lunes, 12 de septiembre de 2011

El regreso



Título original: El regreso. Costa Rica (2011). Color
Director: Hernán Jiménez
Productora: Miel y Palo Films
Productor: Manuel Granda
Guión: Hernán Jiménez
Director de fotografía: Nicolás Wong
Música: Federico Miranda
Duración: 95 minutos

Reparto:

Hernán Jiménez (Antonio)
Bárbara Jiménez (Amanda)
Luis Fernando Gómez (Padre de Antonio)
Monserrat Montero (Sofía)
Daniel Ross (César)
Rodolfo González (Paolo)
Fernando Chironi (Lucas)
Introduciendo a Andre Boxwill (Inti)

Premios:

Festival Internacional de Cine Latino de Nueva York: mejor largometraje internacional



Esperé esta película por mucho tiempo para poder ir a verla a los cines, en parte porque me gusta apoyar las producciones nacionales, también porque quería sentirme cautivado en la sala de cine y porque la película anterior de Hernán (A ojos cerrados) me gustó mucho. Tanto que hasta le perdoné las carencias de guión y su final tonto.

Mi reacción al finalizar la película: una gran desilusión. La película tiene aspectos que me gustaron bastantes, pero es una lástima que todavía en Costa Rica no exista alguien que se atreva a hacer algo diferente, que rompa esquemas y que el cine costarricenses solo sea tierno, lindo, pero no trascendental.

La película es como un ensayo libre de un universitario ingenuo que escribe sobre lo que no le gusta de San José (sí, de San José no de Costa Rica) sin poner ni una sola cita textual y sin usar bibliografía. Vamos por partes.

Hernán se quedó sin presupuesto sin haber terminado la post-producción y entonces le pidió dinero a la gente para terminarla a cambio de entradas al cine, del dvd de la película y de poner todos los nombres como productores asociados. También habían otras recompensas. Hernán recurrió al sentimentalismo patriótico para recaudar el dinero, aduciendo que era una película "tica" para los "ticos" (se recuerdan aquello de América para los americanos....). El resultado... recaudó alrededor de $62000. Negocio redondo (más adelante explicaré por qué).

No estoy de acuerdo con los medios utilizados por Hernán Jiménez, un director tiene que saber usar un presupuesto y asociarse con personas o compañías que respalden su visión creativa. Hernán en una entrevista dijo que no quería comprometer su creatividad, pero es posible encontrar una productora, difícil claro, pero no imposible. Pedir dinero como lo hizo fue una demostración de arrogancia y soberbia, no de patriotismo. Las luces se las lleva él no los supuestos productores asociados.


Y llegó la película:

Al iniciar el proyecto Hernán Jiménez hablaba de cine, del elenco, del rodaje... Llegados al momento del estreno hablaba de que fueran a ver la película, de lo importante que es el fin de semana de estreno en términos económicos. Debí haberme imaginado lo que vendría.

La película tiene un guión que flojea, igual que su obra antecesora (A ojos cerrados) no termina en nada y eso es lo que más me molestó del filme. Una hora y treinta y cinco minutos para que no me diga nada. Que no coman cuento, porque eso no es un final abierto. Es no saber terminar una película; en esta ocasión no repitió ideas como en A ojos cerrados, sino que la brusquedad de la transición de las escenas finales aporta poco al clímax, se pierde intensidad.

La película empieza visualmente impactante, pero se diluye su efecto. Por el contrario, el guión va mejorando conforme avanza la película. No crean que me contradigo, ya dije que hay aspectos de la película que me gustaron mucho. Hernán tiene un gran talento, pero tiene que poner ese talento para hacer un cine que rompa las estructuras mentales del costarricense.

Después de desplomarse al final por carecer de un cierre, el segundo gran error a nivel de guión fue el abuso de la publicidad incluida en los diálogos de los personajes. Se recuerdan que les dije que había sido un negocio redondo, quédense a ver los títulos finales y verán muchos nombres conocidos: empresarios, presentadores de televisión, etc. ¿No se han extrañado del boom mediático que tuvo la película tras la recaudación de fondos? Es como si el proyecto tuviera muchos mecenas interesados en recuperar su inversión.

Entonces tenemos una escena con un diálogo super forzado en un supermercado donde el lente se centra en la leche; u otro momento absurdo cuando se dice implícitamente la marca de un whisky. Toda película necesita publicidad, es entendible, pero no se puede poner el argumento en función de las marcas comerciales.

A nivel de actuación tengo emociones encontradas. Mientras que las actrices (Bárbara y Monserrat) me aburrieron, me parecieron planas y sobreactuadas; los actores de reparto fueron lo mejor de la película. El propio Hernán que actúa en el rol principal tiene una actuación irregular.

Daniel Ross (César) es el punto alto de la película. Su actuación es fenomenal, en una entrevista pude oírle hablar de cómo él creó el personaje, y esa es la clave, se salió del guión y le infundió de alma al personaje. A través de los ojos de César la película y el personaje de Antonio tienen un contrapunto, es la clave para que la película tenga ritmo, en el momento en que César no está en pantalla la película adquiere otro ritmo, más lento y soporífero. Daniel le dio con su histrionismo el primer personaje clásico de la cinematografía costarricense, hasta ahora sólo habían pasado actores, unos cumplieron otros fracasaron. Pero el cine costarricense no va a olvidar nunca el papel de Daniel Ross. ¡Grande!

Luis Fernando Gómez (padre de Antonio) logra una sólida actuación, simboliza un tótem patriarcal impenetrable, le da un sentimentalismo a su personaje fabuloso. Su mirada penetrante y distante, distraída y vuelta hacia el pasado es una cátedra de cómo se puede actuar con las expresiones faciales y comunicar una gama de sentimientos sin necesidad de decir diálogo alguno. Él ayudó mucho a que Hernán diera sus mejores momentos en escena. Como en la que el hijo le recrimina, saca las lágrimas, está muy bien lograda, de lo mejor de la película.

André Boxwill (Inti) hace un digno debut. Creo en parte a una muy buena dirección de actores por parte de Hernán. Lástima cómo lo vistieron. Es importante cuando se dirigen niños que estos sean naturales en su actuación, que no vuelvan a ver a la cámara ni al equipo de producción. Los diálogos son creíbles para un chico de su edad, lo único que reclamo es que usaran este personaje para sensibilizar al espectador de una manera muy burda, muy fácil, en el cine algunas escenas sacan el ahhhh de los espectadores; pero es jugar con el espectador, darle lo que este espera para que al final quede la impresión de una linda película. Repito, el cine costarricense es tierno o estúpido. Esta película es de las tiernas. Pero, ¿la vida lo es? A eso me refiero en que se necesita un cineasta que rompa esquemas.

Rodolfo González (Paolo) hace una actuación interesante, es un personaje que le brinda otra perspectiva desde el afuera (del sistema familiar) a Antonio. Pero es lamentable que lo usasen para promocionar marcas. Ya comenté la escena del whisky (igual a la más burda producción de televisión nacional), pero tiene otra, que demuestra la falta de ambición y respeto de Hernán para con su propia obra. En la escena en cuestión, la familia y enfermero están viendo la televisión, pero el centro de atención deja de ser la familia para promocionar un estúpido partido de fútbol y a una televisora que puso mucho dinero en esta película (¿pagando favores?). Lamentable.

Hernán Jiménez (Antonio) estaba convencido de que nadie podía interpretar ese papel más que él. Creo que se equivocó. La dirección y el papel principal fueron demasiado. Se nota apagado en la película, impreciso en las emociones que pretende transmitir. Salvo las escenas más dramáticas junto a Luis Fernando el resto de su actuación es dubitativa.

Bárbara Jiménez (Amanda) me desesperó toda la película, me pareció exagerada, poco creíble, llevó a la ridicullización el personaje. Sin mencionar que cambia (esto es culpa del guión) su actitud de manera precipitada y no logra consolidar el personaje.

Monserrat (Sofía) es la peor del elenco. La pobre se muestra sobreactuada en cada escena, es imposible creerle algo. Su voz es chillona y no le imprime el carácter que el personaje requería. No tiene ninguna química con Hernán en escena, son un desastre. La escena del supermercado quiso ser de cine arte, de antología, pero se vio tan tonta (culpa del director también, ah, pero en esa escena Hernán actuaba y ¿dirigía?, ojalá aprenda la lección) y forzada.

La fotografía fue de lo que más me gustó, precisa y consecuente con el relato. Igual la música, acompaña bien el relato. La edición es fluida salvo en algunas escenas en que Hernán roba cámara. La edición de sonido es correcta. Los aspectos técnicos de la película son muy bien logrados, lo que muestra que Hernán sabe de su oficio, tiene que pulir sus guiones.

La secuencia inicial es una maravilla, de las tomas aéreas que nos muestra la ciudad hasta tomas terrestres que nos muestran el tránsito del tiempo y un San José urbano. Hay otros parajes que son mostrados en la película, pero la acción nunca sale de San José.

Hernán quiso hacer una película a lo Woody Allen, pero quiso abarcar tanto que no pudo y cayó en estereotipos. NO es un reflejo de Costa Rica, es la visión de San José de un chico de clase media-alta. Si Woody Allen retrata un Nueva York, Scorsese retrata otro. Misma ciudad, diferente visión.

Hernán buscó representar un San José urbano, pero sus personajes no son urbanos. No hay personajes de clase baja, son vistos como parte del decorado de la ciudad lo que refleja no un lente crítico, sino un lente estereotipado. Antonio es un hombre que escapa a Nueva York y vive allá 9 años, lo asaltan y no tiene apuros económicos. César es un hombre que simplemente renuncia a su trabajo y se dedica a tocar música. Monserrat es una falsa desempleada, no tiene apuros económicos. Las casas (de Antonio y Sofía) son grandes y con jardines amplios, no son las de una familia pobre.

El personaje de Antonio falla en representar su hastío por el país. Él no se siente sofocado por el país, porque no lo entiende, no lo vive, se siente sofocado por su familia, pero eso no queda claro en el relato y es un fallo. Él no es un personaje urbano y ahí la película carece de credibilidad.

Como una lectora me dijo, no podía creer que fuera tan ingenuo (Antonio). Y es cierto, vive en Nueva York y ¿allá no se sentía sofocado?, ¿no había basura allá?, ¿no era tratado como inmigrante allá? No maduró nada en casi diez años.

La película es una crítica al desempleo, la inseguridad ciudadana, la falta de comunicación en la familia, la desintegración familiar, lo caótico de San José, entre otras cosas. Pero es una crítica vacía, el personaje que critica ni siquiera vive en el país. Como dije antes es como un ensayo sin bibliografía. Al final la película termina de la manera más estúpida, Hernán Jiménez no sabe cómo terminar una película. Aún así, les garantizo que si la ven se van a reír (principalmente si viven en Costa Rica o si han vivido) porque hay aspectos costumbristas que en algún momento hemos experimentado y eso nos hace reír. Pero al llegar a la parada de buses la broma ya se olvidó. Para terminar comparto con un crítico de cine costarricense en que el afiche de la película puede ser de los peores de la historia del cine, simplemente horrendo.

Les dejo el avance de la película y el "Detrás de cámara". A pesar de esta crítica, esta es de las películas costarricenses más decentes, los aspectos técnicos son muy buenos, sin duda Hernán Jiménez tiene talento y va seguir haciendo un cine decente. Creo que este tipo de esfuerzo vale la pena respaldarlo, mientras quedaré a la espera de alguien que se atreva a pensar diferente, que no haga un cine tierno, sino que haga pensar, que te marque. Todas las artes (y el cine es un arte) necesitan una ruptura en concepto, técnica y temática para poder avanzar y crecer.



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