuel no era querido por los productores mexicanos. Fue Fernando Soler (habían trabajado juntos en El gran calavera) quien convenció al productor Sergio Kogan para que contratase al aragonés para su próximo proyecto: Susana.



Video promocional de la restauración de la película en su 60° aniversario:


Un par de videos sobre la obra de Gabriel Figueroa, cuyo trabajo fue reconocido a nivel internacional:





Breve entrevista a Alfonso Mejía quien interpreta a Pedro en Los olvidados:



Extracto del documental A propósito de Buñuel, en el que podemos escuchar a Carlos Fuentes y Roberto Cobo (El Jaibo) hablar sobre Los olvidados:

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